NOS DESLIGAMOS DE CRISTO AL PECAR?
Por Jesús Vargas
Algunos pastores evangélicos enseñan que nos desligamos de
Cristo al pecar, por eso hay que estar confesando
los pecados y pidiendo perdón por ellos, para volverse a ligar a Cristo ¿Es
eso cierto?
Mi respuesta en un NO definitivo. Nuestra unión con Cristo no es un lazo elástico que se estira y se rompe cada vez que cometemos un pecado. Al estar en Cristo nuestra naturaleza cambió, ahora somos hijos adoptados de Dios (Juan 1:12). Si un hijo se porta mal, el padre puede disciplinar a su hijo por sus faltas, pero nunca dejará se ser su hijo.
Nuestra posición en Cristo es eterna. Esa unión la selló el
Espíritu Santo (Efesios 1:13) y el
sello de Dios no se borra por nuestras faltas. La idea de que el pecado te
desliga de Cristo contradice Romanos 8:1
que dice: “No hay ninguna condenación
para el que está en Cristo”. Y
ninguna es ninguna. No hay ningún pecado que condene al que está en Cristo.
También contradice Hebreos
10:17-18 que es uno de los pilares del Nuevo Pacto. Este pasaje dice: “nunca más me acordaré de sus pecados y
transgresiones. Pues donde hay remisión
de éstos, no hay más ofrenda por el pecado”.
Si Dios no se va a
acordar de nuestros pecados, por qué un pastor evangélicos sí te los recuerda?
Vea usted que la razón por la cual Dios no se va a acordar de nuestros pecados,
o no los va a tomar en cuenta fue porque hubo remisión de éstos, y “la
remisión” en sentido legal “es el
pago total de una deuda hecha por un tercero”, no es un abono, es el pago
total. Ese pago total de nuestros pecados pasados, presentes y futuros lo hizo
Cristo con su sangre preciosa. Si el
pago no fuese total habría que hacer ofrendas o abonos, pero el pasaje dice
claramente que ya no hay nada que
ofrendar porque el pago fue total.
Veamos ahora el fundamento de esos pastores evangélicos para afirmar que cualquier pecado nos desliga de Cristo. Ellos defienden su apuesta basados en 1 de Juan 1:9 que dice: “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Si leemos ese versículo de manera aislada, podríamos decir
que esos pastores tienen razón. Pero si leemos el contexto todo cambia. El
apóstol Juan dice que “el mensaje”
que enseña viene de Dios, y que Dios es luz y no tinieblas. Y
agrega que si andamos en esa luz de
su mensaje, tenemos comunión unos con
otros y con Dios, y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado, es
decir, continúa haciendo su proceso de limpieza en nosotros. Pero, si no
andamos en esa luz y decimos que sí lo andamos, somos unos mentirosos, (versos 5 al 7).
“Tener comunión”
con Dios es estar de acuerdo con la luz de su Palabra. Por ejemplo, si yo digo
que hay alguna condenación para el que está en Cristo, eso sería andar en
tinieblas porque ya vimos que Dios dice que no hay ninguna condenación.
Al llegar al verso
8, Juan dice: “Si decimos que no
tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en
nosotros”. O sea que el que diga que no peca es un mentiroso que no anda en
comunión con Dios.
Seguidamente, en el
verso 9 dice: “Si confesamos
nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad”.
Y este último verso es el verso de la confusión que
parece contradecir la palabra de Dios, pues si tenemos que confesar nuestros
pecados constantemente y pedir perdón por ellos para ser limpiados, eso
significa que Cristo no hizo el pago total de nuestros pecados.
Pero no es así, la confusión nace en la interpretación
que hacen del verbo confesar, pues lo
entienden como recitar los pecados para que Dios los perdone, tal y como hacen
los católicos cuando se confiesan ante
un cura.
Lo cierto es que el verbo confesar viene del latin “confessare
, que se conjuga como: “decir o aceptar”.
Es el mismo verbo que se usa en Romanos 10:9 donde se dice que si
confesamos con la boca que Jesús es el Señor y creemos con el corazón que Dios
lo levantó de los muertos, somos salvos. De hecho, otras versiones de la
Biblia como la Biblia de las Américas o la Biblia de Lenguaje actual, en lugar de confesar usan “aceptar” o “reconocer”.
Todo está en lo que
hablamos porque lo que hablamos es lo que creemos, por eso Jesús dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca”
(Mateo 12:34).
Lo que nos está diciendo el apóstol Juan en el verso
9 es que si aceptamos o reconocemos con
nuestra boca que somos pecadores, la limpieza y el perdón eterno otorgado
por Cristo sigue efectuándose en nosotros. Pero, si dejamos de aceptar que pecamos, esa
limpieza cesará. Y eso no tiene nada que ver con lo esos pastores evangélicos
interpretan como confesar, porque de ser así Juan estaría contradiciendo
totalmente el evangelio, estaría
pisoteando la sangre de Cristo, teniéndola por inmunda y estaría afretando al
Espíritu Santo (Hebreos 10:25-31),
algo que por supuesto no haría.
¿Usted a quién le cree, a los pastores o al Espíritu
Santo? Yo le creo al Espíritu. Allí se las dejo.



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