jueves, 17 de marzo de 2016

GALATAS, LIBRES DE LA LEY

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Muchos cristianos no salen a bailar con sus  esposas, ni cantan karaoke, ni se divierten sanamente de vez en cuando, porque ven pecado y condenación en todo lo que hacen. Viven encadenados, no se han dado cuenta que son libres de la condenación, libres del pecado, libres de la ley, limitados tan solo en lo que sea necesario, para vivir en armonía con los propósitos de Dios. El legalismo los tiene atrapados.

Colosenses 2:20 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos  tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques  (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.  

La palabra de Dios nos enseña que fuimos crucificados con Cristo en el bautismo, y que no estamos sujetos a ninguna ley ni mandamiento de hombre, y que esos mandamientos no tienen ningún valor contra los apetitos de la carne. ¿Por qué? Porque la carne siempre va a ceder y al final se sentirán peor de lo que estaban.
Los legalistas creen que agradan a Dios, pero en lugar de agradarlo lo desagradan porque lo único que agrada a Dios es la fe (Hebreos 11:6).
Estas personas ven satanismo en la música, en los juegos electrónicos y hasta en la comida. Hacen un gran esfuerzo para cumplir con los mandamientos de la ley de Moisés y con los mandamientos humanos de su religión. Eso hace que en su sistema abunde la amargura, la hipocresía, la  crítica y el señalamiento.  Y eso impide que otros vengan a Cristo porque nadie quiere ser como ellos.
Pero eso no es nuevo, viene desde los tiempos de la iglesia primitiva. Esa es la razón por la cual apóstol Pablo escribió la carta a los Gálatas, la cual es considerada como la “Proclama de emancipación” para el creyente.

Gálatas 1:6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 1:7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.

El apóstol Pablo estaba maravillado de lo que sucedía en Galacia. Él les había enseñado el evangelio de la gracia, pero alguien los habían perturbado, enseñándoles un evangelio pervertido. No era otro evangelio, era el mismo evangelio de Jesús, pero cargado de legalismos. Ese evangelio enseñaba que además de creer en Jesús, era preciso que “guardasen la ley de Moisés” y los rituales del Antiguo Testamento como el circuncidarse.  No era un evangelio que de manera directa negara la gracia, pero si lo hacía de manera indirecta al colocarla   en un segundo plano, porque lo más importante para este evangelio “manoseado” era cumplir la ley. 

Gálatas 1:8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 1:9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

El apóstol Pablo levanta la voz y expresa una y otra vez que el que enseña un evangelio diferente es un  maldito. Pablo no lo dice con la intención de ofender a nadie, lo que está es advirtiendo que Dios va a maldecir y a condenar al que enseñe ese tipo de evangelios.

Gálatas 3:10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

Aquí se aclara el concepto, todos los que se tratan de justificar cumpliendo la ley, si no la cumplen se ponen bajo maldición porque la ley bendice al que la cumple, pero maldice al que la incumple.  

Gálatas 1:10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Pablo aclara que no hay que buscar quedar bien con nadie cuando se trata de defender la verdad del evangelio. El que haga eso no  es un verdadero siervo de Dios.
Pablo se moriría de pena o de rabia si viviera en nuestra época, porque en el  99% de las iglesias cristianas lo que se enseña actualmente es la palabra del hombre adornada con algunos pocos versículos de la biblia.

Gálatas 1:11 Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; 1:12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Por eso Pablo hace la aclaración en el sentido de que lo él enseña es la palabra de Dios y no la palabra del hombre. Que lo que enseña no lo aprendió de ningún hombre, sino que le fue revelado por Jesucristo. En 2 Corintios 12:2-5 y 1 Corintios 22:23, el apóstol Pablo cuenta que fue arrebatado al tercer cielo y que fue enseñado directamente por nuestro Señor Jesús.

Gálatas 1:18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; 1:19 pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor.

Y Pablo no miente,  porque no fue sino hasta tres años después de estar predicando el evangelio, que fue a Jerusalén a conocer  al apóstol Pedro. De paso también conoció a Jacobo el hermano del Señor. ¿Si no conocía a los apóstoles, de dónde sacó su enseñanza?

Gálatas 2:1 Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. 2:2 Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. 2:3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; 2:4 y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, 2:5 a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.

Catorce años después, Pablo fue nuevamente a Jerusalén junto con Bernabé y Tito (dos colaboradores) y expuso en privado a los que tenían “cierta reputación” (posiblemente los apóstoles), el evangelio que él predicaba. ¿Y que encontró? Que había entre ellos algunos legalistas que obligaron a Tito a circuncidarse, y que espiaban a escondidas la libertad del Evangelio que Pablo predicaba para reducirlo a esclavitud. Pero no lo lograron porque Pablo defendió esa verdad sin importar las consecuencias.

Gálatas 2:9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.
A Pedro, a Jacobo y a Juan, “las tres columnas de la iglesia primitiva”, no les quedó más que reconocer el apostolado de Pablo y la verdad que defendía. Entonces le dieron el visto bueno para que fuera a predicar a los gentiles.  

Gálatas 2:14 Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Pero antes de partir, Pablo no se quedó callado,  sino que le dijo a Pedro públicamente que no estaba enseñando la verdad del evangelio. Lo malo de la enseñanza de Pedro, es que ocultaba u opacaba una gran verdad.  

Gálatas 2:16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

La verdad que era opacada es la que revela que “el hombre no es justificado por las obras de la ley sino únicamente por la fe en Jesús”. En otras palabras, que el hombre es justificado por lo que Jesús hizo en la cruz, no por lo que el hombre pueda hacer o dejar de hacer.
Imagine a usted a un desconocido reprendiendo a  “una de las columnas de la Iglesia”, aquel a quien Jesús le entregó las llaves del Reino, por estar ocultando la verdad.
Al escribir esto recuerdo a un pastor amigo, el cual  enseña que la salvación se recibe por la fe, pero hay que hacer obras de justicia para mantenerse salvo. Un día le dije que él era legalista y se molestó conmigo. Me dijo que le mostrara cuál mandamiento de la ley él enseñaba que había que cumplir. Su vanidad no le permitía ver que el legalismo no se resume en cumplir con algún mandamiento de la ley de Moisés sino que el legalismo se manifiesta cada vez que hacemos cualquier cosa para justificarnos ante Dios. El legalismo procura hacer algo que ya Cristo hizo y es por lo tanto es el gran enemigo de la gracia.
Al igual que Pablo, cuando alguien esté ocultando alguna verdad del evangelio, no puedes quedarte callado, no importa que tenga “prestigio” o que sea considerado “columna de la iglesia”, debes ir con la Biblia en la mano y confróntalo. No puedes ignorarlo o tolerarlo, no puedes permitir que alguien continúe su obra destructora, es como que una enfermedad infecciosa comience a matar a tu familia sin que hagas nada al respecto. Pablo es el gran ejemplo a seguir.

Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 2:21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

La segunda verdad que se ve opacada ante el engaño legalista, es que  el viejo hombre ha sido crucificado con Cristo, que ya no vive, sino que ahora es Cristo el que vive por él.  ¿Cómo entender esto? Que para poder vivir una vida cristiana normal, lo primero que un creyente debe saber es que su viejo hombre fue crucificado con Cristo en el bautismo (Romanos 6:6). Si no sabe eso, nunca llevará una vida cristiana normal y eso es lo que sucede con los legalistas. Pero no solamente debe saberlo, una vez que lo sepa, debe considerarse como tal (Romanos 6:11) o sea debe comportarse como un muerto.
Lo que esto quiere decir es que no tiene que hacer nada para mantenerse salvo, no tiene que hacer nada para dejar de pecar, no tiene que hacer nada contra la tentación porque está muerto y un muerto no hace nada. Ahora Cristo vive por él y Cristo se encarga de esas cosas.
Si el creyente hace algo al respecto, estaría negando que su viejo hombre está muerto y con ello desechando la gracia de Dios. Entonces por demás murió Cristo. El tercer paso consiste en entregarle sus miembros a Dios para que tome el control (Romanos 6:13).  Y que la nueva criatura en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17) no vive por su propio esfuerzo, sino que  vive por la fe en el hijo de Dios, creyendo que ya Jesús lo hizo todo.
Cualquier enseñanza que  desafíe estas verdades es un evangelio pervertido que causará a sus víctimas sufrimiento, esclavitud, dolor, y finalmente les conducirá a una muerte espiritual.

Gálatas 3:1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? 3:3 3:3 ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?

Ustedes son unos insensatos, son unos necios” dice Pablo “¿Quién los fascinó para que no obedezcan la verdad?” Y Seguidamente hace la pregunta del millón. “¿Recibieron el Espíritu Santo por sus obras o por la fe? ¿Comenzaron por el Espíritu y ahora acaban por la carne?” En otras palabras: “Empezaron por recibir el Espíritu Santo y la salvación por gracia, mediante la fe y ahora quieren acabar haciendo las cosas por ustedes mismos”.

Gálatas  3:7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. 3:8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.3:9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.

Sepan dice Pablo, que los hijos de Abraham son los de la fe, sepan que Dios justifica por la fe,  porque así lo prometió, no por cumplir con la ley. Dios nos da la salvación porque así lo había prometido, no porque cumplamos con ninguna ley.

Gálatas 3:17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. 3:18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

Esa promesa de salvación fue hecha cuatrocientos años antes de que fuese dada la Ley. Por lo tanto, la ley no puede dejar sin efecto la promesa que está primero. Y Cristo  ratificó la promesa a través del nuevo pacto.

Gálatas 3:11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 3:12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

El justo por la fe vivirá. El justo no es aquel que no comete injusticias o que no peca, el justo es aquel que tiene la fe y a través de esa fe obtiene la vida eterna. Y la ley no es de fe sino que dice “el que haga estas cosas vivirá”. La ley exige cumplir sus mandamientos y condena al que no los cumple. Mientras que la gracia lo único que exige es fe en la obra de Cristo y no te condena sino que te justifica.

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 8:2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no procuran la salvación por ellos mismos,  sino que viven por fe, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo (la ley de la fe) los ha librado de la ley del pecado y de la muerte (la ley de Moisés).

Romanos 8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 8:34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

El único que nos puede acusar es Dios y Dios no nos acusa sino que nos justifica por la fe. El único que nos puede condenar es Cristo pero en lugar de condenarnos intercede por nosotros para nuestro perdón. Eres libre, gózate, vive la vida, no permitas que nada ni nadie te señale ni te condene.

Gálatas 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),3:14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Cristo cumplió la ley por nosotros y nos redimió de las maldiciones de la misma. Pero, si tratas de cumplir la ley, todas las maldiciones te alcanzarán. Por eso es que el legalismo trae tanto dolor y sufrimiento, porque niega y revierte las cosas que Cristo hizo.

Gálatas 3:19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.

La ley fue añadida por causa del pecado, pero era una medida temporal, hasta que viniese Cristo.

Gálatas 3:24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

El hombre pecaba aún sin ley. Lo que la ley hizo fue tipificar los pecados para que el hombre se diera cuenta de lo pecador que era y buscara una solución a sus pecados. Esa solución es Cristo y la ley es la guía que lo lleva a Cristo en procura del perdón, el cual alcanza por medio de la fe.

Gálatas 3:25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 3:26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 3:27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Venida la fe, ya no se necesita la ley, porque al creer y bautizarnos,  somos liberados de la ley, somos liberados del pecado, y somos liberados de la condenación, porque todos los que hemos sido bautizados, hemos sido envueltos  con las vestiduras blancas de Cristo.  Ya Dios no ve nuestros pecados porque nos ve en Cristo y Cristo no tiene pecado.
Esta verdad fue la que liberó el alma de Lutero y lo llevó a desafiar el sistema de indulgencias y el resto de los conceptos legalistas del Catolicismo romano, e hizo que clavase 90 tesis o argumentos en contra de las enseñanzas del Vaticano.
Todas las religiones conocidas por el hombre, dependen de las obras humanas para la salvación: El hinduismo dice que si renunciamos al mundo y nos relacionamos con el espíritu del universo encontraremos por fin el camino de la paz. El budismo expone ocho principios según los cuales el hombre debe de actuar y de ese modo, encontrar la salvación. El judaísmo dice que debemos de guardar la Ley, cumpliéndola total e inflexiblemente, y entonces seremos salvos. Según el islam el hombre debe orar cinco veces al día, dar limosnas, ayunar en el mes de Ramadan y obedecer los mandamientos de Allah. El unitarianismo afirma que el hombre se salva teniendo un buen carácter. El humanismo moderno dice que la salvación se consigue sirviendo a la humanidad.
Pero nosotros no creemos en las religiones, no creemos en la palabra del hombre, creemos únicamente en la palabra de Dios, que enseña que ya Cristo lo hizo todo por nosotros. Lo único que tenemos que hacer es creerlo. En eso se resume el evangelio.

Gálatas 4:21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? 4:22 Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. 4:23 Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa. 4:24 Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 4:25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 4:26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. 4:27 Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido. 4:28 Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. 4:29 Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. 4:30 Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. 4:31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

“¿Quieren estar bajo la ley, entonces les voy a contar una historia” dice Pablo.  Es la historia de los dos hijos de Abraham, el que tuvo con la esclava Agar,  y el que tuvo con su esposa Sara. Dice que Agar la esclava simboliza la ley de Moisés, por lo tanto su hijo esclavo de la ley.  En cambio Sara simboliza la gracia, y su hijo es libre de la ley. Luego agrega que el hijo de la esclava no podía heredar con el hijo de la libre, razón por la cual Agar y su hijo fueron echados fuera. Esto nos revela que el que mezcla la gracia con la ley no heredará el reino de Dios.

Gálatas 5:4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

Y viene la advertencia, el que quiere justificarse a través del cumplimiento de la ley, cae de la gracia porque la está desechando.

Gálatas 5:13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. 5:14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Hemos sido llamados a ser libres, no a ser esclavos, que no usemos confundamos libertad con libertinaje ni para el mal, porque la ley se resume en amar al prójimo, y el que ama al prójimo no le hace ningún daño.

Gálatas 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 5:17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 5:18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

El llamado es que debemos andar conforme al Espíritu, esto es haciendo la voluntad del Espíritu Santo y no nuestra voluntad, porque nuestra voluntad y la voluntad del Espíritu se oponen entre sí. 
Cuando hacemos nuestra voluntad terminamos en las obras de la carne (hechicerías, enemistades, pleitos, borracheras y cosas semejantes) (Gálatas 5:20-21), pero si hacemos la voluntad del Espíritu, entonces veremos en nosotros el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza) y  contra tales cosas no hay ley (Gálatas 522-23).
Pablo concluye su carta con un capítulo 6, en el cual enseña que el andar conforme al Espíritu dará como resultado el que llevemos los unos las cargas de los otros, restaurándonos unos a otros en humildad, con espíritu de mansedumbre, no juzgando  con severidad, dando libremente para las necesidades de los demás y haciendo partícipe de toda cosa buena al que los instruye en el evangelio (Gálatas 6:1-10).
Antes había dicho: "Ojalá se mutilasen los que os perturban" (Gálatas 5:12), aquellos que con sus malas enseñanzas nos pueden quitar la libertad que tenemos en Cristo para que caigamos de la gracia. No los escuches, no te dejes engañar, vive la libertad que Cristo te ha dado y goza de la vida.


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