lunes, 23 de mayo de 2016

BÁSTATE A MI GRACIA

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Hay algunos creyentes que son un impedimento para que otros se conviertan a Cristo; también son la causa por la que muchos otros no quieran asistir a las iglesias.  Son los “fariseos modernos”, aquellos que se creen más santos que los demás, y que  están dispuestos a lapidarlos como si ellos estuvieran libres de pecado. Ellos no han entendido lo que significa “bástate a mi gracia”.
Los fariseos eran religiosos que se consideraban a sí mismos justos, exaltándose por creerse más buenos, más santos, y más sabios que los demás. Jesús les llamó hipócritas porque “aparentaban” ser justos, pero su corazón estaba lleno de maldad.
Desdichadamente, las congregaciones evangélicas están llenas de estos fariseos modernos con caras de “yo no fui”, que tratarán de acabar con aquellos que no ocultan  su realidad.
Ellos enseñan que el creyente no se enoja, no se estresa, no desea la mujer ajena, no dice malas palabras, tampoco baila, fuma ni bebe, aunque no practican lo que enseñan.  
Por culpa de estos fariseos, los creyentes,  como una estrategia de defensa, tratan de proyectar una falsa imagen de su realidad, con la esperanza de ser aceptados o ser “buenos testimonios” dentro de la comunidad religiosa.  Además, sienten que no puede servirle a Dios, que son indignos porque no alcanzan el status de “santos” que se les exige.
Pero eso no es lo que enseña la Biblia, ella no nos da esa versión editada y mejorada de los grandes hombres de Dios, sino que los muestra tal y como son, llenos de debilidades.
En la Biblia encontramos a un Pablo que perseguía cristianos para matarlos; a un David que mandó matar a un hombre para quedarse con su mujer; a un Pedro que en un momento tiene revelación divina (Mateo 16:17) y casi inmediatamente es usado por Satanás (Mateo 16:23), y aunque Jesús le da la llaves del reino (Mateo 16:19), él termina negándolo tres veces. Si estás padeciendo señalamientos por los fariseos de tu congregación o te están convirtiendo  en uno de ellos, este mensaje es para ti.

Santiago 5:17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 5:18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
Fíjate que Elías era un hombre sujeto a pasiones, sin embargo Dios lo convirtió en el más grande profeta de todos los tiempos, y es que Dios usa personas reales y no versiones editadas.
Un hombre sujeto a pasiones es un ser humano que se ríe, que se enoja, que se alegra, que se deprime, que peca, es decir, es un hombre  lleno de debilidades como cualquier ser humano.

Mateo 23:13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

Mateo 23:15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

Satanás está detrás de estos fariseos modernos, su presencia presagia peligro pues como dijo Jesús ni entran al reino de los cielos ni dejan entrar a los demás. Y si logran un prosélito, lo hacen dos veces más  hijo del infierno que ellos.

Lucas 1:46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis.

Los fariseos imponen cargas que ni ellos pueden llevar, invitan a los fieles a ser tan santos como Cristo y les impiden disfrutar la vida plenamente, con sus tantos señalamientos.

Lucas 12:1 En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 12:2 Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. 12:3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.

El cuerpo de Cristo no puede cargar con el peso de los fariseos a cuestas, éstos tienen que ser expuestos, es lo que estamos haciendo, porque toda obra oculta dentro de la iglesia debe salir a la luz y todo lo que se hable en tinieblas, debe proclamarse en las azoteas.
Jesús dijo que la levadura de los fariseos era la hipocresía. Como es sabido, la levadura es un hongo microscópico que tiene una importante capacidad para realizar la descomposición mediante fermentación de diversos cuerpos orgánicos, produciendo distintas sustancias.
Por ejemplo, el uso de la levadura en el pan, hace que éste aumente considerablemente su tamaño. Para ello, sólo es necesario guardar un poco de masa fermentada del día anterior y agregarla a la nueva.
Lo que Jesús nos estaba diciendo es que la hipocresía de los fariseos era como la levadura, que se extiende por toda la iglesia, cambiando la naturaleza del evangelio.  
Desde los inicios de la iglesia primitiva, los fariseos cristianos comenzaron a corromper el evangelio (Gálatas 1:6-7), convirtiendo el evangelio de la gracia en un evangelio legalista.

Gálatas 2:21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

El verdadero evangelio no necesita de la ayuda del hombre, no necesita que el creyente se justifique porque  fue justificado en Cristo. No necesita que el creyente se santifique porque fue santificado en Cristo. Si tenemos que justificarnos o santificarnos, por demás murió Cristo.
Jesús dijo que “bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino delos cielos” (Mateo 5:3) ¿quiénes son los pobres en espíritu? El Señor Jesús lo explicó con una parábola:

Lucas 18:9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 18:10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 18:11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 18:12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 18:13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 18:14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Los pobres en espíritu son aquellos que aceptan que son pecadores y entienden que solamente por la gracia de Dios pueden ser perdonados. Los ricos en espíritu son aquellos que creen que son justificados porque dan diezmos, porque asisten una vez a la semana al culto y porque dejaron de beber o de fumar. Se creen inmaculados y libres de pecado, razón por la cual viven tirando piedras a los demás. Pero Dios, justifica únicamente  a los pobres en espíritu, no así a los que se creen justos por sí mismos.
Los fariseos ven el pecado y la tentación en todo lo que los rodea. De hecho, sus hijos se ven limitados, no pueden compartir con los amigos ni vivir una vida normal y terminan revelándose y hasta aborreciendo todo lo que se llama cristianismo.
Los fariseos modernos demuestran con su aptitud dos cosas: 1)  que el Espíritu Santo no se ha forjado en ellos y 2) una total ignorancia acerca del evangelio de Cristo porque el legalismo que los fermenta no les permite ver la verdad.

Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Mientras que los fariseos enseñan que debemos ganarnos el cielo a través de nuestro comportamiento, la palabra de Dios revela todo lo contrario, que somos salvos por gracia, que no es algo que podemos obtener por medio de nuestro comportamiento, que es lo que Dios nos da de manera gratuita e inmerecida a través de la fe, para que nadie se gloríe en su presencia.

Romanos 11:6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

Todo en la vida cristiana funciona de la misma manera, funciona por gracia que se obtiene por fe, para que nadie se gloríe. Si tenemos que hacer algo, entonces ya no es gracia.

Ezequiel 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

No es nuestro esfuerzo lo que nos convierte en mejores personas,  nuestro crecimiento espiritual no depende de nosotros, depende del Espíritu Santo. Dios pone su Espíritu en nuestro espíritu para que podamos andar en sus estatutos, guardar sus preceptos y ponerlos por obra.
Por nosotros mismos jamás podríamos andar en los estatutos de Dios, guardar sus preceptos y ponerlos por obra. Si intentamos hacerlo por nosotros mismos, Dios hará que caigamos una y otra y otra y otra vez.

2º Corintios 13:4 Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros.

Nosotros somos débiles en Cristo, pero vivimos con él por el poder de Dios para con nosotros; entiende esto de una vez por todas. Lo que tenemos que hacer es entregarle nuestros cuerpos al Señor en sacrificio vivo para que tome el control de ellos (Romanos 12:1), eso es todo.
Pablo tenía un aguijón en la carne, algunos creen que era una enfermedad, otros opinan que era algún pecadillo o alguna tentación. Lo cierto es que era una debilidad, podría ser el mal carácter, una limitación emocional, un trauma, un complejo de inferioridad o superioridad, podría ser cualquier cosa.
Entonces Pablo le pidió a Dios que le quitara esa debilidad, pero Dios le contestó que no se la quitaría para que no se exaltara o gloriara sobremanera (2 Corintios 12:7-8). 

2º Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Dios le dijo a Pablo: Bástate a mi gracia, porque mi poder  se perfecciona en tu debilidad. Si pudiésemos vencer el pecado y la tentación, entonces nos gloriaríamos y le quitaríamos toda gloria al Señor, por eso él nos quiere débiles para que repose sobre nosotros el poder de Cristo. Él ha dicho: bástate a mi gracia.
Solemos negar nuestras debilidades, las defendemos, las excusamos, las ocultamos y las resentimos, lo  que le impide a Dios usarlas de la manera que desea hacerlo.

Isaías 55:8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 55:9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. 55:10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 55:11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Creemos que Dios piensa como nosotros, pero no es así, Dios tiene una perspectiva diferente de las cosas, él actúa de una manera opuesta a lo que nosotros esperamos.
Pensamos que Dios  quiere usar nuestras fortalezas, pero lo que quiere es usar nuestras debilidades para su gloria. Dios es atraído a los débiles y considera el reconocimiento de nuestras necesidades como un atributo de los  pobres de espíritu”, para hacer su obra en nosotros.
En Mateo 9:13 Jesús dijo que el no vino a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento, porque el poder de Dios se perfecciona en los débiles.

1 Corintios 1:25 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. 1:26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 1:27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 1:28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 1:29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.

Dios usa a los débiles, a los pecadores como usted y yo, porque no quiere que nadie se jacte en su presencia. La Biblia está llena de ejemplos de cómo Dios ama y usa a los imperfectos, a las personas ordinarias para hacer cosas extraordinarias a pesar de sus debilidades. Si Dios usara los perfectos, nada sería hecho, porque ninguno de nosotros es perfecto.

1 Corintios 1:30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 1:31 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Estamos en Cristo por la gracia de Dios, y es en Cristo, no en nosotros, que Dios nos ha hecho sabios, justos, santos y redimidos, para que el que se quiera gloriar, que lo haga en Cristo.
Cuando pensamos en nuestras debilidades, somos tentados a creer que  Dios no puede usarnos, pero a Dios no lo detienen nuestras limitaciones. De hecho, Él disfruta poner su poder en envases comunes. La Biblia dice en 2 Corintios 4:7 que “tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”.
Al igual  que la artesanía común, somos frágiles, defectuosos y fáciles de quebrar. Pero Dios nos usará si le permitimos trabajar por medio de nuestras debilidades. Para que esto ocurra debemos reconocer esas debilidades y entregárselas a Dios, que es lo que no hacen los fariseos.
Alegrémonos de ser débiles, de tener necesidades y dificultades, porque lo que nos hace fuertes es el reconocer esas debilidades; son ellas las que nos hacen depender de Dios. Él ha dicho, bástate a mi gracia.
Pablo  no se gloriaba en sus fortalezas, sino en sus debilidades, porque es en las debilidades que reposa el poder divino.
Dios usa nuestras debilidades como un regulador que nos previene de no ir muy rápido ni el adelantarnos a Dios.
Dios mandó a Gedeón con  300 hombres a enfrentarse con el ejército madianita compuesto por 135.000 hombres. Esto pareció una fórmula para el desastre, sin embargo lo que Dios le estaba diciendo era: bástate a mi gracia.
Dios quería  que Israel entendiera que no podía vencer a los madianitas por sus propias fuerzas sino por la gracia de Dios.
Mientras que las fortalezas cultivan un espíritu independiente y la persona puede decir: “Yo no necesito de nadie”, nuestras debilidades nos enseñan que necesitamos de Dios; nuestras debilidades aumentan nuestra sensibilidad espiritual.
Dios quiere que tengamos un ministerio parecido al de Cristo en la tierra, lo que quiere decir que otras personas encuentren sanidad en nuestras heridas.
Si no has sido drogadicto no puede ser consejero para los drogadictos, porque lo que les dices sale de tu alma, no te tu espíritu. Si no has sido alcohólico tampoco puede ser consejero de alcohólicos.

Hebreos 5:8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 5:9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;

La palabra de  Dios nos revela que Jesús, aunque era el hijo de Dios, aprendió a obedecer y fue perfeccionado a través del sufrimiento. Si Jesús necesitó pasar por esa experiencia para poder ser perfeccionado, de  igual manera, nosotros necesitamos la experiencia del sufrimiento, de la vergüenza de fallarle a  Dios una y otra vez por causa de nuestras debilidades, para poder ser guías para otros.
Las cosas que más te apenan, las que más te avergüenzan, y las que menos quieras compartir, son las herramientas que Dios puede usar con más poder para sanar a otros.
Pablo nunca escondió sus debilidades, él dijo: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19)”, “Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor” (1 Corintios 2:3).
Puedes tener miedo a bajar tus defensas y a abrir tu vida a otros, porque cuando revelas tus fallas, tus sentimientos, tus frustraciones y tus temores te arriesgas a ser rechazado. Pero  es necesario para el crecimiento espiritual, mientas vivas una vida falsa como la de los fariseos, le impedirás a Jesús que se forme en ti.
Además, reconocer nuestras debilidades, nos ayuda a liberarnos  emocionalmente, nos alivia el estrés, desactiva nuestros temores y es el primer paso para la libertad, mientras más trasparente seas, más recibirás la gracia de Dios. Recuerda que él ha dicho: bástate a mi gracia.
El orgullo te impide crecer espiritualmente, mientras que el reconocimiento de tus debilidades es el camino hacia la intimidad con Dios.
Si todo lo que los creyentes solo ven fortalezas en los otros creyentes y en especial en sus líderes, se desalientan. Pero cuando ven a Dios usándolos a pesar de tus debilidades, eso los consuela y les da esperanza de ser utilizados por Dios. Las fortalezas crean competencias, mientras que las debilidades producen comunión.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9), dijo Pablo. Al igual que Pablo, en vez de mostrarte santo e inmaculado, preséntate como un trofeo de gracia.
Cuando Satanás apunte a tu debilidad, en lugar de desanimarte, debes gloriarte  para que el poder de Cristo repose en ti.

Génesis 32:24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 32:25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.32:26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.32:27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 32:28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Algunas veces, Dios convierte una fortaleza en debilidad para podernos usar. Jacob era un manipulador que todo lo hacía en  sus fuerzas. Una noche, mientras luchaba con el ángel de Dios, dijo: “No voy a dejarte hasta que me bendigas”. Dios le respondió: “Está bien”, pero entonces le agarró el muslo a Jacob y se lo descoyuntó.
¿Qué significa eso? El muslo es el músculo más fuerte del cuerpo. Dios dislocó el muslo de Jacob para quitarle la fuerza. Lo que eso significa es que de ese día en adelante  Jacob no podía apoyarse en sí mismo, Dios transformó su fortaleza en debilidad.
Jacob significa “suplantador”; “el que reina”. Dios le cambió el nombre por Israel que significa “Dios reina”. Después de eso, Jacob quedó renco para siempre y dejó de hacer las cosas por sí mismo, comenzó a apoyarse en Dios.  Y Dios pudo usar a Jacob, solamente después de que convirtiera su fortaleza en debilidad.

1 Timoteo 1:15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

En la primera carta a Timoteo, Pablo confiesa ser el primero de los pecadores. En Romanos 7, versos 15 al 25 en adelante, vemos a un hombre que quiere hacer el  bien, pero termina haciendo el mal, se lamenta y se siente miserable. Esto es lo que le sucede a todos aquellos que no conocen la gracia, tratan y tratan y no pueden lograr la victoria, van de derrota en derrota.
Entonces Dios le hace ver que no hay condenación alguna para el que está en Cristo Jesús, el que no anda conforme a la carne sino conforme al Espíritu  (Romanos 8:1-2), en otras palabras el que acepta sus debilidades y reposa en Cristo para que Cristo venza por él.
Veamos el caso de David, era un pecador que se lamentaba una y otra vez de sus pecados, pero él no ocultaba esas debilidades, en muchos de los salmos las reconoce y le pide a Dios misericordia. David dijo:

Salmo 32:1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 32:2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad.

Eso somos nosotros. Dios nos ha perdonado todos nuestros pecados y ha prometido nunca más acordarse de ellos (Hebreos 10:17). El problema del pecado es un problema resuelto para el creyente que está en Cristo Jesús. Él no se acordará de tus pecados porque Jesús pagó por todos ellos, y usará tus debilidades para perfeccionar su poder en ti.

Gálatas 3:27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Dios no ve nuestra vestimenta pecaminosa, él nos ve revestidos de Cristo, nos ve cubiertos con la santidad de Cristo. El pecado es un asunto del viejo hombre, no es un asunto de la nueva criatura, la nueva criatura no tiene pecado.
Fuimos crucificados con Cristo, el que vive ahora es Cristo en nosotros (Gálatas 2:20) y Cristo no tiene pecado. Lo único que queda de nosotros es la carne (la habitación terrenal del espíritu) y lo que vivimos en la carne lo debemos vivir por fe no por vista, dejando que Cristo en la persona del Espíritu Santo tome el control.
No te dejes llevar por la levadura de los fariseos, sé tú mismo, muéstrate tal como eres, sin hipocresías, sin careta y el Señor hará la obra en ti. Recuerda que el poder de Dios se perfecciona en tus debilidades, y él ha dicho: “bástate a mi gracia.




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