MALDICIONES GENERACIONALES
En algunas denominaciones evangélicas enseñan la doctrina de las "maldiciones generacionales", según la cual una persona puede heredar una maldición de sus padres, por medio del ADN. Por su parte el catolicismo romano enseña una doctrina semejante, la cual indica que nacemos con el pecado original.
Falso, ambas doctrinas son falsas. Nacemos con una naturaleza pecaminosa, pero no con ningún pecado. No lo digo yo, lo dijo Dios. Resulta que en Israel existía un refrán que decía que los padres se comían las uvas agrias y a los hijos les daba dentera, para dar a entender que los hijos cargaban con los pecados de sus padres (Ezequiel 18:1-4). Pero Dios es contundente y dijo que no usaran ese refrán porque “el alma que pecare esa morirá, el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él (Ezequiel 18:20).
Vea usted que la doctrina católica es falsa, nadie hereda ningún pecado.
También es falsa la doctrina evangélica de las maldiciones que se heredan ¿Existen las maldiciones? Claro que existen. Están tipificadas en la ley de Dios. En Deuteronomio 28:15-17 podemos leer que el que incumplía la Ley de Moisés era maldecido en todo. Sin embargo, no encontramos un solo versículo que diga que esas maldiciones se transmiten de generación en generación.
Los maestros de esa falsa doctrina insisten en que los creyentes necesitan que sean rotas todas esas maldiciones a través de una liberación. Entonces usan terapias, regresiones, sanidad interior y métodos semejantes. Por ello escuchamos constantemente frases como: "Yo cancelo toda obra demoníaca que viene de mis ancestros”; “renuncio a toda asignación satánica sobre mi ministerio”, “rechazo todos los otros sacrificios de sangre donde Satanás haya reclamado propiedad de mi".
Lo que demuestran con esa falsa doctrina es una ignorancia total de la Palabra de Dios, la cual dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en madero. Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo” (Gálatas 3:13-14).
Había una maldición por el incumplimiento de la ley, la cual era condicional a la obediencia del hombre. Si este desobedecía, recibía las consecuencias y la ira de Dios venía sobre él. Pero Jesús cumplió la ley por nosotros y nos redimió de toda maldición. En Cristo toda maldición fue cambiada por toda bendición (Efesios 1:3). Y, es imposible que estemos bendecidos y maldecidos a la misma vez.
2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
En Cristo somos nuevas criaturas sin pasado, no hay maldición alguna que nos alcance, toda maldición se queda en las aguas del bautismo. Y no se molesten los maestros de esa doctrina de las maldiciones generacionales por lo que lo que voy a decir, pero debo decir la verdad. Y la verdad es que esa doctrina no viene de Dios, viene de Satanás, el cual quiere que caigas de la gracia, porque cuando una persona se presta para ser liberada de una maldición, está negando que Cristo la liberó, está negando que Cristo cambió la maldición por bendición, y está desechando la gracia de Dios. Entonces por demás murió Cristo (Gálatas 2:21)
Cuando una persona cree en las maldiciones generacionales, y se presta para una liberación, está pisoteando al hijo de Dios y teniendo por inmunda su sangre. Está diciendo “tengo que ir a que me liberen porque la sangre de Cristo no fue suficiente para mí”. Y con ello está ofendiendo al Espíritu Santo (Hebreos 10:25-31).


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