ESTAS SENTADO EN LUGARES CELESTIALES?

 



 En la carta a los Efesios, el apóstol Pablo nos revela tres cosas maravillosas que le suceden a los que están en Cristo: 1)  Dios los bendijo con toda bendición espiritual, 2) Los resucitó y 3) los hizo sentar en lugares celestiales con Cristo (Efesios1:3, 2:6).

 

Allí no dice que Dios va a hacer esas tres cosas con los que están en Cristo, lo que dice es que es algo que ya ha hecho. El orden de esas cosas es el siguiente

Primero: los resucitó para una nueva vida (Romanos 6:3-5). Los resucitó como Hijos de  Dios para darles una salvación eterna, ya que “no hay ninguna condenación para el que está en Cristo” (Romanos 8:1). 

Segundo: los sentó en lugares celestiales con  Cristo, “librándolos de la potestad de las tinieblas, y trasladándolos al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Lo que sucede es que existen dos reinos espirituales, el reino de las tinieblas  y el reino de Dios. Todos nacemos siendo parte del reino de las tinieblas, pero al pasar a estar en Cristo somos parte del reino de Dios. Al estar en el Reino de Dios, Él nos sienta en lugares celestiales, que son posiciones espirituales en donde “recibimos la autoridad y el poder de Cristo sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero y todas las cosas son sometidas bajo sus pies” (Efesios 1:21-22).

Eso significa que los que estamos en Cristo tenemos poder y autoridad sobre Satanás y sus súbditos. Antes, Satanás y sus ángeles ocupaban un lugar por encima de nosotros, estábamos bajo su poder y autoridad, y Satanás era nuestro dueño y señor. Ahora, Satanás y los suyos bajaron un peldaño y quedaron bajo nuestros pies y nuestro Señor ahora es Cristo Jesús.

Tercero: los bendijo con toda bendición espiritual en esos lugares celestiales: No es un poquito de bendición, es “toda” la bendición que Dios tiene para ti y para mí. No habrá una segunda, una tercera o una cuarta bendición, ya hemos sido bendecidos con “toda bendición” espiritual. Cualquier fracaso no es debido a que el creyente carezca de nada, sino a que no se ha apropiado de lo que ya le pertenece.

Toda bendición espiritual implica que para ti no habrá “ninguna maldición”. No puede haber bendición y maldición a la vez en ti. Si tienes toda bendición, no habrá maldición.

Implica que Dios nos ha sellado con el Espíritu Santo de la promesa, que son las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14). Dios ha puesto un sello que dice: “prohibido tocar, es mi posesión adquirida”. El diablo no puede tocarte al menos que Dios tú se lo permitas.

Además de ser el sello, el Espíritu Santo simboliza “las arras”, o sea la garantía o el compromiso de Dios para contigo en el sentido de que un día serás redimido en tu cuerpo, el cual será inmortal y eterno como el de Cristo.

La bendición espiritual también implica que somos  sabios, justos, santos y redimidos” (1 Corintios 1:30-31). Una vez en los lugares celestiales, nuestro conocimiento de Dios y su  justicia aumentan cada día.

Parte de esa bendición espiritual es que “somos revestidos de Cristo” (Gálatas 3:27), de tal manera que Dios no ve nuestros pecados ni nuestros defectos, lo que ve es lo que nos cubre y eso que nos cubre es Cristo, que es puro y santo.

La bendición espiritual también implica que, somos “la morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22). Vea usted la clase de bendición que Dios nos dado. Cristo en la persona del Espíritu Santo ha venido a morar a nuestro espíritu para guiarnos, para enseñarnos, para fortalecernos y para darnos poder. “Tú ya no vives, sino que Cristo vive por ti” (Gálatas 2:20), él se encarga de vencer el pecado y las tentaciones por ti. Es tu ayudador. Deja ya tu vida pasada y permite que Cristo viva en ti. Déjale a él todas tus cargas y preocupaciones. Eso es posible porque estás sentado en lugares celestiales. Él se ocupará de ti.

Recuerda que desde que te levantas hasta que te acuestas que estás en lugares celestiales y que el enemigo está bajo tus pies. Y, si no estás en Cristo, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16).


 

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