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En las iglesias
evangélicas están enseñando “el evangelio
de la desgracia” en lugar del “evangelio de la gracia”. No es que haya
otro evangelio, sino que el evangelio de la gracia ha sido adulterado, ha sido
pervertido (Gálatas 1:7) y se ha convertido en el evangelio de la
desgracia.
Esto no es nuevo, aunque
les parezca increíble, el apóstol Pedro
fue resistido cara a cara por el apóstol Pablo (Gálatas 2:11) porque pervertía el evangelio, obligando a los
gentiles a cumplir las ordenanzas de la ley judía. Vea usted lo que le dijo Pablo: “Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué
obligas a los gentiles a judaizar? (Gálatas
2:14).
El apóstol Pedro sabían
que esas ordenanzas habían sido abolidas por Cristo (Efesios 2:15), él llevaba su vida como la de los gentiles, sin
embargo, aparentaba lo que no era y obligaba a los gentiles a que llevaran una
vida como la de los judíos, que contraste ¿No?
Cualquier parecido
con muchos de los pastores actuales es pura coincidencia, los cuales enseñan a
los fieles a que deben esforzarse por ganarse el favor de Dios, que deben
alejarse de toda diversión y de todos los pecadores. Sin embargo, ellos se
enriquecen con la mentira del diezmo, y en su intimidad se emborrachan y hasta
agreden a su esposa y a sus hijos.
Lo peor de todo esto es, que si le hacemos caso al
evangelio de la desgracia y tratamos de
cumplir las ordenanzas de la Ley nos desligamos de Cristo y caemos de la gracia (Gálatas 5:4); por eso es el evangelio
de la desgracia, porque estaríamos desechando
la gracia de Dios y eso nos arrebata la salvación que el Padre Celestial
nos da.
Si tenemos que
hacer algo para recibir el favor de Dios, entonces por demás murió Cristo (Gálatas
2:21). Cristo cumplió la ley por nosotros y Dios lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justos en él
(2 Corintios 5:21). No tenemos que
cumplir ninguna ley ni tratar de ser justificados porque somos justificados en
Cristo, lo único que necesitamos es
estar en Cristo.
Es en Cristo y no
en nosotros mismos que somos hechos por
Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está
escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor (1 Corintios 1:30-31)
Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto
no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se
gloríe.
La vida cristiana
es una vida de gracia, lo que
significa que no tenemos que hacer nada
para ser salvos ni para mantenernos salvos, sino solamente creer en lo que ya hizo Cristo. Dios nos
regala el perdón y la salvación, él no
quiere que hagamos nada para que no nos gloriemos y le quitemos la gloria a
Cristo.
El evangelio de la desgracia enseña que es pecado divertirse y eso está
carcomiendo las familias. Resulta que en
un matrimonio la esposa se “convierte”
a Cristo y todo se “convierte en un caos”.
Antes de convertirse, ella iba a bailar con su esposo, pero luego de convertida
ya no lo hace, porque bailar es pecado, y además al salón de baile solamente
van los pecadores. Antes de convertirse, sus hijos podían escuchar la música
que quisieran, pero después de convertirse solo se les permite escuchar música
cristiana pues la otra música los contamina. “No tomes, no comas, no cantes, no bailes, no veas tele, no compartas”
es lo que sale de la boca de la recién “convertida”.
Su casa se convierte en la casa del “NO”.
Si otros creyentes
siguen una “vida gentil”, ella los
va a señalar como “falsos cristianos o
cristianos carnales” que se burlan de Dios. Para sus familiares, ella no se
convirtió en nada bueno, sino en un “verdugo”
que los acusa y los condena de día y de noche. En lugar de atraerlos al
evangelio, ella se ha convertido en una piedra
de tropiezo, y ellos no quieren
saber nada del evangelio por causa de su comportamiento. Esto es solo un
ejemplo, pero hay miles de ejemplos y miles de familias destruidas por causa del
evangelio de la desgracia.
El evangelio de la
desgracia nos ha vendido la imagen de un Dios
duro, cruel y acusador, que está vigilándonos, esperando que fallemos
para castigarnos. También nos ha vendido la idea que los cristianos no podemos divertirnos ni compartir con
los que no tienen nuestras mismas creencias. Ese evangelio adulterado exige santidad y pureza, según el, una vez que estás
en Cristo, ya no te puedes tomar una cerveza, no puedes ir a karaokear, muchos
menos bailar. Es pecado usar aretes, tener tatuajes, escuchar música del mundo
y hasta ver televisión. Si no quieres
perder tu salvación, debes limitarte de todo. Y si por desgracia pecas,
no se te debe olvidar pedirle perdón a Dios inmediatamente, no sea que la
muerte te alcance con un pecado sin perdonar, porque te vas directo al
infierno.
Y La persecución
no viene de afuera, sino dentro de la misma congregación; todos se vigilan, para ver quién es más santo y quién menos pecador.
La hipocresía es la reina de la gran mayoría
de las iglesias. La pregunta es ¿De cuál
Biblia sacaron esas tonteras? Se
olvidaron que la santificación es obra
del Espíritu Santo y no de los creyentes.
Mientras que el
Evangelio de la gracia es un evangelio de salvación y de gracia, el evangelio
de la desgracia es un evangelio de condenación.
Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en
Cristo Jesús…
El evangelio de la gracia dice que no hay ninguna
condenación para los que están en Cristo Jesús, pero eso no es lo que enseña el evangelio de
la desgracia.
Hebreos 10:17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y
transgresiones. 10:18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por
el pecado.
Dios no se va a
acordar de nuestros pecados, porque ya Cristo pagó por ellos y nadie
va a ser juzgado dos veces por el mismo pecado. Cristo fue juzgado y
condenado por nuestros pecados y nosotros fuimos juzgados y condenados con él,
eso es lo que enseña el evangelio de la gracia.
Por su parte, el
evangelio de la desgracia te sigue condenando día a día, lo que hizo Cristo no
valió nada para los que enseñan ese evangelio.
De acuerdo con el
evangelio de la gracia, ya no hay más
ofrenda por el pecado, más según el evangelio de la desgracia debes ser sacrificado porque según este
evangelio adulterado, la sangre de Cristo no fue suficiente.
Juan 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
El evangelio de la
gracia dice que Jesús no vino a condenar al mundo, sino que vino para que el
mundo sea salvo por él. El evangelio de la desgracia te condena por todo,
ignorando la salvación completa, total y permanente en Cristo Jesús.
2 Corintios 5:15 y por todos murió, para que los que viven, ya no
vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Los “redactores”
del evangelio de la desgracia no han entendido este versículo, ellos interpretan que vivir para Cristo es dejar de hacer aquello
que ellos consideran malo, no han
entendido que dejamos de hacer lo malo, no por nuestro esfuerzo sino por la
obra santificadora del Espíritu Santo.
Vivir para Cristo no es dejar de hacer lo malo, vivir para Cristo tampoco es dejar de divertirnos, ni dejar de trabajar, ni
tampoco dejar de estudiar, más bien es hacer
algo más, que es prioritario, es hacer algo más para Cristo, es cumplir la voluntad del Padre de llevar el conocimiento de la verdad del
evangelio de la gracia a todos los hombres para que éstos sean salvos (1 Timoteo 2:4).
Si nos alejamos de
los pecadores, si no compartimos con ellos, si los señalamos, jamás vamos a
ganar un alma para Cristo. Observe usted
a los monjes que se encierran en un convento por años ¿Cuántas almas ganan para
Cristo allí encerrados? Ninguna, eso no es lo que Dios quiere, él no quiere que nos encerremos,
lo que él quiere es que salgamos al
mundo a compartir nuestra experiencia en Cristo Jesús.
Ese es evangelio de
la gracia que no se enseña en las iglesias. En ellas enseñan el evangelio de la
desgracia, un evangelio de condenación, un evangelio de un Dios vigilante y
condenador.
Hay algo que los del
evangelio de la desgracia no han entendido. Y es que si no existieran los pecados, no se necesitaría la gracia. Si
no existieran los pecadores, no habría un evangelio de la gracia.
Romanos 5:20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas
cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;
La ley de Moisés
vino a tipificar los pecados y al tipificarlos, abundó el pecado. Antes
de la ley no era pecado mentir ni matar porque no había ninguna ley que lo
dijera. Cuando la ley dijo que eso era pecado, entonces eso fue pecado.
Es igual con las
leyes humanas. El código penal dice que nadie puede ser juzgado por
un delito que no esté tipificado en la ley. Por ejemplo, antes no podían
condenar a nadie por delitos informáticos porque no había una ley que los
penara, igual el narcotráfico. Cuando vino la ley de narcotráfico abundaron los
narcotraficantes. Cuando vino la ley de informática abundaron los piratas
informáticos.
Romanos 5:20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas
cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 5:21 para que así como el
pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida
eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.
Cuando vino la ley
de Moisés sobreabundo el pecado, y cuando sobreabundó el pecado, sobreabundó
la gracia. Por más grande que sea mi pecado, mayor es la gracia de Dios. No
te estoy invitando a pecar, no confundas las cosas, lo que te estoy diciendo es
que el pecado no te quita la gracia
como enseñan los del evangelio de la desgracia, más bien te da gracia para que venzas el pecado y sigas adelante.
Juan 1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y
la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 1:18 A Dios nadie le vio jamás; el
unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Por medio de Moisés vino la ley para acusar y condenar.
Pero por medio de Jesucristo vino la
gracia y la verdad para perdonar y redimir. Al Padre nadie lo vio
jamás, pero Jesús le ha dado a conocer. Él representa la imagen misma de Dios y
esa imagen no es la de un fariseo acusador, sino la de un Dios perdonador.
Mateo 23:27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque
sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se
muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda
inmundicia. 23:28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis
justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
Jesús le daba
permiso a la gente para celebrar la vida, a diferencia de los fariseos, que
aparentaban ser santos, pero por dentro estaban llenos de hipocresía e
iniquidad.
Eso se sigue dando,
las iglesias, están llenas de fariseos que enseñan su propio evangelio.
¿Qué había en el
Señor Jesús, que no permitió que el evangelio de los fariseos lo contaminara? Jesús
no señalaba a los pecadores, sino que comía y bebía con ellos, estaba
tan lleno de gracia y de verdad que no tenía lugar para acusaciones ni
señalamientos.
Juan 1:14- Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y
vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de
verdad. 1:15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo
decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
1:16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
Jesús estaba lleno
de gracia y de verdad y de su plenitud tomamos todos, gracia sobre gracia.
El creyente no vive de acuerdo a un sistema religioso, sino de acuerdo a
la gracia que ha recibido.
Usted no es salvo
porque va más a los cultos que otros.
Usted no es salvo porque ore más que otros. Usted no es salvo porque ya no toma
o no fuma, usted es salvo porque ha sido lleno de gracia y de verdad.
Juan 8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer
sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 8:4 le dijeron: Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.8:5 Y en la ley nos
mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 8:6 Mas esto
decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo,
escribía en tierra con el dedo. 8:7 Y como insistieran en preguntarle, se
enderezó y les dijo: 8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió
escribiendo en tierra. 8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia,
salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó
solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 8:10 Enderezándose Jesús, y no
viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te
acusaban? ¿Ninguno te condenó? 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús
le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no
peques más.
Jesús no condenó a
la mujer adúltera, sino que la perdonó. Esa imagen de un Dios perdonador y
lleno de amor no se encuentra en el evangelio de la desgracia, el cual ha
creado en el hombre una mentalidad dual de ley y gracia. Te
enseñan que eres salvo por gracia, pero que tienes que hacer obras de justicia
para mantenerte salvo. No han entendido que la ley y la gracia son
paralelas y nunca se
pueden juntar:
Romanos 11:6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la
gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra
ya no es obra.
O es por gracia o
es por obras. Si hay obras de por medio, entonces no es gracia y
si es por gracia no hay obras. Qué más claro que esto? La escritura dice que la
gracia que hemos recibido en Cristo, es una gracia sobre gracia. Esto
explica que la gracia no se puede medir. La ley te bendecía si hacías
algo bueno, pero te maldecía y te castigaba si hacías algo malo. La ley dependía de ti, pero la gracia no
depende de ti, depende de Dios, es lo que Él te la da de manera gratuita y
sin condiciones.
El evangelio de la
desgracia enseña a obedecer a Dios por temor, pero el evangelio de la gracia enseña,
que obedecemos por amor a aquel que nos perdonó.
Juan 8:32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
¿Cuál es esa
verdad? Que ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Al conocer esa verdad, te
liberas de la religión, te liberas de la culpa y te liberas del pecado.
Entiende de una vez
por todas, que en la gracia, la fe vino a sustituir la ley. Voy a
repetirlo para que te quede claro, “en la
gracia, la fe vino a sustituir la ley”.
La ley nos
demandaba a cumplir con una larga lista de requisitos. La gracia nos demanda a tener fe, aunque sea solamente del
tamaño de una semilla de mostaza.
Hay gracia
suficiente, para que usted sea transportado del legalismo farisaico a la
gracia maravillosa. El evangelio de
la desgracia hace que las personas vivan inseguras
de su salvación, acusadas por su propias conciencias. Ante ello, no saben qué
hacer para ser aceptados por el Señor.
El evangelio de
la gracia enseña, que ya Dios lo ha provisto todo, a través de la
persona de Jesucristo, y que hemos recibido de Él gracia sobre gracia.
El evangelio de la
desgracia crea en las personas una mentalidad negociadora o de canje: «Yo
hago, tú me das». Muchos pastores viven pregonando que hay que pactar
con Dios. Le ofrecen dinero a Dios para que les de la gracia, eso solo lo
puede enseñar el evangelio de la desgracia, porque el evangelio de la gracia enseña,
que la gracia no se compra ni se negocia.
Los pastores del
evangelio de la desgracia, al igual que los fariseos de la época de Jesús, se
alimentan de la inseguridad de la gente. Por esa razón, Cristo llamó a los
fariseos «Tumbas blanqueadas, nubes sin agua, hipócritas, serpientes, porque
el resultado de su servicio era motivado
por la culpa y la vergüenza, y no por el fluir de un corazón agradecido por
lo que Dios había hecho por ellos. Los satisfacía el orgullo farisaico que se
concentraba en la constante vigilancia
del bien y del mal.
El sistema
religioso siempre señala, mide su espiritualidad con la del otro. Si
oras más que otro y vas al culto más que otro, entonces eres más espiritual,
porque estás haciendo más. O si pecas menos que otro, entonces eres más
espiritual.
Eso no es el
evangelio de la gracia. Nuestra medida es Cristo y si nos medimos con él,
nos damos cuenta de lo lejos que estamos de la santidad y la perfección, y que
jamás podríamos llegar a ser como Él.
No tenemos que
tratar de ser como Cristo, sino comprender que ya somos todo lo que él es (1
Corintios 1:30). Eso es el evangelio de la gracia.
Nosotros no tenemos
la capacidad de ser justificados o santificados por nuestro comportamiento. Es
cuando somos revestidos de Cristo, eso se hace realidad en nosotros, es por gracia, no por obras.
El evangelio de la
desgracia es tan rígido, que no da espacio para el gozo. A causa de esto,
muchas familias han sido destruidas, matrimonios quebrados, hijos reprimidos
que hoy están en el mundo, como consecuencia de ese legalismo que no les
permite disfrutar la vida. Dios quiere que usted disfrute tanto de la familia
como de la vida.
Juan 10:10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo
he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Jesús no vino a
reprimirnos ni a quitarnos el gozo de la vida, por el contrario vino da darnos
vida y vida en abundancia, lo que significa calidad de vida y larga vida.
Es el diablo el que nos quiere matar, el que nos quiere destruir, el que nos
quiere limitar a que tengamos calidad de vida.
No podemos
añadirle nada a la salvación de Jesús. Si yo te preguntara:
¿Por qué cree que Dios te ama? Quizás dirías: “Yo creo que me ama porque voy
a la iglesia. Yo creo que me ama porque lo busco. Yo creo que Dios me ama
porque doy mucho dinero a la iglesia”. Respuestas equivocadas. Si usted
cree tener una razón por la cual Dios lo ama, dejó de ser amor. Dios lo ama
porque lo ama. Eso se llama amor ágape, que es amar sin esperar nada
a cambio.
El evangelio de la
desgracia ha sembrado en muchos la creencia de que la salvación depende de todo
lo que hacen. Pero la salvación no depende de lo que usted haga, sino de lo que
Jesús hizo en la cruz. Ese es lo que enseña el evangelio de la gracia.
Si usted va a la
iglesia por temor a ser castigado, no sirve que haya ido. No se congregue para cubrir su cuota. Pero si usted va porque
siente la necesidad en su corazón de ir a expresarle a Dios su amor, bien hace.
El amor de Dios es
tan grande que nos ama siempre. Nos ama cuando tenemos dinero para ofrendar y
cuando no tenemos. Nos ama cuando estamos gozosos y cuando estamos deprimidos.
Hay personas que
creen que cometieron tantos pecados, que no es posible que queden perdonados en
un segundo. Pero cuando lleguen ante la presencia de Dios y le pregunten: “Señor,
¿te acuerdas del pecado que cometí en aquella oportunidad?”. Él le dirá: “¿De
qué pecado me hablas? Yo prometí que nunca más me acodaría de ellos”
Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
Este versículo
comienza diciendo: «a los que le recibieron», para dejar bien en claro
que para ser hechos hijos de Dios, no hay nada que dar, no se trata de
dar sino de recibir.
Imagine a Cristo
cuando llamó a los discípulos y les dijo: «Síganme». No les pidió
ninguna condición para calificarlos como discípulos, los llamó por gracia.
El término bíblico
de la palabra «gracia», expresa la idea de «favor condescendiente».
Quizás podemos comprender mejor la idea al pensar en un hombre que se encuentra
en el camino con el carruaje de un Rey. Éste se detiene y sale de su carruaje
para bendecirlo. Eso es gracia, es extenderle favor a uno que no se lo
merece y que nunca podrá ganárselo. Nunca se pedirá que le pague. Aun si
tratara, no podría. Es más, tratar de pagarla es un insulto al que la da.
Eso es lo que hacemos
cuando tratamos de pagar la gracia, ofendemos al dador de ella y lo que logramos
es perderla (Gálatas 5:4).
2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Nadie se puede
salvar por sí mismo porque todos pecamos y todos
estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). No hay excepciones. Pecó Pedro, pecó Pablo, pecó
María, pecó José, pecó Moisés, pecó David, todos absolutamente todos pecaron.
Pero un día, en el eterno pasado, en la corte celestial, el Hijo se levantó y
dijo: «Yo ocuparé el lugar de los pecadores». Jesús no cometió pecado
pero pagó por los míos y los tuyos en la cruz del Calvario.
Efesios 2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a
Dios como cosa a que aferrarse, 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando
forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 2:8 y estando en la condición
de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y
muerte de cruz. 2:9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio
un nombre que es sobre todo nombre, 2:10 para que en el nombre de Jesús se
doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de
la tierra; 2:11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria
de Dios Padre.
Nosotros éramos los
que debíamos ser castigados, los que tendríamos que haber pagado por nuestros
pecados y haber sido enjuiciados, pero allí estaba el Hijo. Él tomó nuestro
lugar. Él fue la propiciación por nuestros pecados. Y después que resucitó al
tercer día, introdujo la gracia maravillosa.
Porque el amor y la
misericordia no podrían operar en gracia hasta que hubiera una completa provisión por el pecado, que solo se
encuentra en Cristo.
El Creyente que no
ha entendido el evangelio de la gracia, vivirá inseguro, y condenado. No tenemos
que inventar cómo agradar a Dios, lo único
que a él le agrada es que le creamos (Hebreos
11:6).
La gracia nos invita a vivir una vida sin
señalamientos y sin sentimientos de culpa. No escuches a los “Asesinos de la gracia” que el diablo utiliza
para robarte la paz y la salvación.
Mateo 11:18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio
tiene. 11:19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un
hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la
sabiduría es justificada por sus hijos.
Si acusaron a Juan el bautista y a Jesús, a
uno porque no bebía vino y al otro porque bebía vino y era amigo de pecadores,
a ti también te acusarán. Pero la
sabiduría es justificada por los hijos dice el evangelio de la gracia ¿Qué
es lo que eso significa? Que lo único bueno que Dios espera de ti es que ganes
almas para Cristo y eso no se logra con tu comportamiento, sino con hacer
llegar a otros el evangelio de la gracia. Vive la vida que la vida es bella!
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