jueves, 30 de marzo de 2017

VENCIENDO LA DEPRESIÓN

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A veces nos encontramos en situaciones que parecen no tener solución, estamos viviendo experiencias negativas que pueden producir en nosotros sentimientos de dolor, de inutilidad, de temor y de culpa, todos esos sentimientos de manera desmedida.
Eso es lo que conocemos como depresión, y  no es un padecimiento de algunos pocos, todos lo podemos sufrir en algún momento. Le sucedió a al profeta Elías, quien le pidió a Dios que le quitara la vida. Le sucedió al apóstol Judas que terminó ahorcándose. Le sucedió al Rey David y hasta el mismo Señor Jesús quien llegó a sudar  gotas de sangre (Lucas 22:44) por temor a lo que debía enfrentar.
La depresión viene de sentirnos vacíos, de sentirnos solos, de sentirnos derrotados, de sentirnos culpables y sin esperanza. Esa desesperanza y esa soledad nacen cuando por ejemplo perdemos el trabajo, o porque padecemos alguna enfermedad; o quizás porque sufrimos un rechazo amoroso, o porque tal vez  perdemos un ser querido; y en muchos casos porque sentimos que le fallamos a Dios.
Lo cierto es que las causas pueden ser muchas, y la depresión puede producir una fatiga mental tan grande que llega a inhabilitar a la persona para pensar correctamente, de allí  que muchos terminan suicidándose.
La depresión a pesar de ser un problema de la mente, puede  manifestarse  en el cuerpo, ya sea produciendo efectos leves como una alergia, o efectos más graves  como la locura, un ataque cardiaco o un derrame cerebral.
La palabra depresión del latín depressio, significa ‘opresión’ o presión externa. Esa presión hace que en algún momento de nuestras vidas nos demos por vencidos al creer que ya no podemos lidiar con una situación en particular, es un  momento de resignación y ese momento de resignación produce la depresión.
Satanás puede usar las circunstancias para llevarnos a esos momentos de resignación y aprovecharse para causarnos daño. Él no puede robarnos la salvación, pero puede robarnos el gozo de la salvación y hasta la vida, si lo dejamos.
Algunas situaciones las ocasionamos nosotros mismos al tomar decisiones equivocadas que nos llevan a sufrir pérdidas en los negocios.
En muchos casos, es el  diablo, el cual usa a nuestros propios familiares, a nuestros propios amigos, a los compañeros de trabajo e incluso a nuestros hermanos de la congregación para que nos señalen, nos critiquen, nos serruchen el piso y hasta nos humillen.
Tratamos por nosotros mismos de salir a flote, no encontramos la solución y es cuando la depresión ataca inmisericordemente.
Pareciera entonces que el mundo se nos viene encima, que hemos sido abandonados por nuestras familias y hasta por Dios, quien pareciera haberse olvidado de nosotros y es allí cuando perdemos hasta el deseo de vivir.
Pero, no es que Dios se haga el sordo, pero él no puede actuar mientras intentemos las cosas en la carne. En el momento en que dejemos de depender de la carne, para confiar en el Padre celestial, es hasta en ese momento en que él puede actuar.
No sé si ustedes saben cómo es  que actúan los salvavidas. Ellos no se meten al agua a salvar una persona mientras esté aleteando, porque podrían ahogarse los dos. Ellos esperan que la persona ya no  tenga fuerzas, que esté como muerto, entonces se tiran al agua a rescatarla. Dios funciona exactamente igual que un salvavidas, él intervendrá hasta el momento en que nos consideremos como muertos (Romanos 6:11) y acudamos a él.
Cuenta la historia que en 1963 un submarino nuclear norteamericano, con lo mejor de la tecnología  estaba siendo probado. El submarino comenzó a sumergirse, y cuando se había sumergido como  a 300 metros,  se perdió la comunicación.  Enviaron a investigar, y encontraron que el submarino estaba como  corrugado.
La  presión exterior del agua, hizo que una soldadura  cediera, y se hiciera una grieta. La presión exterior  fue más grande que la presión interior, e hizo añicos el submarino, éste explotó y murieron 129  personas.
Si la presión exterior, que es conocida como la presión  negativa, es más fuerte que la presión positiva, que es la que está adentro, entonces suceden estas cosas.
Pero esto no solo es cuestión de los submarinos. Todos los seres humanos vivimos bajo presiones exteriores  que nos pueden deprimir y causar una explosión en nosotros.
Son millones de personas las que mueren diariamente por causa del estrés ocasionado por las presiones exteriores. Otros miles no mueren, pero terminan en un asilo para enfermos mentales. Y otros miles se suicidan.
Si la presión no nos mata, nos vence, es el momento de resignación en que nos damos por vencidos. Decimos ya no podemos lidiar con esa circunstancia.

1 Juan 4:4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.

Si bien la presión exterior o sean las circunstancias que nos rodean son muy grandes, más grande es la presión interna que se encuentra en nosotros y que nos salva de explotar. Debemos darnos cuenta que mayor es el que está en nosotros (en nuestro espíritu)  que el que está en el mundo.
No hay ninguna presión externa que pueda acabar con el Espíritu Santo morador. El creyente debe dejar de renunciar a buscar la victoria en la carne y dejar que lo deprimen, de no ser así, explotará como el submarino.

1 Juan 5: 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

El que no tiene al hijo, no tiene la vida y la presión exterior puede destruirlo. Entonces, lo primero que tiene que hacer es tener la vida. Si ya tiene la vida, entonces tiene al hijo de Dios morando en su espíritu, en la persona del Espíritu Santo. Por lo tanto la solución es asirse de esa vida interna para vencer las circunstancias externas que lo presionan.
El Señor permite que pasemos situaciones negativas, a fin de recordarnos que tenemos la vida divina en nosotros, pero que la estamos ignorando.
Debemos tener muy en claro que la gracia de Dios no se limita a darnos la salvación, sino que nos ayuda a vivir una vida de gracia, valga la redundancia. Es decir, a una vida que dependa totalmente del Señor.
Si, por ejemplo, su corazón está siendo traspasado, por algo que lo lleva a llorar en secreto, y usted se siente totalmente desamparado, incomprendido y sin ningún alivio, ganará la victoria completa si se aferra a Cristo.
Y quedará maravillado con la grandeza del poder que le da la victoria espontáneamente, capacitándolo, a su vez, para manifestar la realidad y el poder de la vida del Señor.
Cuando está deprimido,  entonces vence, puesto que la presión de las circunstancias, simplemente comprueban la vida divina que hay en su espíritu.
Leí una vez un artículo cristiano titulado «Sea una máquina de gas». En ese artículo se contaba la historia del propietario de una compañía de gas, que era cristiano.
En cierto momento,  este señor comenzó a enfrentar muchas situaciones adversas. Sus clientes lo acusaban frecuentemente de cosas que no eran ciertas. Personas que negociaban con él, ya no querían hacerlo. Entonces, él trababa en sus fuerzas de resolver todo aquello e incluso oraba a Dios, pero después de orar, su situación sólo empeoraba.
De un momento a otro, todas las máquinas de la fábrica dejaron de funcionar. Ninguno de los técnicos encontraba lo que ocasionaba ese caos. El propietario tuvo que ir a inspeccionar la situación. Entonces descubrió que la maquinaria estaba toda intacta, excepto, que había una pequeña válvula en una caldera, que estaba quebrada. Al estar quebrada la válvula, no se ejercía la presión interna necesaria para producir el vapor y por eso ninguna de las máquinas funcionaba.
En ese momento, él oyó una voz que le decía: «Usted debería ser una máquina de gas». El propietario de la compañía de gas, dice creer  que la maquina le habló, al igual que lo hizo la mula con  Balaamo.
Lo cierto del caso, es que el señor entendió que lo que la voz le estaba diciendo era que él necesita ser una máquina de gas para resistir la presión. Entonces comprendió  que su poder natural no podía soportar la presión exterior, y que para ello necesitaba el poder sobrenatural de Dios.
Cuando los hijos de Dios, quedamos de pie, después de ser empujados por algo mayor que nuestras capacidades humanas,  eso muestra que hay un poder sobrenatural dentro de nosotros que es más grande que la presión que viene de afuera.
Jesús fue crucificado, murió y fue sepultado, eso es un hecho, pero hay algo posterior a ese hecho, es el  principio de la resurrección, que nos habla de que Jesús fue levantado de entre los muertos, nos habla que la muerte no tuvo poder sobre él, porque había en él un poder mayor que el de la muerte. 
Lo maravilloso de todo eso, es que la biblia nos revela que ese supereminente poder que levantó a Jesús de entre los muertos, se encuentra en los creyentes (Efesios 1:19-20).
Quizás seamos muy orgullosos, o nos creemos más inteligentes que los demás. Eso es un impedimento para vivir una vida de gracia. Entonces Dios necesita acabar con nuestro orgullo o  con esa sabiduría humana, que impide que la gracia de Dios se refleje en nosotros, por eso permite que seamos señalados, que seamos ofendidos y hasta humillados.
Esa es una presión exterior que sepulta nuestro orgullo y nuestra sabiduría. Es en ese momento que nos podemos deprimir porque sentimos que no servimos para nada. Pero, en lugar de deprimimos, debemos buscar en nuestro interior la vida divina para que se haga cargo de esa presión externa. Cuando eso sucede, hemos vencido,   ese es el principio de la resurrección.
Dios debe acabar con nuestro orgullo, debe acabar con todo lo que sea natural y que se antepone a la nueva vida en Cristo. Cualquier cosa que sea natural debió quedar sepultada en el bautismo. 
Debes darte cuenta de que fuiste sepultado con Cristo y que ya no vives tú, sino que vive Cristo en tu lugar,  y que lo que vives en la carne, debes vivirlo por fe, es decir, confiado en que el Señor Jesús le hará frente a las presiones externas.
De no ser así, las presiones continuarán hasta que te des cuenta de que  necesitas pasar por el principio de la resurrección, dejando todo en manos de Dios.

Romanos 8:7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8:8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Si vivimos según la carne, es decir dependiendo de nosotros mismos, no podemos agradar a Dios. En consecuencia, Dios permite que la muerte venga sobre nosotros a fin de que experimentemos la vida divina y  aprendamos el principio de la resurrección.
¿Por qué Dios permite que la presión venga sobre usted? Para revelarle, que cualquier cosa  natural, que usted considere capaz de realizar, de soportar y de resistirla, debe ser reducida a la nada.
Usted es presionado para que se rinda y diga: “Señor, no puedo más. Mi fuerza se agotó. Por favor, manifiesta tu poder”.
Dios va a permitir que usted sea presionado hasta que obtenga el poder de él. En aquel punto, la presión se convierte, no sólo en su poder de oración, sino que ella extrae también, el poder operador de Dios.

2 Corintios 12:7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 12:8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 12:10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Pablo tenía una debilidad, él le llamaba un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que le impedía gloriarse de las revelaciones que había recibido, ya que le recordaba su humanidad.
No sabemos de qué se trataba,  lo que sí sabemos es que eso lo presionaba y posiblemente lo deprimía porque sentía que le fallaba a Dios y no dejaba de fallarle.
Si Pablo quería envanecerse por toda la revelación que Dios le había dado, esa debilidad le recordaba día a día que todos sus logros eran de Cristo y no de él. Dios le dijo “bástate a mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.
Dios necesitaba que Pablo dependiera totalmente de él, para poder manifestar su poder. Pablo lo comprendió y entonces manifestó gloriosamente: “De buena gana me gloriaré en mis debilidades para que el poder de Dios se manifieste en mí. Así que me gozaré en las debilidades, en las afrentas, en las angustias, en las necesidades, en las persecusiones porque si soy débil, entonces soy fuerte”.
Así, que si estás sufriendo presiones externas, no te angusties, sino que renuncia a tu “yo”. No te defiendas de las acusaciones injustas, tampoco busques revancha ni te deprimas,  sino que gózate  y reposa en la vida divina que hay en  ti. 
Esas presiones externas te harán más fuerte, porque el poder de Dios se manifestará en ti. Al renunciar a tu yo, verás la gloria de Dios manifestarse. De pronto, los que te acusaban, cambiarán de actitud y hasta se sentirán avergonzados. 

2 Corintios 4:8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 4:9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 4:10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 4:11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 4:12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.

Este pasaje hace referencia a las circunstancias que Pablo vivía diariamente. Si bien Pablo era atribulado, no era angustiado, si estaba en apuros no se desesperaba, si era perseguido, no estaba desamparado. Si era derribado no era destruido.  Todas esas circunstancias negativas hacían que se manifestara la muerte de Jesús, pero también la vida.
Pablo tenía muchas presiones exteriores, pero también tenía un gran poder dentro de sí. Las presiones externas sólo servían para que se  manifestara su poder interior.
Sean cuales fueren las circunstancias en que usted se encuentre, sean suaves o ásperas, Dios quiere que usted manifieste la vida de resurrección de Cristo.

Filipenses 4:13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Dios nos da en Cristo el aliento y las fuerzas que necesitamos para seguir adelante. Sin Cristo es imposible vencer la depresión, pero en Cristo encontramos la fortaleza que nos dará la victoria.

Salmo 34:18 Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. 34:19 Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová.

No te olvides que Dios estás cerca de los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu. No importan las presiones externas que nos lleguen, Dios nos librará de todas ellas.
No te eches a llorar, no te deprimas, no mires las circunstancias, “pon tus ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:2-3).

Salmo 130:1 De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. 130:2 Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos A la voz de mi súplica. 130:3 JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? 130:4 Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado. 130:5 Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado. 130:6 Mi alma espera a Jehová. Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana.

El Rey David sabía que la respuesta a las presiones externas estaban en Jehová. ¿Qué lo ayudó a combatir su depresión? Recordar que Dios no desea que vivamos atormentados por sentimientos de culpa. “Si te acordarás de los pecados”, reconoció “¿Quién podría sobrevivir? Pero en ti hay  perdón, para que seas reverenciado”.
Además de darnos consuelo, Dios promete poner fin a todas las angustias (como la depresión) (Isaías 65:17). Cuando nos consideramos  como muertos y confiamos plenamente en el Señor, las causas del sufrimiento y la depresión desaparecerán, no serán recordadas ni subirán al corazón.
El crecimiento de un cristiano depende de la manera como él lidia con las presiones externas. No debemos olvidar que todas las cosas que nos presionan tienen como propósito entrenarnos para que conozcamos el poder de la resurrección.
A nadie le gusta morir. Nadie quiere dejar de ser el más guapo, nadie quiere dejar de ser el más inteligente, nadie quiere dejar de ser el que sabe más, nadie quiere dejar de ser el  más espiritual ni el más pudiente, todos quieren preservarse vivos, pero mientras eso suceda, vendrán las presiones que causan la depresión.

Lucas 22:42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

El mismo Señor no quería morir, pero renunció a su “yo” y fue obediente. Entonces la gloria de Dios se manifestó en él. Si el Señor no hubiese muerto, no habría resurrección. Ni tampoco existiría la iglesia, que es el fruto de su resurrección.
Muchos cristianos consideran que una  buena vida es aquella que tiene pocas dificultades y angustias. Siempre que se encuentran con alguna cosa dolorosa, ellos piden a Dios que la quite. Esa no puede ser llamada una vida de resurrección.
¿Existe algún hijo de Dios, usado por el Señor que no tenga presiones externas y que pueda pasar todos sus días confortablemente? La respuesta es no.
Si estás viviendo presiones, gloríate en Cristo, porque esas presiones son para que el poder de Dios se manifieste en ti, lo que indica que estás en Cristo  y Cristo en ti y que estás viviendo para Cristo (2 Corintios 5:15).
Cuando vives para Cristo, el reino de las tinieblas se ve afectado, entonces el diablo intentará presionarte de una o de otra manera. No debes contestarle al diablo  en la carne, sino dejar que el Señor se encargue y te lleve de victoria en victoria.
Si no sufres presiones, si todo es perfecto en tu vida, entonces preocúpate, porque Dios no se va a manifestar en ti.
La palabra de Dios no dice que la vida cristiana es un camino de rosas,  más bien dice que es  un camino lleno de cardos y espinas, pero al final del camino hay esperanza:

Romanos 8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Esos caminos de cardos y espinas, esas aflicciones del tiempo presente, las cuales podemos afrontar tomados de la mano de Cristo, no son comparables para nada con la gloria venidera que ha de manifestarse en todos aquellos que se mantengan firmes en la fe.
Como lo dije antes, ahora lo repito, deja de lamentarte, pon los ojos en Jesús que él está esperando que lo hagas para sacarte adelante y liberarte de la depresión y de todo mal que te esté asechando. La victoria no es tuya, la victoria es de  Cristo, tú solamente debes reposar en él.
Por último recuerda que Dios no te ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.  Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (1 Timoteo 1:7-9). Amén!!!

  


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