Miles de creyentes, incluyendo pastores viven en temor, no tienen paz porque han sido enseñados bajo la doctrina del “evangelio del yo”. ¿En qué consiste esa doctrina? En que tienes que esforzarte por mantenerte salvo por ti mismo, porque según esa doctrina el mínimo pecado te quita la salvación.
Usted
los escucha diciendo: “Ya yo no fumo, ya yo no tomo, ya yo no bailo, ya yo no comparto con amigos”. Vea usted que
se gozan, según ellos de sus logros espirituales, negando totalmente la gracia
de Dios. Es un mensaje que pone al
creyente en el trono en que solo el creador puede estar. Viven sirviendo a su
propia imagen y comparándose con los demás, para ver cuál es más espiritual,
pero en realidad son analfabetas espirituales.
Estas personas viven repitiendo Romanos 3:23 que dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Y allí se detienen y no leen el versículo 24 que dice: “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.
Si bien es cierto, que todos estábamos destituidos de la gloria de Dios, también es cierto que hemos sido justificados de todos nuestros pecados, gratuitamente, por la gracia o regalo de Dios, no por nuestro comportamiento. Y esa justificación no es temporal, no se pierde por nuestros pecados, es una justificación eterna.
El Espíritu Santo da testimonio en Hebreos 10:17 que Dios prometió “no acordarse nunca más de nuestros pecados”, lo que se traduce a que Dios no nos tomará nunca más en cuenta nuestros pecados, y “nunca más” significa “ por toda la eternidad”, no por un tiempo limitado. Y Dios hace esa promesa porque el verso 18 afirma que esos pecados “fueron remitidos”.
Por si no lo saben, una de las formas de que una deuda sea cancelada es la “remisión”, que consiste en que alguien haga el pago de mi deuda. Y eso fue exactamente lo que hizo Cristo en la cruz, él pagó con su sangre por todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. La deuda está cancelada y “no hay más ofrenda” por el pecado dice ese versículo 18, o sea que no hay nada que pagar. Ese es el “Evangelio de Cristo” que nos enseña la Biblia.
Si yo
trato con mi comportamiento y esfuerzo de mantenerme salvo, estaría bajo el
“evangelio del yo”, estaría pisoteando al Hijo de Dios y teniendo por inmunda la
sangre del pacto en la cual he sido santificado, (Hebreos 10:29), entonces
por demás murió Cristo, y yo le estaría diciendo adiós a mi salvación, porque
estaría cometiendo el único pecado imperdonable que consiste en blasfemar
contra el Espíritu Santo, tildándolo de mentiroso, pues el Espíritu ha dado testimonio
que Dios no nos tomará nunca más en cuenta todos nuestros pecados, algo que yo
estaría contradiciendo.
La Biblia nos enseña el Evangelio de Cristo, no el Evangelio del Yo. No pongas atención a esas doctrinas engañosas que te desvían del camino.

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