miércoles, 31 de agosto de 2016

NO ENFRENTES AL ENEMIGO EN SU PATIO

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Cuando alguien nos hace un agravio, inmediatamente tratamos de responder en la carne. Al reaccionar de esa manera nos salimos de nuestra burbuja de protección para enfrentar al diablo en su patio. Debemos de comprender que detrás de cada ofensor hay una hueste espiritual de maldad que lo manipula.
No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
Note usted que hay principados y  gobernadores que tienen a millones de demonios bajo su mando. Unos están preparados para provocar abortos, otros para provocar suicidios, otros para provocar divorcios, otros para provocar accidentes, su propósito siempre será el de “robar, matar y destruir” (Juan 10:10). Ellos no te atacan directamente sino que utilizan a nuestros prójimos, influenciándolos en su mente, para que lleven a cabo su obra de maldad.
Nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4), nuestras armas son la verdad, la coraza de justicia, el evangelio, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu que es la palabra de Dios, y la oración perseverante (Efesios 6:14-18), todas armas espirituales.
No debemos caer en la trampa del enemigo y responder las ofensas en la carne, porque esa lucha es una lucha espiritual que Dios la gana por nosotros.
No debemos olvidar que “Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual” y nos ha sentado en lugares celestiales con Cristo (Efesios1:3). Esos lugares celestiales son “lugares de alto rango” por encima de las huestes espirituales de maldad.  Nunca debemos abandonar esos lugares celestiales, nunca debemos  descender a  al patio del enemigo y enfrentarlo en la carne.
Antes de estar en Cristo estábamos sometidos ante Satanás, éramos sus esclavos y estábamos a su servicio, pero en el momento que pasamos a estar en Cristo, fuimos ascendidos con un rango mayor que el de Satanás y todas sus legiones de demonios.
Recuerda que Cristo  está por encima de todos ellos, y si tú estás en Cristo, entonces también estás por encima de todas esas legiones de maldad. Es un asunto de posición, antes estabas sentado en lugares terrenales, pero ahora estás sentado en los lugares celestiales más altos.

Efesios 1:22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 1:23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Nuestro Padre celestial sometió todas las cosas bajo los pies de Cristo y esos pies son parte de su cuerpo que es la iglesia, y de la cual, él  es la cabeza. Todas  las huestes espirituales de maldad están sometidos bajo los pies de la iglesia, de la cual todos los que estamos en Cristo somos parte.
La estrategia del enemigo no es hacer que peques porque tú estás muerto para el pecado (Romanos 6:7, 6:11) y eso no afecta tu vida espiritual, su estrategia es hacer que bajes de los lugares celestiales. Su plan consiste en llevarte a su patio para que te pongas a su nivel y pelees en la carne.  

Mateo 5:38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 5:39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 5:40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 5:41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 5:42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 5:43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 5:44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 5:45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 5:46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 5:47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Jesús lo dijo claro, nunca debemos responder en la carne, nunca debemos ponernos a pleito y nunca debemos aborrecer a nuestros enemigos. Por el contrario debemos hacerles el bien. Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos porque Dios ama a todos por igual y sabe que el diablo es el culpable de tanta maldad.

Proverbios 16:7 Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, Aun a sus enemigos hace estar en paz con él.

Note usted que cuando obedecemos a Dios y no contestamos las ofensas de nuestros enemigos,  Dios hace que ellos estén en paz con nosotros.

Recordemos el caso de Jacob y Esaú. Jacob le había robado la bendición a su hermano Esaú y tuvo que huir de su casa para que su hermano no lo matara. Dios le dijo a Jacob que regresara a su casa y que él lo protegería. Jacob no tenía mucha confianza en la palabra de Dios  y se preparó en la carne para enfrentarlo, enviándole presentes a su hermano para comprarlo y ablandarlo.

Génesis 33:8 Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. 33:9 Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo.

La sorpresa de Jacob al encontrarse con su hermano,  fue que éste rechazó los presentes, le dijo que tenía suficientes bienes y lo recibió con los brazos abiertos.
Dios había hecho que Esaú dejara de ser enemigo de Jacob  y estuviera en paz con él. Entonces Jacob dijo: “he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido” (Génesis 33:10). Lo que Jacob quiso decir, es que había visto la obra de Dios en su hermano.
Cuando  David se enfrentó al gigante Goliat, éste le dijo: “Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo”, entonces David le respondió: “tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, a quien tú has provocado” (1 Samuel 17:44-45), es decir, mis armas no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Josué 5:13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? 5:14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora.

El pueblo escogido de Dios se alistaba para ir a conquistar Jericó, algo que parecía imposible porque era una ciudad rodeada de grandes murallas y en la cual habitaban gigantes. Entonces se le apareció un varón a Josué y se identificó como un “príncipe del ejército de Jehová”. En realidad era un arcángel que venía a ponerse al frente del pueblo de Dios y a dirigirlo en su batalla.

Josué 6:1 Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 6:2 Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. 6:3 Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. 6:4 Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. 6:5 Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

El ángel de Jehová le dijo a Josué que rodeara la ciudad,  que siete sacerdotes tocaran siete bocinas durante siete días  y los muros caerían. La lucha no era carnal, la lucha era espiritual y Dios la ganaría por Israel.  El toque de las bocinas lo que hacía era anunciar la victoria de Jehová.

Con Gedeón sucedió lo mismo, Dios envió un ángel y luego le dijo que con 300 hombres enfrentará al ejército enemigo compuesto por más de 135.000 soldados. Sus armas eran trompetas y cántaros que quebraron con sus manos (1 Samuel 7:19). Al oír las trompetas, los hombres del ejército enemigo se llenaron de temor y Dios hizo que se mataran entre ellos.
Gedeón y sus hombres no tuvieron que pelear, solamente tuvieron que tocar trompetas y romper cántaros y eso es lo mismo que Dios espera de nosotros: que toquemos trompetas y rompamos cántaros.
No es en la carne que podemos vencer al diablo  y a sus huestes de maldad, no es respondiendo las ofensas o yendo a los tribunales de justicia como ganamos las batallas, sino reposando en Cristo y anunciando su victoria.
Dios le dijo a Gedeón que usaran trompetas y teas ardiendo dentro de cántaros, lo que es muy significativo porque son símbolos de su poder.

1 Corintios 14:8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? 14:9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.

La trompeta simboliza la Palabra de Dios que anuncia la victoria sobre la batalla que se avecina. Esa trompeta es en realidad una alabanza que dice “Gracias Señor por tu victoria, gracias Señor por tu gracia”, es una palabra de fe que cree en una victoria segura, aunque las circunstancias digan otra cosa.

Salmo 22:3 Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

Siempre será más efectivo alabar que orar, porque Dios habita entre las alabanzas de su pueblo y  hace que los ángeles de Dios acudan en tu auxilio. Esto es así porque en la alabanza a diferencia de la oración hay un desprendimiento del yo.  
La oración tiende a ser muy egoísta y carnal, mientras que la alabanza es una renuncia de ese egoísmo de la carne.
Cuando anunciamos la palabra de Dios, estamos mostrando nuestra fe, y a la vez estamos anunciando la victoria de Cristo sobre el enemigo, el cual está derrotado de antemano.
Cada trompeta proclama una victoria. En el libro del Apocalipsis se habla de siete trompetas que son tocadas por 7 ángeles, cada trompeta simboliza un castigo de Dios y a la vez una victoria sobre sus enemigos.

1 Corintios 15:51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 15:52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 15:53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 15:54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es  la  muerte  en  victoria.  15:55  ¿Dónde  está,  oh  muerte,  tu  aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

La sétima trompeta del Apocalipsis anuncia la resurrección de los creyentes y el arrebato de la iglesia, la sétima trompeta anuncia la victoria de Jesús sobre la muerte.
Cada toque de trompeta es el cumplimiento de una promesa de Dios que asegura nuestra victoria sobre el enemigo, sobre el pecado y sobre la muerte.  Entonces, considerando que la batalla ya estaba ganada, las trompetas del ejército de Josué y de Gedeón simplemente anunciaron la victoria.

2 Corintios 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros

Las teas hablan del Espíritu Santo y los cántaros simbolizan al hombre. El hombre es un simple cántaro o vaso de barro que contiene un tesoro, ese tesoro es el Espíritu Santo, es el poder de Dios dentro del creyente para que pueda combatir al enemigo.
Ahora,  los cántaros deben romperse para que El Espíritu Santo fluya y gane las batallas por nosotros, es decir,  el yo debe morir.  Mientras el yo esté vivo, el vaso no se ha quebrado, pero cuando el yo muere, el vaso se  quiebra y el Espíritu Santo se manifiesta en nosotros; en ese momento estamos listos para la batalla.
El problema de la oración en muchos casos, es que el yo nunca se quiebra.
Cada combatiente de los hombres de Gedeón debía quebrar su propio cántaro porque lo del yo  es un asunto personal.
Hay tres aspectos que nos dan la victoria sobre el enemigo: 1) La Palabra de Dios, de la cual nos sostenemos y confesamos nuestra victoria; 2) la obra del Espíritu Santo que gana las batallas por nosotros; y 3) el yo quebrantado para que eso suceda.
Esa debe ser necesariamente nuestra experiencia espiritual y esta es la enseñanza que nos da la palabra de Dios. No importa el tamaño del enemigo, con estas armas, el poder y el tamaño del enemigo será insignificante.
Nunca enfrentes al enemigo en la carne, nunca vayas a su patio, despréndete de tu yo y proclama la victoria en Cristo, el Espíritu Santo hará el resto.

Éxodo 4:13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. 14:14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

Veamos el caso de Moisés, no tenía una sola arma carnal para enfrentar a Ramsés y su ejército, la única arma era su vara pero ésta simbolizaba la gloria de Dios.  
Ni Moisés ni ninguno de los esclavos en Egipto necesitaron empuñar un arma ni ir contra ninguno de los egipcios. Su única arma fue la fe y la confianza en Dios, ellos solamente proclamaron la victoria y Dios se encargó de todo.

Éxodo 17:8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. 17:9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. 17:10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 17:11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 17:12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. 17:13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. 17:14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.  17:15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi; 17:16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

En este pasaje vemos como la vara Israel ganaba la batalla, pero cuando la bajaba, Israel perdía la cual simbolizaba la gloria de Dios, quedando claro que  fue Dios quien ganó la batalla por ellos.
Es importante destacar que Amalec es un símbolo de la carne. Por eso Dios le dijo a Moisés que escribiera que “tendría guerra con Amalec de generación en generación”.

Salmo 91:9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, 91:10 No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. 91:11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. 91:12 En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.

Cuando ponemos a Dios por esperanza, no habrá nada que nos pueda hacer daño. Dios mandará sus ángeles para que nos guarden en todos los caminos. Olvídate de tus enemigos, olvídate de quien quiera hacerte daño porque nadie podrá dañarte mientras confíes en el Señor.

Salmo 34:7 El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.

No tenemos por qué tener miedo a nadie ni a nada. Los ángeles de Dios acampan alrededor de los que le temen a Dios. Lógicamente que si no le temes a Dios, alejas a los ángeles.
El temor de Dios es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:17) y la sabiduría verdadera consiste en conocer la voluntad de Dios y esa voluntad consiste prioritariamente en vivir para Cristo (2 Corintios 5:15) llevando el conocimiento del evangelio a todas las personas (1 Timoteo 2:3-4).
Hay todo un ejército celestial que ha sido puesto para el servicio de los herederos de la salvación (Hebreos 1:14), de tal manera que no hay nada que temer.

2 Reyes 6:15 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?

La casa de Eliseo fue rodeada por el ejército Sirio que pretendía prenderlo.  Su criado se asustó al ver aquello y le dijo a Eliseo ¿qué haremos? “El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:16-17).
Al igual que el criado de Eliseo, la mayoría de nosotros no vemos el ejército de Dios, pero el hecho de que no lo veamos no significa que no esté allí para protegernos.

Lucas 10:19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

Hay un ejército espiritual divino cuyo comandante en Jefe es Jehová de los ejércitos, pero además en la tierra hay otro ejército y ese ejército es la iglesia, ese ejército somos nosotros.
Jesús nos dio potestad sobre toda fuerza del enemigo y nada nos dañara, no existe un motivo para temer. Pero recuerda, nunca lo enfrentes en la carne, reposa en Cristo y deja que el Espíritu Santo se encargue de él.