LA LEY DEL ESPIRITU DE VIDA EN CRISTO JESUS

 

Por Jesús Vargas.

Parece mentira, pero nunca en mi vida  he escuchado a un “sacerdote” católico o a un pastor evangélico, hablar de la LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA en Cristo Jesús, siento esta la ley más  importante en nuestras vidas.

Lo cierto es que de acuerdo con la Palabra de Dios existen cuatro leyes: 1) la Ley de Dios, 2) la Ley del Pecado y de la muerte, 3) la ley de la mente, y 4) la Ley del Espíritu  Vida en Cristo Jesús. 

La Ley de Dios es la ley que Dios le dio a Moisés, y contiene todos los mandamientos que Dios ordena que debemos cumplir para no ser condenados. Pero no la cumplimos porque existe otra ley que nos lo impide. Esa es “la ley del Pecado” que mora en nuestros miembros y, que nos rebela contra la “Ley de nuestra mente” (Romanos 7:20-23), que no es otra cosa que nuestra “conciencia”, que tiene voluntad, pero no el poder para vencer a la ley del pecado.

Pues bien, La “ley del Pecado y de la muerte” opera directamente en nosotros, haciendo que desobedezcamos a “la ley de Dios”, y a la “ley de  nuestra mente” o conciencia. Dicha ley hace que el hombre peque de manera constante y sin esfuerzo alguno, e incluso contra su voluntad. Es algo que el hombre no puede evitar. No hay ningún hombre que haya podido vencer la Ley del pecado, excepto Jesucristo. Pero Él lo pudo hacer porque tenía al Espíritu Santo morando en su espíritu. 

Ahora, nunca debemos confundir “pecado” con “pecados”. “El pecado” es esa Ley que nos hace cometer pecados, es la fábrica de pecados. Como es una ley, el hombre siempre peca por ley. Ahora, Dios dictó su ley, mediante la cual estableció que la “paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23), por eso, a la ley del pecado, también se le llama la “Ley del pecado y de la muerte” porque no solo nos hace pecar, sino que nos condena a la muerte eterna.

Para entenderlo mejor, el apóstol Pablo hace una comparacilón. Dice que de acuerdo con la ley de Dios, la mujer está sujeta al marido mientras el marido esté vivo. Si  estando vivo el marido, ella se separa para unirse a otro es una adúltera. La única forma de que la mujer quede libre del marido es que su marido muera (Romanos 7:2-3). Pues bien, así como la mujer casada está sujeta a su marido mientras éste viva, nosotros estamos sujetos a la Ley de Dios mientras estemos vivos (Romanos 7:1) y debemos cumplirla. Y, como la ley de Dios es eterna (Salmo 111-:7-8, Mateo 5:17-19), no tendríamos ninguna esperanza de liberarnos de ella, a menos que muramos para la ley de Dios ¿Y cómo es eso?.

Bueno, suponga que usted comete un delito, entonces la policía viene y lo arresta para que un juez le aplique todo el peso de la ley ¿Pero qué sucede si usted se suicida antes de que lo arresten? Queda libre de la ley porque ningún juez ha condenado jamás a un muerto.  Así es como Dios resolvió el asunto, haciendo que fuésemos nosotros los que muriéramos para su ley. Y esa muerte es en semejanza, a través del BAUTISMO, porque en las aguas del bautismo sepultamos al viejo hombre pecador nacido de Adán (Romanos 6:3-5). Entonces, la ley de Dios no puede condenarnos porque hemos muerto para la ley, y el que ha muerto para la ley ha sido justificado del pecado dice Romanos 6:6. La ley de Dios sigue allí pero no puede condenarnos porque estamos vivos pero muertos para la ley.

Pero en el bautismo no solamente morimos para Adán, sino que también resucitamos para Cristo, dejamos de estar en la familia de Adán para estar en la familia de Cristo. Entonces, mediante el bautismo, estamos en Cristo y muertos para la ley,  y  podemos sentirnos tranquilos, porque no hay “ninguna condenación” para el que está en Cristo Jesús (Romanos  8:1-3), y   no hay ninguna condenación para el que está en Cristo, porque Dios ha establecido para el que está en Cristo una nueva ley, la ley del Espíritu de Vida en Cristo que nos libra de la condenación de la ley del Pecado. Y es que Dios envió a su hijo en semejanza de carne de pecado y condenó al pecado en la carne. Dios no quitó la ley del Pecado, lo que hizo fue condenarla, o sea anularla, quitarle el poder de condenación (Romanos 8:2-3).

Hasta aquí Dios ha resuelto el problema de nuestra condenación. La preocupación ahora no es la condenación, la preocupación es que no queremos seguir pecando. Lo cierto es que tampoco debemos preocuparnos por eso, porque Dios también resolvió ese problema a través de la misma “Ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús.”  Así como la ley del pecado nos hacía pecar y nos condenaba a muerte, la ley del Espíritu de vida  nos da vida eterna y nos libra de pecar cada vez menos. La ley del Espíritu de vida en Cristo no es otra cosa que el Espíritu Santo dentro de nosotros. El día del bautismo Dios pone su Espíritu dentro de nuestro espíritu (Hechos 2:38, Ezequiel 36:27), para que haga ese trabajo en nosotros. No eres tú el que deja de pecar, no eres tú el que puede vencer el pecado y la tentación, es la obra del Espíritu Santo. Si tratas de hacerlo por tus fuerzas, entonces “caes de la gracia” (Gálatas 4:5), porque estás rechazando la gracia de Dios que opera en ti a través de su Espíritu, y  por demás murió Cristo (Gálatas 2:21).

Vive tranquilo, vive mediante la fe, vive en gracia, sin preocuparte por tu condenación, ni por tus pecados porque nuestro Padre Celestial y su hijo Jesucristo ya resolvieron esos problemas por ti y por mí, gracias a la Ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús.

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