RECONCÍLIATE PARA QUE DIOS TE BENDIGA

 

Por Jesús Vargas

 

En Mateo 5:23-24, nuestro Señor Jesús dijo lo siguiente: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda".

Las “ofrendas” en el altar eran el acto físico de acercarse a Dios, y eso equivale a la oración. De tal manera que lo que Jesús nos está diciendo es que Dios no va a escuchar nuestras oraciones si  guardamos rencores. Tenemos que dejar el orgullo a  un lado y comunicarnos con aquellas personas que nos hicieron algún  daño y reconciliarnos con ellas para que Dios escuche nuestras peticiones, de lo contrario, nuestras oraciones serán en vano. Y tiene sentido, pues si Dios mandó a su hijo a morir para que se nos perdonaran todos nuestras faltas, lo que no es cualquier cosa, cómo es posible que nosotros no perdonemos a nuestros semejantes.

En  Mateo 6:15, Jesús  dijo: “mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.

Vea usted que el perdón de Dios está condicionado, es una regla de oro, Dios no perdonará nuestros pecados, si nosotros no perdonamos de corazón a quienes nos ofenden y si Dios no nos perdona, estamos en manos del maligno, el cual está dispuesto a hurtar, matar y destruir (Juan 10:10).

 


Muchas personas dicen que ya perdonaron pero viven molestas, con una  hostilidad interna y externa hacia aquellas personas que les hicieron mal, demostrando que les guardan rencor y si les guardan rencor  es que no las perdonaron.

Evidentemente no podemos olvidar el pasado, pero la manera en que lo recordamos, lo cambia todo. Por un lado tenemos la “memoria del dolor”, que funciona como una  alarma que nos protege de futuros daños, pero nos permite procesar el duelo, nos da paz,  y no nos impide relacionarnos con quien nos dañó. Por otro lado tenemos la “memoria del rencor”, que nos quita la paz, niega cualquier relación con quien nos dañó, y  paraliza cualquier sanación. Lo peor de todo, es que bloquea las bendiciones de Dios para con nosotros,

Podemos resumir que el perdón divino y el perdón humano están indisolublemente vinculados. Para recibir el perdón Divino, éste debe fluir hacia quien nos hizo daño, pero el resentimiento bloquea ese canal, cerrándole la puerta a Dios, y abriéndosela al enemigo de Dios para que nos haga daño.

En Romanos 12:20 se nos dice: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza”.

"Ascuas de fuego sobre su cabeza", es hacer que la otra persona sienta una profunda vergüenza al darse cuenta de que no merecía ese buen trato, luego de hacer un daño. En lugar de responder con la misma moneda, la bondad deja al agresor sin argumentos. Esta idea concluye en el versículo 21, que llama a "vencer con el bien el mal".

 

Deja ya de guardar rencor ¿Cómo es posible que  Dios nos perdone todos nuestros pecados, nuestras ofensas, nuestros daños, y nosotros no podamos perdonar de corazón y de verdad a quien nos hizo un pequeño daño? Allí te la dejo.

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

LLEVÓ CAUTIVA LA CAUTIVIDAD

EL REGALO DE LA SALVACION (por Jesús Vargas)

¿QUÉ ES EL EVANGELIO, PARTE 1?