EL GRAN FINAL DEL APOCALIPSIS

ANTERIOR: LAS SIETE COPAS DE LA IRA DE DIOS 



Ya vimos el derramamiento de las siete copas de la ira de Dios. Destacamos que Dios se le opondrá al ejército romano que pretenderá acabar con Israel, utilizando para ello un terremoto y una lluvia de granizos. Luego acabará con “la ramera” y con la ciudad que le servía de sede mundial ¿Pero qué sucederá con el anticristo y qué sigue después de eso? 

Después de esto se oye una voz salir del cielo que dice: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19.1-9).

 Mientras en la tierra hay destrucción y angustia, en el cielo hay gran celebración por la derrota de la religión idólatra que engañó al mundo entero. Y qué mejor manera de celebrarlo que con una cena para las bodas del Cordero ¿Quiénes participaran de esta cena? Los creyentes que han sido arrebatados, los cuales se han vestido de lino fino y resplandeciente que son las acciones justas de los santos. ¿Cuáles son esas acciones? Consisten en compartir el Evangelio de Cristo. Y son “justas”, porque a través de ellas, otras personas podrán ser “justificadas de sus pecados” y alcanzar la salvación.

 Dice Juan: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Apocalipsis 19:11-11-14). 

Inmediatamente después de la cena, el Señor Jesús se prepara con su ejército celestial para venir a gobernar sobre la tierra. Aparecerá montado en un caballo blanco, al igual que lo hará el anticristo, pero no es un falso pacifista como aquel, sino que es un verdadero pacifista que traerá la paz al mundo entero. Para ello, debe acabar primero con la trinidad satánica que provoca guerra, hambre y muerte. Aparecerá vestido con ropa teñida con sangre que simboliza el sacrificio que hizo en la cruz para la salvación de la humanidad. Su nombre es el Verbo de Dios porque “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3) 

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:15-16). 

Esa espada que sale de la boca del Señor Jesús simboliza “la palabra de Dios”, que hará que se cumpla con vara de hierro, él es el Rey de Reyes y Señor de Señores. 

Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes” (Apocalipsis 19:17-18). 

Un ángel a gran voz invita a las aves del cielo que se preparen para la cena que les espera, es la carne de lo que quedará del ejército invasor, que va a ser eliminado. 

Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19:19-21). 

 Vemos, que en un esfuerzo desesperado, el anticristo dirige sus baterías hacia el Señor Jesús y su ejército. Pero es apresado junto al falso profeta y ambos son lanzados vivos al lago de fuego que arde con azufre.


Los demás son muertos con la palabra que sale de la boca del Señor Jesús. No queda un solo sobreviviente del ejército invasor ni de los seguidores del anticristo. Habrá tantos muertos que las aves de rapiña tendrán comida por mucho tiempo. En la tierra solo quedan los pocos creyentes salvos que lograron huir y esconderse del anticristo. Del cielo descienden nuestro señor Jesucristo con los millones de creyentes que fueron arrebatados antes de la gran tribulación. 

Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo” (Apocalipsis 20:1-3).


 El mismo ángel que había abierto las puertas del abismo para que salieran los ángeles caídos, ahora encadena al diablo, lo ata, lo arroja al abismo y lo encierra por mil años para que no engañe más a las naciones.

EL MILENIO

 

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus  manos;  y  vivieron  y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección” (Apocalipsis 20:4-5).

 Todos aquellos que fueron decapitados por el anticristo durante la gran tribulación, porque no lo adoraron a él ni a su imagen, serán resucitados para que también desciendan a la tierra a gobernar con Cristo por un periodo de mil años.

Se dice que esta es la “primera resurrección” y nos preguntamos ¿No es cierto que hubo una primera resurrección el día del arrebato? Claro que sí, aquella fue “la primera resurrección de los muertos en Cristo antes de la gran tribulación” y ésta es “la primera resurrección de los muertos en Cristo durante la gran tribulación”.

La palabra de Dios le llama “primera resurrección” a la resurrección “de los que están en Cristo” y le llama “segunda resurrección” a la resurrección de los incrédulos, porque habrá una “segunda resurrección” después del gobierno milenario de Cristo, pero ésta segunda resurrección es exclusiva para los muertos que no están en Cristo.Mientras tanto, esos muertos continuarán en sus tumbas.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6). 

Es bienaventurado el que tiene parte en la primera resurrección porque ya no morirá nunca jamás sino que reinará con Cristo por mil años.

La pregunta que muchos se hacen es si lo de los “mil años” es literal o es simbólico. Algunas sectas como los “adventistas del sétimo día” afirman que ese periodo de mil años es simbólico y que se refiere a la era de la gracia en la que estamos actualmente, y que el diablo ha sido atado con ese objetivo ¿Si la palabra de Dios dice que Cristo reinará en la tierra, el milenio no es la era de la gracia sino un evento futuro ¿No es cierto? 

Hay algo que debe quedar claro para los que dudan y es que hay mucho simbolismo en la Palabra de Dios, pero los números siempre son literales, o sea reales. Por ejemplo, en Apocalipsis 5:6 vemos un Cordero con 7 ojos y 7 cuernos, la figura del Cordero es simbólica, se refiere a Jesús pero los 7 cuernos y los 7 0jos son literales, son 7 los espíritus de Dios enviados sobre la tierra. Cuando Apocalipsis 17:3 describe a una gran ramera sentada sobre una bestia, eso es simbólico y se refiere a la iglesia ramera. El dragón y la serpiente de Apocalipsis 12 son simbólicos, se refieren a Satanás. Cuando Apocalipsis 19 dice que de la boca de Jesús sale una espada aguda, eso también es simbólico, está hablando de la palabra de Dios. Pero, cuando el Apocalipsis habla de 7 sellos, de 7 trompetas y de 7 copas de la ira, esos números son literales. No hay 8 ni 9 sellos, no hay 10 trompetas ni 40 copas, son 7 de manera literal. Cuando el Apocalipsis dice que el anticristo gobernará 42 meses, eso es literal, el anticristo no va a gobernar por 7 años ni por 20 años, lo hará por solo 42 meses. Los 1260 días también es una cifra literal, los 24 ancianos también es una cifra literal, los 144.000 sellados también hablan de algo literal. Las 70 semanas de años de Daniel son 490 años y eso también es literal y está probado, ni un día menos, ni un día más. Los sucesos del Apocalipsis se darán durante siete años, no durante 30 años. Cuando el Apocalipsis habla de los 2 testigos, son 2 testigos, no son 3 ni 7. Por lo tanto los mil años del Apocalipsis también son literales.

Repito, en la Biblia, algunas figuras de las profecías son simbólicas, pero sus números siempre son literales. El no tener en cuenta que todos los números del Apocalipsis son literales, ha llevado a las más ridículas y falsas interpretaciones. El texto de Apocalipsis 20:1-7 repite por seis veces mil años, para dejar claro que es algo literal. 

2 Pedro 3:8 dice: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. 

Muchos toman este versículo para afirmar que un año pueden ser mil años, o que los números bíblicos son simbólicos. Los que afirman tal cosa tienen una pésima lectura de la palabra de Dios. Leamos el contexto: el verso 9 dice: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

Lo que apóstol Pedro está diciendo es que “para Dios”, no para usted ni para mí, “en su paciencia”, un día puede ser como mil años. Pedro dice esto porque muchos afirmaban que la segunda venida de Cristo anunciada era una falsedad porque no ocurría inmediatamente. Si para Dios en su paciencia, un día no fuera como mil años, hace tiempo hubiera acabado con la humanidad que lo rechaza, pero él es paciente porque quiere que todos procedan al arrepentimiento.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que nuestro Señor Jesús reinará en la tierra por mil años. Eso no significa que al cumplirse los mil años dejará de reinar, Jesús reinará con su iglesia por los siglos de los siglos (Apocalipsis 22:5). Lo que sucede es que al cumplirse mil años, cambiarán algunas cosas. 

Recordemos que durante el milenio, vivirán dos grupos de personas: el primer grupo lo compondrán los creyentes salvos que fueron arrebatados y resucitados en la primera resurrección. Este grupo de personas gobernarán con Cristo por siempre y ya han sido probados en su fe y en su fidelidad, pues en vida fueron tentados muchas veces por Satanás. Este grupo de personas tendrán cuerpos inmortales (1 Corintios 15:52- 54) y no morirán nunca jamás.

El segundo grupo de personas lo componen los creyentes que fueron salvos durante el gobierno del anticristo y a pesar de la persecución religiosa lograron sobrevivir. Serán simples mortales pero tendrán una calidad de vida muy superior a la que tenemos actualmente y es posible que vivan tantos años como los primeros habitantes de la tierra. Estos son los que se reproducirán en el planeta durante el mileno y ni ellos ni sus hijos serán tentados porque Satanás estará atado. 

Dice la Palabra de Dios que el Señor Jesús gobernará con sabiduría e inteligencia, porque el Espíritu Santo estará sobre él. Tendrá el espíritu de consejo, de poder, de conocimiento y de temor de Dios. Su justicia serán una justicia verdadera y no como la justicia de los hombres, pero gobernará con vara de hierro y ejecutará a todos los impíos (Isaías 11:1-5). 

También dice que durante su gobierno “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora” (Isaías 11:6-8).

 Y, es que lo que Dios hizo al principio, todo era así de bueno. Los animales eran domésticos y las rosas no tenían espinas. Y Dios le dio el señorío de la creación al hombre. Pero el hombre pecó y le entregó toda potestad y toda la gloria de los reinos de la tierra a Satanás (Lucas 4:6) y Satanás se convirtió en el príncipe de este mundo (Juan 12:31). Y por culpa de Satanás las rosas echaron espinas, algunos animales se volvieron furiosos y agresivos, otros comenzaron a producir veneno para defenderse, y todo se convirtió en caos y se dio origen a la ley de la selva en donde prevalece el más fuerte. Todo lo bueno dejó de ser bueno.

Con el hombre sucedió lo mismo, primero Caín mató a su hermano Abel, por envidia. La humanidad se reprodujo y desechó a Dios para adorar imágenes, cambiaron la gloria de Dios para darle gloria a las imágenes (Romanos 1:23-25). Dejaron el uso natural para estar hombre con hombre y se llenaron de toda perversión e injusticia, fornicación, avaricia, envidia, contiendas, homicidios y toda maldad (Romanos 1:27-29). Como resultado, la creación se convirtió en el reino de las tinieblas y del terror. El hombre ha contaminado los mares, ha envenado el ambiente. Y se hizo ambicioso, quiso ser dueño de lo que le pertenece a otros. Todo lo que era bueno, ya no lo es. Pero, gracias a Dios, en el milenio todo volverá a ser bueno. Todo será como en el Edén, no habrá animales depredadores porque no serán carnívoros sino que se alimentarán de paja. El león jugará con el becerro y un niño los pastoreará. Y el niño de pecho jugará con las serpientes sin temor alguno. Ya no habrá matanza de animales, ya nadie les hará daño, y los leones se volverán tan domésticos como los perros. 

Nadie dañara el santo Monte porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová. El remanente de Israel que aún quede en otras naciones será recobrado por el Señor, reunido de nuevo y sus enemigos serán sus amigos y en toda la tierra Jesús serán su pendón (bandera); no existirá la envida y los filisteos levantarán a los judíos en sus hombros y otros pueblos los obedecerán (Isaías 11:9-14). 

Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió” (Apocalipsis 20:7-9).

 Se nos dice que al cumplirse los mil años, Satanás será suelto de su prisión y aunque parezca mentira, volverá a engañar a la humanidad, consiguiendo que millones de personas desde los cuatro ángulos de la tierra se unan a él, para ir a combatir a Jesús y quitarlo de su trono en la ciudad Santa de Jerusalén. Serán tantos como lo es la arena del mar, pero Dios enviará fuego del cielo y los consumirá a todos.

“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos”, dice Apocalipsis 20:10.

 Ahora sí, el diablo ya no será atado, sino que será lanzado al lago de fuego y azufre para ser atormentado día y noche por los siglos de los siglos en compañía de la bestia y el falso profeta.

21.- EL JUICIO ANTE EL GRAN TRONO BLANCO

Dice Juan en Apocalipsis 20:11-14: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.

Todos los incrédulos de todas las épocas, cuyos nombres no están inscritos en el libro de la vida, serán resucitados para ser juzgados. El libro que contiene los pecados de cada uno de ellos será abierto y de acuerdo con lo que allí está escrito serán  juzgados.  Luego  todos  serán lanzados al lago de fuego en donde se encuentra el diablo, el anticristo y el falso profeta. Esta es la muerte segunda, muerte que no sufrirán los que están en Cristo Jesús, cuyos nombres sí se encuentran inscritos en el libro de la vida.

22.- NUEVO CIELO Y NUEVA TIERRA


Los infieles han sido condenados y enviados al lago de fuego, es hora de hacer nuevas todas las cosas, como lo relata el apóstol Juan: 

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:1-2). 

Un cielo nuevo, una tierra nueva, y una nueva Jerusalén que vendrá directamente del cielo. Eso no significa necesariamente que el cielo y la tierra van a ser destruidos, sino que van a ser transformados y limpiados de todo lo negativo. Y se dice que ya no habrá mar. No hay nada más hermoso y que simbolice la grandeza de Dios que el imponente mar. Por eso, es sorprendente ver que  se diga que en la Nueva Tierra no habrá mar. Es triste imaginar un mundo físico real sin mar; debe haber un significado espiritual aquí. Lo cierto es que el mar separaba a los pueblos entre sí. Para el apóstol Juan en la isla de Patmos, las aguas profundas eran como los muros de una prisión, aislándolos de sus hermanos y de su obra, pero en el gobierno de Cristo no existirán esas divisiones. En este sentido espiritual es que no habrá mar, eso creo en mi humilde opinión.

 Juan continúa narrando su visión: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3-4). 

Que noticia más increíble, el Padre Celestial vendrá a morar con los hombres, y Él mismo enjugará toda lágrima de nuestros ojos, y ya no habrá llanto, muerte ni dolor, pues el que causaba estas cosas ha sido eliminado.


Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida” (Apocalipsis 21:5-6). 

Recordemos que el Señor dijo en la cruz: "Consumado es”. La base de la redención había sido establecida de una vez por todas y el sacrificio había concluido. Ahora dice: "Está hecho". La redención ha sido completada. Los redimidos se encuentran a salvo, en su hogar. No queda nada sin acabar. La Nueva Jerusalén será el hogar de los redimidos. Lo único que se nos pide para estar en ella es tener sed de la vida eterna que nos suministra. Y sus palabras son fieles y verdaderas, lo que implica que todo lo que está profetizado sucederá, no pasará ni una tilde de lo que está escrito.

LA CIUDAD DE LA GLORIA: 

Los juicios han quedado atrás y las terribles plagas que asolaron la tierra han tocado a su fin. Y la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descenderá del cielo, y Dios vendrá a morar en ella. Y Dios hará nuevas todas las cosas.  Una nueva Jerusalén vendrá del cielo a la tierra, en ella Dios morará con los hombres, y Él enjugará toda lágrima y ya no habrá muerte ni llanto, ni dolor, porque todo eso es pasado. 

Y, “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” ha dicho el Padre celestial (Apocalipsis 21.7-8).

 Se nos dice que algunos tipos de personas se perderán esta nueva vida: 1) los cobardes e incrédulos, aquellos que temen convertirse a Cristo por temor a las críticas, y los que no creen el evangelio; 2 ) los abominables y homicidas, aquellos de mente corrompida, que promueven por ejemplo la ideología de género, negándole la vida eterna a los que se dejan engañar; 3) los fornicarios y hechiceros, aquellos que dicen ser cristianos pero traicionan a Dios con otros dioses falsos y que promueven prácticas espirituales con el diablo y los demonios que están detrás de esos dioses, 4) los idólatras y mentirosos, aquellos que promueven la adoración a las imágenes, mintiendo al decir que eso no va en contra de la Palabra de Dios. 

Seguidamente, Juan recibe una nueva visión de la gran ciudad y la describe de manera gráfica, pero que nos cueste imaginarla. En primer lugar, se nos informa acerca de la estructura de esta ciudad:


Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero” (Apocalipsis 21:9-14). 

La MURALLA alta que cubre la ciudad nos habla acerca de la íntima comunión con Dios en su verdad (1 Juan 1:5-6), y la separación de todo aquello que no sea la verdad. Las PUERTAS llevan los nombres de las tribus de Israel, que es un recordatorio de que "la salvación procede de los judíos” (Juan 4:22). Los FUNDAMENTOS hablan acerca de la verdad del evangelio de Cristo predicado por los doce apóstoles (1 Juan 1:3). 

El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel” (Apocalipsis 21:15-17).

Cuando Dios mide algo es una señal de que le pertenece. El número 12, que encontramos en todo este relato, es el número correspondiente al gobierno en las Escrituras. Su largo, anchura, altitud son todas con una medida de 12.00o estadios , y un estadio equivale a 180 metros, así que cada lado mide 2.160.000 metros. El muro mide 144 codos y un codo equivale a 85 cm, de tal manera que su medida es de 12.240 metros. Imagine la clase de estructura. Será una ciudad de proporciones perfectas, es lo que simboliza, todo lo que Dios hace.

El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio” (Apocalipsis 21:18-21). 

El muro es de jaspe, pero la ciudad de oro puro Las perlas simbolizan la belleza, pero a la vez el dolor, porque la belleza de la perla es el resultado del dolor de una ostra. La perla se forma cuando se introduce en el caparazón de la ostra un diminuto pedazo de arena y la ostra se siente muy incómoda. Es como si hubiera pedazos de galleta en la cama. Para aliviar su dolor cubre el producto irritante con un nácar lustroso que se endurece y produce esa perla preciosa y que brilla. Eso significa que los redimidos no olvidarán por toda la eternidad el sufrimiento de Cristo en la cruz por su salvación.


Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:22-27). 

No hay templo,  porque Dios en el hombre es el templo. Por ello, se nos dice en 1ª de Corintios "¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 

Si Dios mora en usted por medio del Espíritu Santo, entonces usted forma parte de ese templo celestial y comparte el honor de ser el hogar de Dios, de ser su morada y de ahí procede la luz radiante.

No hay necesidad ni del sol ni de la luna. No habrá nunca noche porque estará siempre iluminada por la gloria de Dios en el hombre.

Las puertas no se cerrarán nunca porque no existirá la noche y, por lo tanto, no será necesaria protección alguna. Las ciudades suelen cerrar sus verjas de noche por causa del peligro que corren, pero no habrá nada que destruir en este nuevo mundo que nos espera. Los reyes de la tierra traerán consigo su gloria, no con el fin de competir con la gloria de Dios, sino para que se manifieste bajo la luz de Dios. Nada impuro entrará en ella porque solo tendrán admisión a ella los redimidos. Finalmente se describe la vida de la ciudad en las primeras palabras del capítulo 22: 

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 221-5). 

Hay un RÍO que fluye desde el trono de Dios. El río simboliza al ESPÍRITU SANTO. Jesús dijo que los que creen en él "de ellos fluirán ríos de agua viva. Juan comenta: "Esto dijo acerca del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. El ÁRBOL DE LA VIDA es un símbolo de Jesús mismo, que es el camino, la verdad y la vida.


 Cuando nos alimentamos de la Palabra de Dios estamos comiendo y alimentándonos de Jesús y eso produce salud espiritual. 

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (Apocalipsis 22:6-7).

 Hay una garantía, que ofrece el propio Dios, de que estás palabras las debemos de creer porque son fieles y verdaderas, y la garantía de Jesús mismo. "Léanlo, estúdienlo, guárdenlo”, nos dice. Recibirán ustedes bendición y fortaleza gracias a él y se prepararán para recibirle cuando él venga. A continuación hay una palabra de Juan:


Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios” (Apocalipsis 22:8-9). 

Juan nos está recordando que solo ante Dios debemos inclinarnos y adorarlo. 

Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:10-11). 

No selles este libro, todo lo contrario, muéstralo a todos para que el injusto, el inmundo y el justo sepan lo que son y lo que practican. 

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último” (Apocalipsis 2212-13) 

Esa es una maravillosa promesa de que cuando venga, seremos recompensados por poner nuestro granito de arena en la edificación del cuerpo de Cristo. 

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira” (Apocalipsis 22:14-15).


 Esa es una solemne advertencia de que únicamente los que están en Cristo estarán allí. Y otra palabra más de Jesús: 

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis:22-16-17). 

El libro termina con una invitación de Cristo y de la iglesia de Cristo, a recibir el Espíritu Santo de manera gratuita. La salvación es gratis, no la rechaces. 

Y por último una advertencia: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18-19) 

Estamos advertidos a no adulterar el mensaje del Apocalipsis, ni agregándole ni quitándole, no sea que nos vengan todas las plagas profetizadas. 

"El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén” (Apocalipsis 22:20-21). 

Hemos llegado al final. Gracias por acompañarme en este viaje por las Santas Escrituras. Ya conoces lo que se avecina. Comparte lo que sabes con tus amigos, familiares y vecinos. Que el Espíritu Santo te permita ver estas verdades y compartirlas. 




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