martes, 8 de mayo de 2018

ESTAR EN CRISTO, UNA POSICIÓN


La Palabra de Dios nos dice que: 1) no hay ninguna condenación para el que “está en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). También dice que el día del arrebato, solamente los que “están en Cristo” volarán al cielo para estar siempre con Él”. así que es de suma importancia estar en Cristo, pero, ¿qué significa estar en Cristo?

Voy a ser directo. estar en Cristo, es ser parte de la familia de Cristo, es ser HIJO DE DIOS.  para entenderlo, vayamos a 1 de Corintios 15:45-48. Allí podemos ver que para Dios solamente existen “DOS HOMBRES”: 1)  ADÁN que es de la tierra, y  2) CRISTO que es del cielo. Y TODOS los seres humanos somos parte de uno de los dos. 

Yo siempre pongo de ejemplo lo que sucede cuando vamos a un supermercado. Allí podemos ver una caja de galletas y otra de confites. Si abriéramos la caja de confites, nos encontraríamos con una familia de confites y no veríamos ninguna diferencia entre un confite y otro. Lo mismo sucedería con la caja de galletas. Pues bien, Dios nos ve de esa manera, como si hubieran dos cajas, una sería la caja de ADÁN y la otra la caja de CRISTO. El que está en la caja de ADÁN está condenado pero el que está en la caja de CRISTO es salvo.

Podemos decir entonces que “ESTAR EN CRISTO” es una posición. Y es una posición muy ventajosa, porque “Si alguno está en Cristo nueva criatura es, todas cosas pasaron y son hechas nuevas” dice 2 Corintios 5:17”. Si alguno está en Cristo, ha sido adoptado como Hijo de Dios, no tiene pasado, y es sabio, justo, santificado y redimido (1 Corintios 1:30). Y aunque viva en la tierra, dejó de ser terrenal y ahora es celestial, ha sido bendecido con toda bendición espiritual (Efesios 1:3) y ha sido puesto en lugares celestiales junto a  Cristo (Efesios 2:6), es decir en un lugar de privilegio sobre todo principado y autoridad y poder y señorío. 

Lo cierto es que todos nacemos siendo parte de la familia de Adán, somos sus hijos y estamos condenados. Es necesario convertirnos en Hijos de Dios para salvarnos ¿Y cómo hacemos para lograrlo? El Señor Jesús nos dio la respuesta, Él le dijo a Nicodemo lo siguiente: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

Lo que eso significa es que hay que “morir y resucitar” para dejar ser hijo de Adán y convertirnos en Hijos de Dios, de esa manera dejamos de estar En Adán y pasamos a estar en Cristo.  Pero no tenemos que suicidarnos, porque nuestro proceso es en SEMEJANZA de muerte y resurrección a través del BAUTISMO EN AGUA.

El apóstol Pablo lo explica de la siguiente manera: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado”. (Romanos 6:3-6).

Pablo dice claramente, que al “ser bautizados”, somos sepultados con Jesús, y a la vez resucitados con Él, para andar en nueva vida. Al ingresar a las aguas del bautismo, le damos sepultura al nacido en la familia de Adán. Al emerger de las aguas, le damos vida a un nuevo miembro de la familia de Jesús.  Ya no nacemos de una mujer “sino del agua”. ¿De dónde sale un terrenal al nacer? Del vientre de su madre. ¿De dónde sale un celestial al nacer? De las aguas del bautismo.

Los terrenales somos engendrados por hombres. Mi padre engendró a mi madre y por eso yo nací. Los celestiales son engendrados por el Espíritu Santo, por eso Jesús dijo que el nuevo nacimiento es “a través del agua pero también a través del Espíritu Santo”. Los celestiales son engendrados por el Espíritu Santo porque en el momento del bautismo Dios deposita su espíritu dentro del espíritu de las personas que se bautizan. Eso está profetizado en Ezequiel 36:27 cuando Dios dice: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Entonces los celestiales “no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13).

Al sumergirnos en el agua le damos muerte al VIEJO HOMBRE (al nacido de Adán) y salimos del agua convertidos en NUEVAS CRIATURAS EN CRISTO JESÚS  (nacido del Espíritu Santo).

Únicamente el que ha muerto y resucitado con Cristo a través del bautismo ha sido justificado del pecado (Romanos 6:7) porque en las aguas del bautismo se nos lavan todos los pecados (Hechos 22:16) No hay otra forma. Al sumergirnos en las aguas del bautismo, ingresamos a la sala de juicios y al emerger de ellas, salimos absueltos de toda culpa. Solo hay una verdad y esa verdad está en la Biblia. Si todos se apegaran a ella, no existirían.

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