Por
Jesús Vargas.
En la mayoría de las denominaciones cristianas, se enseña que los
miembros de la congregación deben entregar el diezmo de todos sus ingresos. No
hacerlo, es robarle a Dios, lo que conlleva la maldición del altísimo. Por el
contrario, para el que diezma, se abrirán las ventanas de los cielos y traerá
sobre si bendición sobreabundante.
La base bíblica de esta enseñanza se encuentra en Malaquías 3:8-10, que dice literalmente: "¿Robará el hombre a Dios? Pues
vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros
diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación
toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi
casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré
las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobreabunde”.
La escritura es clarísima, pero debemos preguntarnos: ¿A quién está dirigida esa advertencia”. ¿Quién o quiénes le están robando a Dios?
Debemos tener en claro que en las Santas Escrituras existe la palabra rhema y la palabra logos. Mientras el logos es la Palabra de Dios para todos, rhema es una palabra específica, personalizada y aplicada a una necesidad actual. En este caso, tenemos que ver qué tipo de palabra es para entender si tenemos o no que pagar diezmos.
Devolvámonos a los verso 6 y 7 de Malaquías 3: Allí se dice literalmente: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?” y Dios les contesta en el verso 8: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas”.
Vea usted que el mensaje está dirigido exclusivamente a los “hijos de Jacob”, o sea a los “israelitas”. Dios trata de ladrones a los israelitas, no a los gentiles. Eran los judíos y no el resto de la humanidad, los que debían diezmar.
El punto es que Dios les dio a los judíos la ley de Moisés,
sabedor de que no la iban a cumplir, y que se iban a condenar; entonces, además
de la ley, les dio el “sacerdocio”. Los sacerdotes debían ofrecer sacrificios
por los pecados de los judíos. Eran intermediarios entre ellos y Dios. Y Dios
estableció, que de las 12 tribus de Israel, la tribu de Leví en exclusiva,
sería consagrada para el sacerdocio. Los levitas no harían otra cosa, que no
fuera servir a Dios. Vea números 1: 48 al 51. Ahora, en Números 18:20 y 21, Dios le dijo a Moisés que
hiciera un censo de los israelitas, para repartir la tierra prometida, pero le
dijo, que “no tomara en cuenta a los levitas”, porque éstos estaban apartados
para el sacerdocio. Dios dijo, que los
levitas no tendrían tierra por heredad. La tierra de los levitas seria
repartida entre las otras 11 tribus de Israel. Esas once tribus, se quedarían
con las tierras que eran de la tribu de Leví. Pero, a cambio, trabajarían las
tierras, las explotarían y en justa
compensación, “darían el diezmo de la producción”, a la tribu de Leví, para su
manutención. La obligación de dar el diezmo era exclusivamente para las 11
tribus de Israel que se repartirían la tierra prometida. Allí nació la
obligación del diezmo para los judíos. Esto
es como si yo le cediera a usted un edificio de apartamentos, con la condición
que usted debe darme el diez por ciento de los alquileres. Si usted no me da el diezmo de esos alquileres,
me estaría robando. Algo así fue lo que sucedió con el diezmo de los judíos, y
es la razón por la cual Dios les dice a
los hijos de Jacob que le estaban robando, porque no le estaban dando los
diezmos a los levitas. El diezmo no era de ellos, era de los levitas, al
dejárselo, era un robo para con Dios.
Resumimos hasta aquí que los SACERDOTES LEVITAS eran “los únicos”
que recibían el diezmo, y los JUDIOS de las 11 tribus de ISRAEL que recibieron
tierras, eran “los únicos” que debían diezmar. El resto de la humanidad no
forma parte de este compromiso.
Dios no le va a exigir ni a usted ni a mí, que demos un diezmo por
dos razones: 1) no hemos recibido tierras y 2) ya no
hay sacerdotes levitas que mantener. En Hebreos 7:17 y 18
se dice claramente que el “sacerdocio levítico fue abolido” y que ahora existe
un único sacerdote, y ese sacerdote es Cristo Jesús. Ahora solamente “hay un solo Dios, y un solo mediador entre
Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en
rescate por todos”, (1 Timoteo 2:5 y 6), de tal manera que ya no se necesitan los sacerdotes levitas. Y si
no hay sacerdotes levitas, no hay diezmo que dar.
EL DIEZMO DE ABRAHAM: Los que se enriquecen con el diezmo, argumentan que Abraham le dio
los diezmos a Melquisedec, según se narra en Génesis 14:17 al 23, y eso antes de que
existieran las tribus de Israel y los sacerdotes levitas, por eso debemos
diezmar. En este caso, como en todos, la Biblia nos da la respuesta. Dice Hebreos 7:6 al 10 lo siguiente: “Pero aquel cuya
genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo
al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido
por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí,
uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó
el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos
de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro”.
Melquisedec se menciona únicamente en Génesis 14 y en Hebreos 7.
En Hebreos 7:3 nos da a entender que Melquisedec es Cristo, ya que no
tiene principio ni tiene fin y permanece
sacerdote para siempre. En realidad, lo que Abraham hizo, fue hacerle un pago
adelantado a Cristo en nombre de los levitas. En Abraham, pagó Leví, que recibe
los diezmos, a un sacerdote superior y para siempre que es Cristo Jesús, dice Hebreos
7:9. La explicación es que los
sacerdotes levitas también debían darle el diezmo a un sacerdote superior que
es Cristo, y Abraham hizo ese pago simbólico por adelantado a Melquisedec que
es Cristo. Eso es lo que nos revela la escritura.
EL DIEZMO DE JACOB: Los defensores del diezmo también aducen, que Jacob pagó los
diezmos antes de que existiera el sacerdocio, con base en Génesis 28:20 al 22, el cual dice: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si
fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para
comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre,
Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios;
y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”
En este caso, Jacob
hizo “un voto a Dios”, diciéndole que si lo
guardaba en el viaje y llegaba con bien a su destino, él le daría los
diezmos y Dios sería su dios. El hecho de que Jacob, le haya ofrecido el
diez por ciento a Dios es casualidad, le
pudo ofrecer un quince o un veinte por ciento ¿Y a quién le daría esos diezmos
Jacob? ¿A Dios en persona? Lo cierto es que nadie puede pactar con Dios, es
Dios quien pacta con el hombre. Ese pacto no tiene ninguna validez. Y las escrituras no dicen si Jacob pagó los
diezmos. Ahora, no debemos olvidar, que la Biblia nos cuenta, que Jacob era un
tramposo. Jacob le robó la primogenitura a su hermano y engañó a su padre que
era ciego, haciéndose pasar por su hermano, para que lo bendijera. NO era
ningún santo. Y si nos devolvemos al verso 15 vemos
que Dios le dice a Jacob: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por
dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré
hasta que haya hecho lo que te he dicho”. Vea usted que Dios prometió a Jacob protegerlo y llevarlo con bien a cambio de
nada, por gracia, eso “antes” de que
Jacob hiciera ese voto. La promesa de Dios está en el verso 15 y el voto
de Jacob en los versos 20 a 22. Dios cumplió su promesa, porque “las promesas
de Dios siempre son en él sí y en él amén” dice 2 de Corintios 1:20, y no por lo
que ofreció Jacob.
EL DIEZMO DE JESUS: El otro argumento, que usan los
defensores del diezmo, es que Jesús les dijo a los escribas y
fariseos en Mateo 23: 23 que debían hacer justicia, misericordia y fe, “sin
dejar de diezmar”. Si Jesús les dijo a
ellos que debían diezmar, lógicamente nosotros también, argumentan. Pero ese argumento
muestra una clara ignorancia o una mala interpretación con fines malévolos en
la lectura de la palabra de Dios. Lo cierto, es que tanto los escribas y
fariseos, como el mismo Jesús, “debían
diezmar”, ya que eran israelitas y debían
cumplir con el pago del diezmo para los sacerdotes levitas de su tiempo. El
sacerdocio levítico y el diezmo “fueron
abolidos” con la muerte y resurrección
de Jesús, no antes. Mientras Jesús estuvo vivo, el diezmo estuvo vigente. No
hay más que decir.
RESUMEN: En la era de la gracia, en la iglesia cristiana el diezmo no
existe como tal. El sacerdocio y el diezmo fueron abolidos. A nosotros, nadie nos ha dado terrenos que
producir, para tener que dar el diezmo de esa producción. No le estamos robando
a nadie. En el nuevo Testamento no se nos exige un diezmo, ni se nos
amenaza con maldición alguna por no diezmar. Jesús nos redimió de las
maldiciones, Él se hizo maldito, para que nosotros fuésemos alcanzados por las
bendiciones de Abraham (Gálatas 3:13 y 14).
No te dejes engañar mi querido hermano por los pastores de la
falsa doctrina de la prosperidad, que lo único que buscan es enriquecerse con
sus manipulaciones de la palabra de Dios. Que Dios te bendiga.

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