ADONDE IRIAS SI MURIERAS HOY?

 



 


Por Jesús Vargas

Un ataque cardiaco, un accidente de tránsito, una bala perdida de un sicario podría acabar con nuestra vida. Y la pregunta  es ¿Adónde nos vamos al morir?  No te vengo a hablar de religión, te vengo a hablar del futuro eterno en el más allá, tuyo y de tu familia.

 

Lo primero que tengo que decirte es que la palabra de Dios nos enseña que el hombre es tripartita: “espíritu, alma y cuerpo” (1 Tesalonicenses 5:23). En otras palabras, el hombre es un espíritu que vive en un cuerpo (la parte física)  y tiene un alma (mente, sentimientos, voluntad).

 

Cuando uno muere, en realidad lo que muere es el cuerpo, el cual “vuelve al polvo donde fue tomado. Y, el espíritu “vuelve  al lugar que Dios le tiene preparado”. No lo digo yo,  lo dice la palabra de  Dios en Eclesiastés 12:7.

 

¿Y cuál es ese  lugar? Bueno, nuestro Señor Jesús dijo que “no tuviéramos miedo de la muerte del cuerpo, sino que tuviéramos miedo, de que al morir nuestros espíritus fueran enviados al infierno” (Lucas 12:4-5). Por lo tanto, tenemos 2 opciones: 1) ir al infierno, o 2) o ir a la casa del Padre Celestial, “donde hay muchas moradas preparadas esperando por nosotros” (Juan 1:42).

 

No existe un tercer lugar como el purgatorio. Si lo hubiera, Jesús nos lo hubiera dicho.  Eso no está en la Palabra de Dios, es un invento de una religión. Una vez en el infierno, no habrá misas ni oraciones que te saquen de allí porque la salvación es personal.

 

Al infierno irán los que “no están en Cristo”, y a la morada del Padre irán “los que están en Cristo”, ya que la palabra de Dios dice que  no hay ninguna condenación para los que están en Cristo” (Romanos 8:1).

 

La pregunta del millón, es ¿Qué significa estar en Cristo? Las religiones te dirán que están en Cristo los que no pecan, los que no faltan a misa o al culto, los que diezman, los que hacen buenas obras. Pero, eso no es cierto, estar en Cristo es una posición.

 

El punto es que todos somos descendientes de Adán, somos sus parientes, lo que significa que estamos en la familia de Adán, somos sus hijos y si estamos en la familia de Adán estamos condenados.  Entonces debemos cambiar de familia y  convertirnos en Hijos de Dios, para estar en Cristo, o sea ser parte de su familia.

 

Jesús lo dijo claro: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:5-7).

 

Vea usted que Jesús dijo que para ir al Reino de Dios, tenemos que nacer de nuevo, es decir tenemos que darle muerte al Hijo de Adán y renacer como Hijos de Dios. Pero, eso no significa que tenemos que suicidarnos, es a través del “agua” dijo Jesús, en clara alusión al agua del bautismo y “nacer del Espíritu” es recibir el Espíritu Santo en nuestro espíritu.

 

 El apóstol Pablo lo explica claramente en Romanos 6:3-4 cuando dijo: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”. 

 

Jesús ya había dicho que para ser salvos de la condenación debíamos “creer y bautizarnos (Marcos 16:16). Él dijo que el primer requisito para no ser condenados es creer y el segundo es bautizarse ¿Creer qué? Creer que Jesús  es el hijo de Dios que vino a dar su vida por nuestro perdón.

 

El apóstol Pedro confirmo las palabras de Jesús cuando en su primer prédica dijo que había “que bautizarse para el perdón de pecados y para recibir el Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

 

Nadie va al reino de Dios por sus obras o comportamiento, va por que está en  Cristo, y nadie está en  Cristo porque peca menos o hace buenas obras,  porque por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”, dice la palabra de Dios en Efesios 2:8-9.

 

Ahora, veamos el caso de la conversión de Pablo. Ananías  le dijo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando Su nombre” (Hechos 22:16). Pablo ya había creído, pero necesitó bautizarse para que sus pecados fueran lavados y pasar a estar en Cristo.

 

Para terminar, quiero dejarte claro, que si te bautizaron de niño, fue un bautismo en vano, porque el primer requisito para estar en Cristo es creer. ¿Qué creyeron ustedes cuando los bautizaron siendo bebés? Los que  creyeron fueron sus padres, de tal manera que ese bautismo  no vale porque la salvación es personal. Conozco ateos que fueron bautizados de niños y no creen en Cristo ¿Cree usted que son salvos porque los bautizaron de niños?

 

Yo le creo a Cristo y al Espíritu Santo ¿Usted a quién le cree?

 

 

 

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