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FARISEOS MODERNOS

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Muchas personas que no se convierten a Cristo porque entienden el cristianismo como una pérdida de la libertad. Entienden que convertirse significa que ya no pueden divertirse ni disfrutar la vida como antes porque para el “convertido todo es pecado”.
Y tienen mucha razón en pensar de esa manera, ya que una gran mayoría “de convertidos” son santulones, amargados y criticones. Antes de convertirse,  iban a bailar con sus parejas,  pero luego de convertidos ya no lo hacen porque es pecado. Antes de convertirse, sus hijos podían escuchar la música que quisieran, pero después de convertidos solo se les permite escuchar música cristiana pues la otra música los contamina.  No tomes, no comas, no cantes, no bailes, no veas tele, no compartas” es lo que sale de la boca de los recién “convertidos”; sus casas son las “casas del NO”.
Si otros creyentes siguen una “vida normal”, ellos los van a señalar como “falsos cristianos o cristianos carnales” que se burlan de Dios. Para la gente  que la rodea,  ellos no se convirtieron en nada bueno, sino en “verdugos” que los acusan y los condenan de día y de noche. En lugar de atraerlos al evangelio, se han convertido en piedras de tropiezo, pues nadie quiere saber nada del evangelio por causa de sus juzgamientos. De hecho, hay miles de familias destruidas por causa de la “conversión”.
Y es que muchas iglesias evangélicas se han convertido en “piedras de tropiezo” porque están llenas de fariseos modernos. En ellas, las mujeres no pueden maquillarse ni usar faldas, su pelo debe ser largo y el de los hombres debe ser corto, nadie debe tener tatuajes, usar aretes ni jugar juegos electrónicos porque son del diablo, mucho menos ir a bailar, ir a cantar o tomarse una cerveza.
Allí también vas a escuchar: “No comas, no bebas, no hagas esto o aquello”, porque esas son las frases abundantes en esas iglesias, las cuales, en lugar de atraer nuevas personas a Cristo, las alejan.
En esas iglesias enseñan que “dar testimonio” es “dejar de hacer algo”, es dejar de fumar, dejar de beber,  dejar de vestirse de cierta forma, para que los demás vean un cambio en sus vidas.
Pero dar testimonio no es “dejar de hacer algo” para gloriarnos, sino “hacer algo” para la gloria de Cristo ¿De qué sirve que yo deje de fumar o deje de beber sino le llevo la luz del evangelio a nadie.
Lo que atrae a las personas y las hace escuchar el evangelio es el amor. Y el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;  no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Corintios 134: 4-7).
Debemos tener muy en claro que  la vida cristiana es una vida de amor, y esa vida de amor es por gracia”. Romanos 5:5 dice que Dios derrama su amor en nuestros corazones cuando nos da su Espíritu. Eso sucede el día  del bautismo (Hechos 2:38) y eso implica que el amor que hay en nuestros corazones es por gracia, no es algo de nosotros.
La conversión se resume en que nos convertirnos en hijos de Dios. El día que nacemos de nuevo, Dios nos cambia el espíritu por un espíritu nuevo y pone su Espíritu en nuestro espíritu con el propósito de que podamos hacer su voluntad (Ezequiel 36:26-27). Además nos cambia el corazón por un corazón  nuevo y derrama su amor dentro de nuestro nuevo corazón para que podamos dar testimonio.
Los convertidos que señalan y que acusan a los demás, en realidad no se han convertido en hijos de Dios, se han convertido en evangélicos, en religiosos, en fariseos, pero nunca se han convertido en hijos de Dios porque no  se nota en ellos el amor de Dios.
En la vida cristiana, todo es por gracia, es por gracia que recibimos el Espíritu Santo, es por gracia que Dios derrama su amor en nuestros corazones, es por gracia que Dios nos da la sabiduría espiritual, es por gracia que somos justificados, es por gracia que somos santificados y es por gracia que somos redimidos (1 Corintios 1:30 ).  
Lo que te estoy diciendo es que es por gracia que podemos experimentar un cambio en nuestro comportamiento, nada en  Cristo es obra de la carne, “para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9), como está escrito: “El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:31).
Jesús no vino a condenar al mundo sino a salvarlo  (Juan 3:17). Si Jesús no condena a nadie ¿Por qué los “convertidos” condenan a todo mundo? La respuesta es que al igual que los fariseos de la época de Jesús, el amor de Dios no ha sido derramado en sus corazones.
Los fariseos se consideraban  santos,  mientras  que para  ellos, los  demás  eran unos pecadores. Vivían señalando a los demás y dándoles cargas que ellos no cargaban (Mateo 23:4). Jesús los desenmascaró y les llamó sepulcros blanqueados, porque eran blancos por fuera pero por dentro estaban llenos de gusanos.  Como ellos, hay miles de evangélicos que aparentan santidad pero están llenos de inmundicia.
Debemos tener muy en claro que no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). El que tiene a Cristo tiene paz en su corazón y no siente que haya nada en su caminar ni en el ambiente en el que se desenvuelve que lo condene ni que lo haga perder su salvación. Pero, el fariseo moderno  ve la condenación por todo lado, porque su fe es débil  ya que se basa en su comportamiento y no en la gracia,  hasta siente las llamas del infierno a todo lugar que llega.

Romanos 14:23 dice: "Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado."

El hijo de Dios come y bebe sin preocupación alguna porque todo lo que hace, lo hace confiado en que nada lo condena, por su fe en Cristo. Pero el fariseo pone en duda si lo que come o bebe lo puede condenar. Y es precisamente esa duda lo  que lo condena, porque el que duda, duda  porque no tiene fe de que ya fue perdonado.
La fe del fariseo está basada en su voluntad  y en su buen comportamiento, es decir en las obras de justicia y no en la gracia de Dios. No ha entendido que el justo vive por la fe (Romanos 1:17) y no por su comportamiento.
Aunque estemos en Cristo vamos a pecar, de eso no hay la menor duda, si decimos que no pecamos, hacemos a Dios mentiroso y su palabra no está en nosotros (1 Juan 1:10), pero el que practica el pecado es del diablo (1 Juan 3:8). Una cosa es pecar y otra es practicar el pecado, o sea hacer del pecado una forma de vida. Y los que estamos en Cristo pecamos pero no practicamos el pecado y dejamos de hacer muchas cosas por gracia, por nuestro esfuerzo.
Lo único que Dios nos pide es que pongamos nuestros cuerpos como sacrificio vivo en el altar (Romanos 12:1), es decir que le entreguemos nuestras vidas para que él se encargue.

Juan el bautista no comía pan ni bebía vino y decían que estaba endemoniado. Por su parte el Señor Jesús se juntaba con los pecadores y comía y bebía con ellos y lo señalaban como comelón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores. (Lucas 7:33-35). Ante esas críticas, el Señor Jesús dijo que “la sabiduría es justificada por los hijos”. ¿Qué es lo que quiso decir? Que lo que  importa es que engendremos hijos espirituales. Hay personas que no bailan, que no beben, que no fuman, pero tampoco engendran hijos espirituales.
Los fariseos” te van a señalar, siempre, dirán que tienes demonio o te dirán comilón y bebedor de vino,  pero no importa lo que digan si eso lo aprovechas para llevar personas a Cristo. Eso es sabiduría, sabiduría no es criticar, señalar y dar desamor.

No es buen árbol el que da malos o buenos frutos sino el que da frutos, dijo Jesús (Lucas 6:43-45). No es un asunto de comportamiento sino de producción. No se  cosechan higos de los espinos ni de las zarzas se vendimian uvas. De la higuera se cosechan higos, de la zarza las zarzas y del cristiano se cosechan cristianos. El hijo de Dios, al igual que el árbol, se conoce por los hijos que produce, no por su comportamiento, aunque su comportamiento será cada día mejor, no por su esfuerzo sino por la gracia que Dios derrama sobre él cuando dispone su  corazón a las cosas de Dios.

Jesús les dijo a los apóstoles que oraran porque aunque el espíritu está dispuesto, la carne es débil. (Mateo 26:41) Lo que les estaba diciendo es que se apoyaran en el Señor y no en ellos mismos.

Dice Gálatas 5:17 que el deseo de la carne es contra el Espíritu (en mayúscula), o sea que es contra el Espíritu Santo, no es contra usted. Usted no puede vencer los deseos de la carne, eso es un trabajo del Espíritu Santo. Si  usted se esfuerza por vencer los deseos de la carne, se pone bajo la ley, y si se pone bajo la ley, se pone bajo condenación. Lo que tiene que hacer es ponerse en manos de Dios y confiar en que el Espíritu Santo vencerá por usted.
No te estoy diciendo que vayas a pecar porque gracia no es pecar, pero divertirse tampoco es pecar. Usted no encontrará un mandamiento de la ley que así lo diga. A su debido tiempo, el Espíritu Santo te quitara el gusto por algunas cosas que no convienen.
Ahora, Dar testimonio no significa abstenerse de hacer algo o  dejar de hacer algo, dar testimonio es dar una declaración. Eso es lo que hace un testigo en un tribunal, no llega a decir que ha dejado de fumar, llega a “hablar de lo que sabe  en un caso.

Ananías le dijo a Pablo que había sido escogido por Dios para ser testigo de lo que había visto y oído de Cristo Jesús (Hechos 22:15). Pablo no iba a hablar de los cambios en su vida, sino de Cristo. Dar testimonio no es maquillarse y mostrar otra cara al mundo, con eso no se ganan almas.

La orden de Jesús a los discípulos no fue que fueran a dar testimonio de ellos, sino a dar testimonio de Cristo (Hechos1:8)

Para el fariseo, el creyente debe abstenerse de todas las cosas del mundo y dejar de compartir con los mundanos; sin embargo, nuestro Señor Jesús enseñó todo lo contrario. En Mateo 9:10-13 podemos ver que los fariseos eran tan débiles en la fe que  criticaron a Jesús porque compartía con los pecadores y publicanos. Al oírlos Jesús les dijo que los sanos no tenían necesidad de médico sino los enfermos. Jesús les dijo: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio”.
La palabra sacrificio tiene dos significados: el primer significado es ofrendar o dar algo a cambio. Esto lo podemos ver en el Viejo Testamento, donde los sacerdotes sacrificaban animales a cambio del perdón provisional de pecados. Pero, en  el nuevo Testamento dice: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado" (Hebreos 10:17-18).
Bajo el nuevo pacto no tenemos nada que ofrendar, porque Jesús se ofrendó por nosotros y obtuvo eterna redención con su sangre (Hebreos 9:12).
El segundo significado de sacrificio es abstenerse voluntariamente de hacer algo con un  fin.  El  fariseo manda a  sacrificarse, manda a abstenerse de comer, de beber, de divertirse porque para él todas esas son cosas del mundo. A este segundo significado de sacrificio fue al que se refirió nuestro Señor Jesús cuando dijo que no quiere sacrificios, que lo que quiere es misericordia.
Misericordia es una virtud que lleva a los seres humanos a compadecerse del mal ajeno. Las personas tienen muchos males pero hay uno que está por encima de todos y es el pecado que los tiene destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).
El hombre necesita conocer la verdad del evangelio para ser perdonado  y ser restituido a la gloria de Dios.  No es absteniéndonos de hacer algo, que ayudamos a esas personas, sino llevándoles el evangelio con amor. La fe es por el oír la palabra de Dios (Romanos 10:17). Ellos deben oír para obtener la fe, pero si los aislamos, si los evitamos no les ayudamos en nada.
Dios se refleja en nosotros a través del amor, no se aleje de los pecadores, no los critique, deles amor y entonces querrán saber lo que tienes que decirles.
Los fariseos no reflejan a Cristo, porque Cristo es amor y perdón; ellos reflejan a Satanás porque el diablo es el acusador de nuestros hermanos.
Ellos ven la condenación por todo lado y viven pregonando que  divertirse, que escuchar música secular, que ver televisión, que participar de las actividades sociales son cosas del mundo como si ellos no vivieran en el mundo. ¿Qué dice la palabra de Dios?

La palabra de Dios enseña que todo es lícito para el hijo de Dios, pero éste no se debe dejar dominar o enviciar por nada, porque no todo conviene y no todo edifica (1 Corintios 6:12. 10:23). Por eso Dios nos dio al Espíritu Santo, para que nos guíe, su luz se encenderá, entonces metemos el freno y damos marcha atrás.

El evangelio nos llama a no menospreciar al prójimo por causa de lo que come o no come, de lo que bebe o no bebe, porque solamente Dios tiene potestad para juzgar, pero Dios lo mantendrá firme (Romanos 14:3-4).  Este asunto no se limita únicamente a la comida o a la bebida sino a las demás actividades de la vida diaria. 
El fariseo es débil en la fe y esa debilidad lo convierte en una verdadera piedra de tropiezo para que otros alcancen la salvación y la libertad de los hijos de Dios también puede ser una piedra de tropiezo para ellos porque no entienden la gracia, no es un asunto fácil de manejar.
Nada es malo en sí mismo, no es malo comer, no es malo beber, nada es malo, pero para el que piensa que algo es malo, para él lo es porque su conciencia lo condena. El reino de Dios no es comida ni bebida, en otras palabras éstas cosas no son de importancia en el Reino de Dios, lo que es importante es la justicia, la  paz y el gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:13-17).
El problema es que el hijo de Dios se puede convertir en un fariseo, haciendo cosas o dejando de hacer cosas en las que no cree por el qué dirán, pero eso es un arma de doble filo, porque el neófito puede creer que eso es lo correcto y se puede iniciar con los fundamentos equivocados. 

Veamos un ejemplo real: El apóstol Pablo resistió a Pedro cara a cara porque era de condenar (Gálatas 2:11-13),, porque de acuerdo con la ley de Moisés, los judíos no podían comer junto con los gentiles porque eran inmundos. Pero bajo el nuevo pacto ya no había nada inmundo, Pedo había recibido una revelación de parte de Dios en ese sentido y comía con los gentiles cuando no habían judíos. Pero cuando habían judíos presentes, se apartaba de los gentiles porque tenía miedo de lo que dirían los judíos. Además, por causa de los judíos obligaba a los gentiles a circuncidarse y andar conforme a la ley. No era lo correcto, pero Pedro lo hacía por hipocresía, para quedar bien con los judíos, convirtiéndose en un verdadero fariseo. Lo malo es que los gentiles estaban creyendo que circuncidarse era lo correcto.


Pablo reprendió a Pedro porque no andaba conforme a la verdad del evangelio y le recordó que el hombre no es justificado por las obras sino por lo que cree, por cuanto  por las obras nadie será justificado (Gálatas 2:14-116).

Estamos muertos para la ley, ella no tiene ningún efecto en el hijo de Dios. Con Cristo fuimos crucificados en el bautismo (Romanos 6:3-5) y ya no vivimos nosotros, ahora es Cristo el que vive por nosotros, él ha tomado nuestro lugar y se encarga de nuestras vidas.
Si tenemos que hacer algo o dejar de hacer algo para no ser  condenados entonces por demás murió Cristo y estaríamos desechando la gracia de Dios.
Satanás se encuentra en la tierra para acusar a los hermanos en  Cristo (Apocalipsis 12:10), pero los vencedores lo vencen por la sangre del Cordero que los ha limpiado de todo pecado, y por dar testimonio de Cristo hasta la muerte (Apocalipsis 12:11), no por dejar de comer o de beber esto o aquello.

El creyente está muerto con Cristo, en cuando a los rudimentos del mundo. “No tomes, no toques, no gustes”, no son mandamientos que vienen de Dios, son doctrinas de hombres que se destruyen con el uso. Esas cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo", nos dice Pablo, pero ponga mucha atención. “no tienen ningún valor contra los apetitos de la carne”. (Colosenses 2:20-23) Esto es así, porque nadie, absolutamente nadie puede vencer la carne, sino únicamente el Espíritu Santo.  

ecuerda entonces que todo es por gracia, no les pongas atención a la enseñanza de los fariseos porque van a debilitar fu fe. Ya lo sabes.








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