Jesús asistió a las bodas de Caná, y no se dice por ningún lado que los contrayentes firmasen un documento legal. No existe un solo versículo en la Biblia que se mencione el matrimonio como un acto legal. Tanto el divorcio como el matrimonio legal, es un invento humano que no viene de Dios.
Pero “al principio no fue así", dijo Jesús, refiriéndose al divorcio (Mateo 19:8). En la mente de Dios no cabe la idea de un divorcio, a menos que se sea por causa de fornicación fuera de casa (Mateo 19:9), o sea mediante “adulterio”. Para Dios, el matrimonio no es ningún acto legal, sino la unión indisoluble de dos personas que se aman, para ayudarse y promover la felicidad tanto del uno como del otro.
Los que defienden el matrimonio como un acto legal establecido por Dios, se fundamentan en Génesis 2:24, que dice. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne". y en (Mateo 19:6) cuando Jesús dijo: "Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.".
Pero, allí no se dice que debieron firmar un papel legal, tampoco hubo fiesta, porque el verdadero matrimonio es un compromiso de ayuda y amor eterno ante el Creador y no ante un notario ni ante los hombres. Y Jesús no dijo que "lo que el hombre unió, no lo separe el hombre," lo que dijo fue que "lo que Dios unió no lo separe el hombre".
Y es que Dios une a las parejas a través del amor, no a través de papeles que no tienen ningún valor, porque el único compromiso que vale es que se hace con el corazón. "
"Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. " (Efesios 5:31-32), escribió Pablo. Vea usted que nos unimos a la Iglesia de Cristo a través de la fe y del amor, y no a través de ningún papel. Lo mismo sucede con el matrimonio.
Todos los animales del jardín del edén tenían su pareja, pero Adán se hallaba solo. Dios lo dejó solitario por un poco de tiempo, para que se diera cuenta de la necesidad de una pareja. “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). Una hembra del mundo animal, la más linda e inteligente hembra de la raza de los simios, lo más parecido a un ser humano, no era la ayuda idónea para el hombre, ya que no tenía habla, tampoco sus mismos gustos y mucho menos su inteligencia. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Dios creó al varón a su imagen y semejanza, esto es un ser espiritual, al que introdujo con un soplo, dentro de un cuerpo que formó de la tierra. Luego creó a “la mujer, como un ser con “cualidades físicas y síquicas un poco diferentes” a las del varón. Con la hembra, el varón se sentiría completo. “Ellas” son más sensitivas, ellas son más cariñosas, ellas pueden tener hijos. ¿Qué haríamos sin ellas? Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, dijeron por allí.
“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:21-22).
“Solamente lo que saliera de Adán podría ser ayuda idónea”. Eva era parte de Adán, era una costilla de Adán transformada en mujer, a la que Dios le puso ciertos adornos, le dio cierta sensualidad y la cubrió de gran belleza. Cualquier hombre sin esposa, es un hombre incompleto pues le falta lo mejor de sus costillas. Como Eva salió de Adán, entonces podría tener una identidad mutua con él.
REQUISITOS PARA EL MATRIMONIO:
1. Todo
matrimonio debe ser como el de Adán y Eva: Varón y hembra. El matrimonio entre personas del mismo sexo cabe
en la mente de Dios. En primer lugar porque “no se complementan”. Y en segundo
lugar porque “no pueden multiplicarse”.
2. En
el matrimonio, tiene que existir un amor de verdad, sin intereses materiales de
por medio. Adán y Eva no pensaron en
pensiones ni en herencias. No necesitaron de una ley que protegiera sus
derechos. Solo se vieron el uno al otro, y unieron sus vidas para ser
inmensamente felices. No es necesario
ningún notario porque el matrimonio verdadero es para siempre y es un
compromiso ante Dios, no ante los hombres.
3. En
el matrimonio tiene que haber un compromiso de fidelidad. No se necesitan leyes
sobre el divorcio, porque el matrimonio es hasta que la muerte los separe.
Las leyes sobre el matrimonio y sobre el divorcio fueron originadas por la
infidelidad, por la falta de compromiso y por la maldad del hombre. Estas leyes
nacieron en la mente del hombre, no nacieron en la mente de Dios: “Él les
dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras
mujeres; mas al principio no fue así” (Mateo 19:18). Por la
infidelidad y la maldad ocasionada en el corazón del hombre, fue que Moisés
permitió el divorcio. Pero al principio no fue así. El divorcio no viene de
Dios sino del hombre. Y para que los requisitos matrimoniales que hemos
mencionado se cumplan, debe existir un cuarto requisito, que en realidad es el
primero:
4. Para
que un matrimonio funcione correctamente, ambos contrayentes deben de ESTAR EN
CRISTO. No estoy hablando de religiones. No estoy hablando de ser católico o de
ser evangélico o de otra denominación religiosa, estoy hablando de ser de la
familia de Dios.
Si alguno
de los cónyuges no está en Cristo, el matrimonio no va a funcionar. La palabra
de Dios nos advierte al respecto: “No os unáis en yugo desigual con los
incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y
qué comunión la luz con las tinieblas? Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O
qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14-15).
La palabra
de Dios nos advierte de no unirnos en yugo desigual con aquellos que no están en
Cristo por su incredulidad.
El varón, la
hembra y Dios en medio de ellos, ese es el matrimonio perfecto. Este es el
secreto del matrimonio. No podemos quitar las cosas malas del mundo, ni la
tendencia pecaminosa de nuestros corazones, pero, podemos poner a Dios en
nuestras vidas.
Que el Espíritu
Santo les permita ver esta verdad.
