El apóstol Pablo dijo. “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:8-9).
Pues bien, resulta que algunos
hermanos evangélicos están enseñando un EVANGELIO DIFERENTE, un mensaje de
MALAS NUEVAS, de SEÑALAMIENTOS, de
ACUSACIONES, de PROHIBICIONES, DE CONDENACIÓN y de IMPOSICIÓN DE CARGAS, en
lugar del verdadero MENSAJE DEL EVANGELIO, que es un mensaje de AMOR, DE PERDÓN Y DE SALVACIÓN ETERNA, donde no
existen normas condenatorias, ni la necesidad de OBRAS HUMANAS, para ser salvos
ni para mantenernos salvos. No pongamos atención a esos mensajes para no ser
anatemas (malditos o maldecidos) como
los que los enseñan, y, esa maldición incluye la condenación eterna, como
veremos adelante.
Ese evangelio diferente dice que
el perdón otorgado por Cristo en la cruz, es HASTA el día de nuestro bautismo.
Aceptan que vamos a seguir pecando pero los pecados que cometemos luego del
bautismo NO ESTÁN PERDONADOS.
Nuevamente voy a recordar que
existen dos pactos, el VIEJO y EL NUEVO pacto. Al viejo pacto le fue agregada
la LEY DE MOISÉS, que condenaba de muerte al que no la cumplía. Entonces Dios
estableció un sistema de perdón que
consistía en que un cordero muriera en lugar de los pecadores. Por ello, el
sumo sacerdote entraba una vez al año al lugar Santísimo del Tabernáculo a
encontrarse con Dios y le mostraba la sangre del cordero para que Dios
perdonara todos los pecados PASADOS cometidos por el sacerdote y el pueblo.
Pero, sucedía que al día siguiente volvían a pecar y otra vez estaban bajo
condenación. Por eso, la misma palabra de Dios dice que el Viejo pacto era DEFECTUOSO:
“Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera
procurado lugar para el segundo” (Hebreos 8:7). Y era defectuoso porque no
lograba un perdón eterno, sino un perdón temporal.
Gracias a Dios, eso fue corregido con el NUEVO pacto, ya que
Jesucristo entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido ETERNA
REDENCIÓN (Hebreos 9:12). “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de
mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por
nosotros ante Dios; y no para ofrecerse
muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con
sangre ajena. De otra manera le hubiera
sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora,
en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado" (Hebreos 9:24-26).
¿Qué más claro que esto? Jesús
entro una vez para siempre en el lugar santísimo y obtuvo una redención eterna,
si no fuera eterna, entonces el Nuevo Pacto no lograría su propósito. Y dice la
palabra de Dios que Cristo QUITÓ de en medio el PECADO, o sea nos liberó de la
ley del pecado que nos condenaba, mediante una nueva ley: LA LEY DE VIDA EN
CRISTO JESÚS, condenando al pecado
(Romanos 8:2-3), o sea quitándole el poder de condenación. Por eso
Romanos 8:1 dice que ya no hay NINGUNA CONDENACION para el que está en Cristo y Hebreos 10:17 dice que Bajo el Nuevo
Pacto, Dios prometió no ACORDARSE NUNCA DE NUESTROS PECADOS.
Vea usted que toda doctrina que
diga que un pecado nos condena, o que Dios se acordará de nuestros pecados es
un EVANGELIO DIFERENTE que contradice la palabra de Dios y niega el NUEVO
PACTO. El que crea en ello, estaría
cometiendo voluntariamente un pecado
imperdonable (Hebreos 10:26), porque estaría pisoteando al Hijo de Dios, y teniendo por inmunda la
sangre del pacto en la cual fue santificado, y haciéndole una afrenta al
Espíritu de gracia (Hebreos 10:29).
Estos hermanos fundamentan su
doctrina en 1 de JUAN 1:8-9, que dice: “Si decimos
que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en
nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
El verbo CONFESAR es el que causa
esta confusión porque está siendo entendido como LA CONFESIÓN que hacen
constantemente los católicos. Recordemos que Los “sacerdotes” católicos confiesan a las
personas y luego sacrifican a Cristo
todas las semanas en la MISA, para que ese perdón se otorgue, negando el perdón
eterno de Cristo. Es lo mismo que creen
estos hermanos evangélicos.
CONFESAR, según Romanos 10:9, es
DECIR con la boca, algo que se CREE con el corazón. Se CONFIESA ALGO cuando
ACEPTAMOS ese algo. De tal manera que lo que dice ese versículo es que si
aceptamos que cometemos pecados, Dios es fiel y justo para perdonarnos, pero si
negamos que cometemos pecados, somos unos mentirosos que NO ANDAMOS EN LA
VERDAD. Si nos devolvemos al verso 7, vemos que dice: “pero si andamos en luz,
como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo
su Hijo nos limpia de todo pecado”. ¿Qué necesitamos para que la sangre de
Cristo nos limpie constantemente de nuestros pecados? Andar en la luz, que
significa andar en la verdad. Eso se aplica también al verso 9. No tenemos que
hacer otra cosa que no sea andar en la verdad para que la sangre de Cristo haga
su limpieza constante de nuestros pecados. Si decimos que tenemos que hacer
algo para que la sangre de Cristo haga su efecto, estaríamos andando en la
oscuridad y no en la verdad del evangelio.
Lo que nos quita la salvación no
es dejar de confesar un pecado, lo que nos quita la salvación es CREER que
ALGÚN PECADO NOS CONDENA. Y repito, si tenemos que confesar un pecado para que
Dios lo perdone como si el mismo no hubiera sido perdonado, entonces Cristo
tendría que estar siendo sacrificado. Eso es lo que entienden los hermanos
católicos, y ahora también algunos hermanos evangélicos. Eso es negar EL
VERDADERO EVANGELIO y decir que no hay un NUEVO PACTO, y es rechazar la
salvación de Gracia que Dios nos da.

gracias muy bonito
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