El apóstol Juan continúa con su relato: “Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Apocalipsis 14:1-5).
Esa es la imagen de los 144.000 sellados del pueblo de Israel, que ya no están en la tierra sino que ahora están en el santo monte de Dios en el Cielo, pues fueron arrebatados. Se dice que son vírgenes, porque se han mantenido limpios de la idolatría, simbolizada por la prostitución de las religiones. En su boca no fue hallada mentira, lo que significa que se mantuvieron fieles a la verdad de la palabra de Dios. Estos son las primicias, son los 144.000 judíos que serán sellados para ser arrebatados.
Dice el apóstol: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7). Se acerca el final, como nunca el evangelio se terminará de predicar en toda la tierra y luego el arrebato.
“Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 0 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14:8-13).
Seguidamente otro
ángel anuncia la caída de la falsa
religión y el castigo sobre los que le dieron su adhesión, se dejaron
sellar y adoraron a la imagen de la bestia, rechazando la palabra verdadera.
Así como recibieron la marca de la bestia, recibirán el castigo de Dios, serán
atormentados con fuego y azufre por los siglos de los siglos, no tendrán reposo
ni de noche ni de día. A esa falsa religión se le llama Babilonia porque fue
precisamente en Babel que se dio origen a las religiones paganas, que comenzaron
a adorar imágenes. Bienaventurados aquellos que guardan la palabra de Dios y no
se dejan engañar por las falsas religiones idólatras.
LA GRAN SIEGA:
Dice Juan: “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la
nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una
corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel,
clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega;
porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. Y el
que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue
segada. Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una
hoz aguda. Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz
al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos
de la tierra, porque sus uvas están maduras. Y el ángel arrojó su hoz en la
tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la
ira de Dios. Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre
hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadio” (Apocalipsis 14:14-20).
Como lo habíamos comentado antes, cuando la sétima trompeta sea tocada, sucederán varias cosas, pero en especial que el pueblo de Dios sea arrebatado.
La siega hace referencia al arrebato o rapto de la iglesia. Jesús
estará en la nube, meterá la hoz y cegará la tierra. “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será
dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la
otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro
Señor” (Mateo 24:40-42), velemos,
estemos preparados para este acontecimiento dijo Jesús. ¿Usted lo está? Y lo
que sigue es un tiempo de angustia como nunca lo ha habido ni lo habrá en la
historia del hombre.
CONTINÚE CON: "LAS COPAS DE LA IRA DE DIOS"


