EL PELIGRO DE CONFESARSE
Por Jesús Vargas
Hebreos 10:17-18 Dios dice literalmente: “nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado”.
Este pasaje dice tres cosas: 1) “Dios
no se acordará nunca más de nuestros pecados”, o sea “por toda la eternidad”. Y, no
es que Dios no se acuerde, lo que quiere decir es que no los tomara en cuenta.
2) “Hay remisión de pecados”. Esa es la razón por la que Dios no los toma en cuenta, porque
hubo remisión, y la remisión es una de
las formas de extinguir una obligación. Por ejemplo, yo le debo una suma de
dinero a Sutano. Entonces viene Fulano y
le hace el pago total de esa deuda a Sutano. Eso me libera totalmente y para
siempre de esa deuda. Pues bien, eso fue lo que hizo Cristo, con su sangre preciosa hizo el pago total de
nuestros pecados pasados, presentes y
futuros.
3) “NO
hay más ofrenda por el pecado”, en otras palabras ya no hay nada que
cancelar o aportar para ese pago pues fue cancelado en su totalidad.

Vea usted que con el sacramento de la confesión, el Vaticano niega totalmente lo establecido por Dios en Hebreos 10:17-18. Para el Vaticano Dios sí se acuerda de nuestros pecados, negando que hubo remisión de éstos. Y, afirma que se necesita una ofrenda para ese perdón pues la ofrenda de Cristo no fue suficiente.

Y esto es sumamente grave para el creyente.
Veamos, si eres católico, te has confesado por ignorancia porque no conocías
esta verdad, pero ahora que la conoces, si te confiesas, pecarías
voluntariamente y ya NO habría para ti
ningún perdón (Hebreos 10:26),
porque estarías teniendo por inmunda la
sangre de Cristo en la cual has sido santificado y afrentarías al Espíritu Santo (Hebreos 10:29), que fue quien inspiró las Santas Escrituras
cometiendo el pecado imperdonable de blasfemia (Mateo 12:31), al tildarlo de mentiroso.
Esa enseñanza del sacramento de la confesión no viene de Dios, es una doctrina de demonios, lo digo con tristeza e indignación. Para terminar, quiero hacerte una pregunta. Yo le creo al Espíritu Santo, no le creo al Vaticano, ¿Usted a quién le cree?

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