LEGALISMO: EL ASESINO DE LA GRACIA Y ENEMIGO DE LA SALVACION

 


Por Jesús Vargas

Uno de los problemas más serios que afecta a millones de creyentes en el mundo es el “legalismo religioso”, ya que además de quitarles la paz y el gozo a quienes lo practican,  les arrebata  la salvación.  

¿En  qué consiste el legalismo? El legalismo enseña que la salvación es un regalo de Dios que se obtiene por gracia  el día del bautismo, por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9). Hasta allí todo está bien, pero luego enseñan que esa salvación tiene un plazo de caducidad que vence precisamente el día del bautismo. Después de ese día, mantenerse salvo depende totalmente de nuestro comportamiento.  

A partir de ese momento cambian el evangelio de la gracia por el evangelio del Yo, quitan a Jesús del trono para que “su yo” ocupe su lugar.

Usted los escucha diciendo: “Ya yo no fumo, ya yo no tomo, ya yo no bailo,  ya yo no comparto con amigos”. Viven en una competencia para ver cuál es el que menos peca o deja de hacer algo. No tomes, no bailes, no uses aretes, es el evangelio del No. Los legalistas no viven ni dejan vivir, señalando a todos aquellos que no viven en esa esclavitud.

Los legalistas niegan con su actitud que en “el bautismo somos sepultados con Cristo (Romanos 6:3-6)  y que “ya no vivimos nosotros sino que vive Cristo en nosotros” (Gálatas 2:20). Al negar esas dos verdades eternas, entonces “por demás murió Cristo” (Gálatas 2:21), y su obra ha sido en vano. 

El legalismo enseña que para mantenernos salvos en Cristo, debemos  hacer dos cosas: 1) justificarnos a través de nuestro comportamiento para cumplir con la ley de Dios,  o sea, cero pecados, y 2) hacer las obras que Dios ha preparado de antemano (Efesios 2:10).

Si incumples alguno de esos dos requisitos, adiós salvación. Pero, es todo lo contrario, pues la palabra de Dios enseña que la persona que  trata de ser justificada por el cumplimiento de la ley, “cae de la gracia” (Gálatas 5:4) ¿Y Por qué cae de la gracia?  Porque niega que Dios no se acordará nunca más de los pecados de los que están en Cristo (Hebreos 10:17-18), y niegan también que “Ya no hay ninguna condenación para el que está en Cristo” (Romanos 8:1). 

Y no es que Dios no se acuerde de los pecados de los que están en Cristo, lo que quiere decir es que no los tomará en cuenta porque Jesús hizo el pago total de todos nuestros pecados pasados, presentes  y futuros con su sangre. Jesús no hizo un abono, Jesús pagó toda la deuda, por eso Dios nunca tomará en cuenta nuestros pecados y nunca es por toda la eternidad.  

Al afirmar los legalistas que un pecado los condena, después de  conocer esas verdades están “pisoteando al hijo de Dios, teniendo por inmunda  su sangre del pacto, en la cual fueron santificados  y blasfemando contra el Espíritu Santo”, cometiendo de esa manera el único pecado imperdonable  (Hebreos 10:25 -29).

Vea usted el peligro del legalismo, por eso decimos que es el enemigo de la gracia y  de la salvación.

Los legalistas se jactan  de ser espirituales y compiten entre ellos para ver cuál es el que menos peca, pero el hombre espiritual no es el que menos peca, el hombre espiritual es el que tiene más revelación y ellos no tienen revelación pues niegan los dones del Espíritu Santo, solo saben y enseñan lo que le enseñaron sus maestros legalistas.

Yo asistí a una iglesia legalista, y en ella se enseñaba que no asistir un domingo al culto, o no ofrendar, por ejemplo, nos hacía perder la salvación. 

Los legalistas enseñan un evangelio de condenación, olvidando que Dios no envió a su hijo al mundo para condenarlo, sino para ser salvo por él (Juan 3:17)

Dice Romanos 8:3 que para el hombre, es  imposible cumplir la ley, por la debilidad de la carne, así que todo esfuerzo es en vano, por eso, Dios envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne (Romanos 8:3)

¿Sabes que es lo que significa que Dios condenó al pecado? Que le quitó su poder de condenación. El pecado existe, allí está, pero ya no tiene poder para condenarnos, por eso Romanos 8:1 dice que ya no hay ninguna condenación para el que está en Cristo y ninguna es cero condenación.

Los sacrificios, ofrendas, holocaustos y expiaciones de la ley no le agradaron a Dios, así que Dios las quitó para establecer la justicia y el perdón a través del sacrificio de Cristo, hecho una vez para siempre  y con un sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados  (Hebreos 10:8-14). Para siempre, repito, es para siempre, no es hasta el bautismo.

Desdichadamente son  muchos los legalistas y su falsa enseñanza va de generación en generación y carcome como gangrena (2 Timoteo 2:17). Son los asesinos de la gracia, y no pueden ser simplemente ignorados o tolerados con la bondad que es notoria en los creyentes. Permitir que el legalismo continúe su obra destructiva, es como permitir que una enfermedad infecciosa enferme y mate, teniendo a mano la vacuna.  Por ello  hay que enfrentarlos con la Palabra de Dios en la mano. 

Para terminar, hago mías las palabras del apóstol Pablo en Gálatas 5:1: “Cristo nos hizo libres, manténgase firmes en esa libertad, no se sujeten otra vez al yugo de esclavitud del legalismo”.

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

LLEVÓ CAUTIVA LA CAUTIVIDAD

EL REGALO DE LA SALVACION (por Jesús Vargas)

AY DEL QUE TENGA POR INMUNDA LA SANGRE DE CRISTO