martes, 28 de febrero de 2017

LA GRACIA MANIFESTADA


Descargar pdf


Recién estuve viendo la entrega de los Oscar, donde se premia a los actores y a las actrices por su trabajo. Ellos tienen que esforzarse, hacer un gran trabajo para recibir la gloria de los hombres, pero hay algo más maravilloso que recibir la gloria de los hombres y es recibir la gloria de Dios manifestada en su gracia
Cuando amamos a Dios de verdad, el manifiesta su gracia en nosotros de manera sobrenatural. Es decir Dios nos levanta como en alas de águila sobre los demás de una manera inexplicable.
He tomado de ejemplo tres relatos bíblicos para que comprendamos esa verdad. Los actores principales son un faraón, el rey de Persia y un padre acaudalado.  También hay tres actores de reparto: José, el hijo de Jacob, un judío llamado Mardoqueo y el hijo pródigo.

LA HISTORIA DE JOSÉ

José, el hijo de Jacob fue vendido por sus hermanos a unos mercaderes ismaelitas, y éstos lo  llevaron a Egipto y lo vendieron a un varón egipcio llamado Potifar oficial de Faraón y capitán de la guardia (Génesis 39:1).
Dice la escritura que Jehová estaba con José,  y prosperó a la casa de su amo el egipcio. Y vio Potifar que Jehová estaba con José, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.  Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía (Génesis 39:2-4).
Que Potifar hallará gracia en José, es que vio en José manifestada la gracia de Dios.
Los hermanos de José le quisieron hacer un mal, pero por su amor, aún en las circunstancias negativas, el Señor estuvo con él y le dio su gracia, la cual se manifestaba en todo lo que hacía.
Fue así como Potifar le hizo mayordomo y le entregó en su poder todos sus bienes.
Pero aconteció después de esto, que la mujer de Potifar quería acostarse con José y como éste se negó, entonces lo acusó de intentar violarla.  Y Potifar metió a José en la cárcel (Génesis 39:7-20).
Parecía que todo se acababa para José, pero debido a amor fiel, Dios estuvo con él, le extendió su misericordia y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel.
Nuevamente el jefe de la cárcel vio la gracia de Dios manifestada en José y  entregó en sus manos el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión y todo lo que se hacía allí.  
El jefe no necesitaba atender cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba (Génesis 39:21-23).
Aún en la cárcel la gracia de Dios se manifestaba en José y el Jefe de la cárcel entregó todo en su mano, incluido el cuidado de todos los presos de aquella prisión.
No importa el lugar en donde te encuentres, si amas al Señor, el Señor manifestará tu gracia en ti, te hará sobresalir y ser mejor que todos los demás.
Luego cayeron a la cárcel el panadero y el copero del rey por supuestos delitos contra su mandatario.  Ambos tuvieron sueños una misma noche y Dios manifestó nuevamente su gracia en José para que interpretara sus sueños. José le dijo al copero que lo que su sueño significa era que a los tres días sería restituido a su puesto y al panadero que sería ahorcado. Las cosas sucedieron tal y como José les dijo (Génesis 4o:1-23) porque Dios así se lo había revelado.
Dos años después el faraón tuvo un sueño, el de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas y no hubo en el palacio quien le interpretara su sueño. Fue así como el copero se acordó de José y le contó al Faraón que José le había interpretado su sueño.
El faraón hizo traer a José, el cual  interpretó también el sueño del faraón. Nuevamente la gracia de Dios se vio manifestada en José, quien le dijo al faraón que lo que el sueño significaba era que vendrían siete años de abundancia y siete años de hambre.  Así que le recomendó al Faraón escoger un varón prudente y que supiese administrar la buena provisión de los años de abundancia para cuando viniesen los años malos (Génesis 41:1-36).
Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?  Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa,  y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.  Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;  y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto (Génesis 41:37-43)
Nuevamente la gracia de Dios fue manifestada en José. Dios hizo que a sus tan solo 30 años José fuese nombrado gobernador de Egipto, por debajo únicamente del Faraón.
 A José no le dieron un Oscar, sino que el Faraón puso su anillo en la mano de José, para el mundo, ese anillo es un símbolo de poder; para nosotros los creyentes, ese anillo es un símbolo de la gracia de Dios.
Dios permitió que algunas cosas que parecían malas sucedieran en la vida de José, pero si no hubieran sucedido, es posible que José no hubiera llegado a tan alto puesto.

LA HISTORIA DE MARDOQUEO

El segundo relato lo encontramos en el libro de Ester. Durante los tiempos de la cautividad Babilónica, surgió un hombre que como primer ministro del Imperio, lanzó un ataque contra los judíos e intentó borrar a este pueblo de la faz de la tierra.
Todo empezó cuando el Rey de Persia, al cumplir sus primeros tres años de mandato, decidió hacer un banquete para todo el pueblo. Pero, la reina se negó a participar. Entonces el rey aconsejado por sus asesores, emitió un decreto mediante el cual  ordenó que trajeran a todas las mujeres vírgenes y de buen aspecto del reino para escoger una reina de entre todas ellas.
Las jóvenes fueron apareciendo, una tras otra, y entre ellas estaba una joven muy hermosa de origen judío llamada Ester, que era una de las cautivas que habían sido llevadas de Jerusalén a Babilonia.
Ella había quedado huérfana y su primo Mardoqueo la había adoptado como hija suya. Y la doncella Ester agradó a los ojos del Rey, y halló gracia delante de él, por lo el Rey terminó haciéndola reina seis meses después. Eso sí, Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase (Ester 2:1-18).
Resulta que dos eunucos estaban conspirando para matar al Rey, pero Mardoqueo que estaba sentado a la puerta de la casa del Rey los escuchó y se lo hizo saber a Ester; ésta se lo hizo saber también al Rey quien investigó el asunto y viendo que era cierto mando matar a los conspiradores (Ester 2:19-23).
Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él. Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se arrodillaban y se inclinaban ante Amán, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba porque amaba al único Dios verdadero, ante el único que él podía arrodillarse y humillarse.
Sin embargo, vemos hoy en día, como personas que dicen ser cristianas se arrodillan ante las imágenes y les rinden honra como si fueran dioses. Otros no se inclinan ante las imágenes, pero se avergüenzan de compartir la palabra de Dios, pensando en el que dirán sus amigos, negando con ello su amor a Dios.  
Y los siervos del rey que estaban a la puerta preguntaron a Mardoqueo ¿Por qué traspasas el mandamiento del rey? Aconteció que hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, lo denunciaron a Amán, para ver si Mardoqueo se mantendría firme en su dicho; porque ya él les había declarado que era judío (Ester 3:1-4).
Entonces Amán se llenó de ira, pero no decidió acabar solamente con Mardoqueo sino con todos los judíos que había en el Reino. Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y distribuido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey, y al rey nada le beneficia el dejarlos vivir. 
Entonces el rey lo autorizó para que hiciere lo que le pareciere, y fueron llamados los escribanos del rey y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; en nombre del rey Asuero.  Y salieron los correos prontamente por mandato del rey, y el edicto fue dado en Susa capital del reino.
Y el rey y Amán se sentaron a beber; pero la ciudad de Susa estaba conmovida. (Ester 3:5-15).
La reina Ester les pidió a Mardoqueo y al resto de los judíos que ayunaren por tres días, que se humillaren ante Dios para que Dios actuara.
Al tercer día Ester se atavió con sus vestimentas reales y se fue al atrio interior del palacio del rey, sin saber lo que sucedería, únicamente confiando en Dios, porque la reina no podía presentarse ante el rey sin que éste la llamase. Hacerlo podría hasta costarle la muerte.
Pero la gracia de Dios se manifestó en ella,  y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará. Y Ester dijo: Si place al rey, vengan hoy el rey y Amán al banquete que he preparado para el rey (Ester 5:1-4).
Ester no le pide nada al rey, sencillamente le invita a comer al día siguiente y le pide que traiga consigo a Amán. El Rey mandó a llamar a Amán para el banquete y mientras bebían vino volvió a preguntar: ¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida. Nuevamente la reina insistió en otro banquete para esperar a que Dios actuara.
Aquel día Amán salió alegre y contento de corazón. Pero cuando vio a Mardoqueo en la puerta  y qe no se levantaba ni temblaba delante de él, se llenó de ira, sin embargo se refrenó y fue a presumir con su mujer y sus hijos que no solamente era el favorito del rey sino también de la reina.
Pero todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey”, dijo Amán.
Y le dijo Zeres su mujer y todos sus amigos: “Hagan una horca de cincuenta codos  de altura, y mañana di al rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra alegre con el rey al banquete”. Y agradó esto a los ojos de Amán, e hizo preparar la horca (Ester 5:12-14).
Pero Dios actúo de inmediato e hizo que se le fuera el sueño al Rey aquella noche. Éste pidió que trajesen el libro de las memorias, las cuales fueron leídas delante del rey. Entonces el rey se enteró que fue Mardoqueo el que lo salvó de la muerte cuando avisó a la reina del complot de los eunucos para matarlo. Entonces preguntó que quién estaba en el patio, le dijeron que Amán, el cual estaba allí preparándola horca para Mardoqueo.
El rey hizo traer a Amán y le preguntó ¿De qué manera se podría honrar a alguien? Pensando Amán que el Rey hablaba de él, le dijo: “traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza;  y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él”.
Así se hará, dijo el Rey, “trae a Mardoqueo y has con él como has dicho”. Amán cumplió las órdenes del Rey y luego se fue a contarlo a su familia (Ester 6:1-13).
Fue, pues, el rey con Amán al segundo banquete de la reina Ester. Y mientras bebían vino volvió a preguntar a la reina: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. Entonces la reina respondió: si he hallado gracia en tus ojos, te pido perdones mi vida y la de mi pueblo porque quieren exterminarnos.
El rey preguntó: ¿Quién es, y dónde está, el que quiere hacer esto? Ester dijo: Es este malvado Amán. Entonces el rey se levantó encendido en ira, y se fue al huerto del palacio; y se quedó Amán para suplicarle a la reina. Después el rey volvió al aposento del banquete, y al ver a Amán caído sobre el lecho en que estaba Ester, dijo: ¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa? Entonces ordenó colgar a Amán en la misma horca que éste había preparado para Mardoqueo y se apaciguó la ira del rey (Ester 7:1-10).
Mardoqueo amó a Dios y le fue fiel a pesar de poner su vida en peligro y Dios lo libró de la muerte. La reina le declaró al rey que Mardoqueo era su tío. Entonces el rey lo hizo llamar, se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y se lo dio a Mardoqueo.
Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán. Como el rey no podía anular el decreto, entonces emitió un nuevo decreto, el cual daba facultad a los judíos para que defendieran su vida y acabaran con toda fuerza armada que viniese contra ellos.
Los correos fueron enviados a toda prisa por la orden del rey; y el edicto fue dado en Susa capital del reino. Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos. (Ester 8:1-17). El día que debía ejecutarse el decreto de matar a los judíos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían y los mataron a todos.
La gracia de Dios se había manifestado en Mardoqueo, que pasó de no ser nadie, a convertirse en el segundo hombre más poderoso del imperio, poder que usó para procurar el bienestar de su pueblo y la paz para todo su linaje (Ester 10:1-3).
De igual modo, los judíos empezaron con “lloro y lamentación” (Ester 4:3) y terminaron festejando (Ester 8:17) y con sus enemigos destruidos (Ester 9:1). Por otro lado, Amán, terminó en la horca y toda su familia también fue condenada a muerte.
Estos relatos bíblicos nos dan una lección, aquellos que como Mardoqueo, aman a Dios y confían en él “no serán avergonzados” (Isaías 49:23)

EL HIJO PRÓDIGO

Esta es una parábola contada por el Señor Jesús. Una parábola es una historia que revela el corazón de Dios. Dijo Jesús que un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: dame la parte de la herencia que me corresponde y así fue. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.  Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.  
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!  Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre.
Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.  Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.  Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;  porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. (Lucas 15:11:24)
En este último relato, el Padre es Dios y el hijo pródigo es cualquier creyente que vuelve arrepentido y humillado pidiendo el perdón de su padre. Por esa humillación la gracia de Dios se manifestó en el hijo prodigo.
¿Cuál es el común denominador de los tres relatos. Que el actor de reparto recibe un anillo del actor principal. Es el anillo que simboliza la gracia de Dios.
El último caso era el de un pecador irresponsable, pero la palabra de Dios dice que cuando el pecado sobreabunda, entonces sobreabunda la gracia de Dios (Romanos 5:20), no hay pecado que no sea cubierto por la gracia de Dios.
A José, a Mardoqueo y al hijo pródigo  les iba a ir mal, pero Dios cambió su historia contra todos los pronósticos. Es el favor de Dios por encima de los demás, es su gracia manifestada en aquellos que lo aman.
Al que tiene el favor de Dios se le aceleran los tiempos, es lo que los lleva siempre un paso adelante. Entonces pensamos si será que Dios escoge a algunas personas de manera imparcial, pero no es así,  Dios corresponde al amor y fidelidad de aquellos que no claudican aún en las circunstancias negativas.
¿De dónde viene el favor? No viene de los hombres, viene de Dios. Cuando la gracia de Dios se manifiesta, aún el enemigo de Dios debe agachar la cabeza y obedecer las órdenes de Dios.
Dios puede ordenar a tu jefe incrédulo que te ascienda. Aunque no tengas más capacitad intelectual que otros, Dios puede hacer que obtengas el mejor promedio.
¿Qué es en esencia la gracia de Dios? Gracia viene de gratis, consiste en que Dios no da algo a  cambio de nada, o mejor dicho a cambio de la fe que obra por el amor (Gálatas 5:6).
Para poder alcanzar la gracia de Dios, la persona debe ser convencida de que nada puede hacer por sí misma.
No debemos confundir los logros personales con la gracia de Dios. Esta última se destaca por logros sobrenaturales, por cosas imposibles de lograr por méritos propios. 
La única forma que podamos encontrar la gracia de Dios es por medio de la fe que obra por el amor ¿Qué es lo que eso significa? Que por amor a Dios, dejamos de hacer nuestra voluntad para hacer la suya. Por ejemplo, si alguien nos roba no respondemos, dejamos que Dios se encargue.
Muchos personajes nombrados en la Biblia buscaron y hallaron la gracia de Dios. Uno de ellos fue Rut, la moabita, quien dijo a Noemí: “Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Vé, hija mía” (Rut 2: 2).
La generosidad de Dios se expresó en aquellos que dejaban caer sus espigas, en especial Booz, el patrón y futuro esposo, para que ella y su suegra pudieran alimentarse.
Noé también, dice la Biblia “halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8).
El patriarca Abraham, padre de la fe, dijo: “Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo” (Génesis 18:3).
Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste” (1 Samuel 1:18).
Otro fue el caudillo Gedeón que halló gracia y se encontró con la victoria sobre sus enemigos: “Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo” (Jueces 6: 17).
Finalmente María, la madre terrenal de Jesús, fue avisada por el ángel: “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.” María no tenía que temer de Herodes ni tampoco de las habladurías del pueblo acerca de su maternidad. Había encontrado Su gracia y Él le honraba con el regalo mayor a una mujer: dar a luz al Hijo de Dios.
¿Ha encontrado usted también la gracia de Dios? No es necesario que haga algo especial para encontrarla. No es preciso que haga grandes sacrificios para experimentar la gratuidad del  Señor.
Solamente necesitas amar a Dios. La escritura dice a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Lo que quiere decir, es que Dios puede usar las  circunstancias negativas, como en el caso de José para cosas positivas.
Esto es así, porque hay un propósito por el cual Dios nos llama (Romanos 8:29) y él siempre cumple sus propósitos, si nosotros le abrimos el corazón.  Él hará que lo negativo se convierta en positivo tal y como hizo con José, con Mardoqueo y con el hijo pródigo. Para eso hemos sido predestinados.
Y a los que predestinó, los llamó; y los llamó para justificarlos y los justificó para glorificarlos manifestando su gracia en ellos (Romanos 8:30) y levantándolos por encima de todos.
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:30-32). Dios no nos ha llamado para hacernos mal, sino para manifestar su gracia en nosotros.
Lo único que nos pide es que lo amemos y sabemos que la fe obra por el amor. Jesús dijo: Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos (Marcos 12:30-31).
Lo único que Dios nos pide es amor para el Padre celestial y para nuestros semejantes. Pero no digas que amas a Dios, si aborreces a tus semejantes. Pues el que no ama a su semejante a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano (Juan 4:20-21).
Jesús dijo tuve hambre y no me diste te comer y le preguntaron ¿Cuando fue eso? Él contestó, cuando no lo hiciste con uno de tus semejantes, no lo hiciste conmigo (Mateo 25:42-45).
La historia de José, de Mardoqueo, del hijo pródigo y de muchos otros héroes de la Biblia nos enseñan que Dios quiere manifestar su gracia en todos sus hijos. Muchos se lo impiden porque su fe no está obrando y eso es una señal que falta amor.
Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras (Santiago 2:18) escribió el apóstol Santiago.
El resumen de todo esto, es que Dios está deseando manifestar su gracia en ti, tal y como lo hizo con José y con Mardoqueo. Lo único que necesitas es abrir tu corazón hacia él, hacer que sus propósitos sean tus propósitos y que los tuyos pasen a un segundo plano. Es lo que conocemos como vivir para Cristo (2 Corintios 5:15) dejando de vivir para ti.
Ya vimos que la fe obra por el amor, si no hay amor no haces nada para Cristo, sigues en lo tuyo y niegas tu fe, dice Santiago.
Pero si hay amor, activas tu fe, aprovechas para llevar el evangelio cada vez que se presente la oportunidad, visualizas a Cristo muriendo por ti y entonces, sin ningún egoísmo vives para él. Ya verás como Dios hará que todos tus sueños se cumplan, manifestando su gracia en ti, de la manera que menos imaginas y pondrá en tu mano un precioso anillo de oro. ¡No lo olvides!


No hay comentarios.:

Publicar un comentario