viernes, 28 de abril de 2017

ADONDE VAN LOS MUERTOS?

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Para morir, el único requisito es estar vivo, la muerte, puede visitarnos en cualquier momento. Un paro cardiaco, un accidente o una enfermedad, podrían acabar con nuestra vida. Esa es una realidad de la que no podemos escapar. Ahora, ¿Ha pensado usted, a dónde iría, si muriera en este momento? ¿Cómo saberlo? A través de la  Biblia que es la palabra de Dios. Ella es la única fuente cierta que tenemos acerca del origen del hombre y de su destino final.

Génesis 1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.

La Biblia revela que Dios creó al hombre conforme a su imagen y semejanza ¿Qué es lo que eso significa? La respuesta la encontramos en Juan 4:24. Allí se dice que Dios es espíritu, lo  que significa que si somos creados conforme a su semejanza es que somos espíritus como él. Y que seamos creados a su imagen, es que  reflejamos a Dios en nosotros.
Dice Génesis 2:7  que “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Ese soplo de vida es el espíritu porque es el espíritu el que da vida (Juan 6:63).
Entonces Dios formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra, posteriormente y mediante un soplo de vida le introdujo el espíritu, y así el hombre fue un ser viviente, con la naturaleza de Dios (espíritu)  pero  también   con  la naturaleza terrenal (cuerpo).
Por eso la palabra de Dios dice que el hombres es espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23), es decir, el hombre es un espíritu que posee un alma y que mora en un cuerpo. El alma la componen la mente, la voluntad, las emociones y los sentimientos. El cuerpo es el vestido del hombre, es lo que vemos y es temporal, pero el espíritu no lo vemos, es invisible y es eterno.
Cuando el vestido del hombre se deteriora y ya no sirve para nada, entonces se sucede la muerte del cuerpo, el cual vuelve a ser polvo. Entonces es hora que el espíritu vaya  al lugar que Dios le tiene preparado. Es aquí donde entra el evangelio y donde nos hacemos la pregunta ¿A dónde van los muertos?

La Biblia dice en Eclesiastés 12:7  que al morir, el cuerpo del hombre vuelve al polvo donde fue tomado y el espíritu al lugar que Dios le tiene preparado.
Luego de crear al hombre Dios puso dos árboles en el jardín del edén. Si el hombre comía del árbol de la vida, obtendría vida eterna, pero si comía del árbol de la ciencia del bien y del mal, entonces moriría. El hombre fue advertido:

Génesis 2:16-17 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Desdichadamente apareció Satanás, disfrazado de serpiente y dijo: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4-5).
Satanás sembró la duda, dijo que Dios estaba mintiendo, que no morirían sino que serían como Dios ¿A quién le creyó el hombre? Le creyó a al diablo y no a Dios y comió del fruto prohibido.
Entonces un espíritu con el sobrenombre de “pecado” se introdujo en el hombre (Romanos 7:17) y lo hizo cometer pecados y así “la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron” (Romanos 5:12).
No hay un solo hombre que no haya pecado, excepto Jesús. Todos pecamos y todos morimos por culpa del pecado. El cuerpo es enterrado y vuelve a ser polvo y el espíritu viaja al lugar que Dios le tiene preparado ¿Y cuál es ese lugar? Jesús nos da la respuesta:

Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed (Lucas 12:4-5).

Jesús dijo que no tuviéramos miedo de la muerte del cuerpo, sino que tuviéramos miedo, de que al morir nuestros espíritus fueran enviados al infierno.
Lucas 16:19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 16:20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, 16:21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 16:22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 16:23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 16:24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.

En esta historia que narró Jesús mueren dos personas. El espíritu del mendigo cuyo nombre era Lázaro fue llevado al paraíso. Por su parte, el espíritu del rico fue llevado al hades o infierno. El Paraíso es un lugar de paz, mientras que el hades es un lugar de tormento.
Una vez allí, en cualquiera de esos lugares, no se puede cambiar de destino (Lucas 16:26), no se puede pasar del infierno al paraíso ni del paraíso al infierno. Y no hay ningún lugar intermedio llamado purgatorio, eso es un invento del catolicismo romano  que no tiene ningún fundamento en la palabra de Dios.
Una vez que nos vamos de este mundo, ya no hay otra oportunidad, es mientras estamos en el cuerpo que podemos obtener la visa al cielo. Una vez que salimos del cuerpo, ya no existe otra oportunidad.

¿CÓMO OBTENER LA VISA AL PARAISO?

Romanos 3:23 Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

La Biblia dice, que todos, absolutamente todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios. Así, que en el pasaporte de todos los seres humanos la única visa que hay es la visa al infierno. Sin embargo, por el inmenso amor, que nos tiene, Dios nos quiso dar una oportunidad y para ello envió a su hijo.

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 3:18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Dios no envió a su hijo a condenarnos, pues ya estamos condenados por culpa del pecado. Lo envió a morir por todos nuestros pecados y que pudiéramos obtener la visa al cielo.
El que crea que Jesús vino a eso, tiene la oportunidad de obtener la Visa al cielo y salvarse de la condenación en el infierno. Ahora, el que no crea, está condenado y se queda con su visa al infierno.

Efesios 2:8-9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

En esta escritura se mencionan cuatro requisitos necesarios para obtener la visa al reino de Dios, estos son: gracia, fe, obras gloria.

GRACIA: “Porque por gracia sois salvos”. El primer requisito para obtener la visa es la gracia. ¿Y qué es la gracia? La misma escritura nos dice que la gracia es un don de Dios, es lo que Dios nos da de manera gratuita. No es algo que nos hemos ganado sino que es el favor inmerecido de Dios. Gracia es lo que fluye del cielo a la tierra, no es lo que fluye de la tierra al cielo. Las religiones enseñan que debemos ganarnos la visa a través de nuestro comportamiento, pero  Dios dice que no es a través de nuestro comportamiento, que  él nos regala la visa.

FE: El segundo requisito para obtener la visa, es la fe. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe”. La manera de obtener la gracia de Dios, no es a través de nuestros méritos, sino a través de la fe. Esa fe consiste en creer y confesar que Jesús es el Señor y que Dios lo levanto de los muertos, pero no es creer con la mente, sino con el corazón (Romanos 10:9-10).

OBRAS: El tercer requisito para obtener la visa es que no haya obras. “No por obras” dice la palabra de Dios. Las obras se oponen a la gracia. ¿Qué son las obras? Son los méritos humanos. Hacer obras es buscar ser justificados por nuestro comportamiento. No hay un solo ser humano que haya hecho méritos suficientes para obtener la visa al cielo, así que debe creer en Jesús para obtenerla. Si hace obras, en la embajada del Reino de Dios te negarán la visa.

Gálatas 5:4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

Ahora, si usted ha obtenido la visa al cielo, y aun así insiste en justificarse a través de su comportamiento o con el intento de cumplir la ley, caerá de la gracia y la visa le será anulada.
Todas las religiones enseñan, que para obtener esa preciosa visa, debemos cumplir la ley de Moisés o hacer méritos, pero eso es totalmente falso, eso es lo que quiere Satanás que creamos para que no obtengamos la visa, o para que la misma sea anulada.

Romanos 9:31- 32 Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.

La Biblia nos pone el ejemplo de Israel, dice que no alcanzó la justicia de Dios, porque la quiso obtener por obras, no por fe. Las obras se oponen a la gracia, de tal manera que en lugar de ayudarnos a obtener la visa, nos lo impide, al igual que les pasó a los judíos.

Gálatas 2:21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

Si tuviésemos que cumplir la ley, para ser justificados, estaríamos desechando la gracia de Dios, entonces Cristo murió en vano. Ya Cristo cumplió la ley por nosotros. Dios no nos pide que hagamos nada, sino que creamos en lo que hizo Jesús,  porque por gracia sois salvos, por medio de la fe.

GLORIA: el cuarto requisito se concentra en la palabra gloria: “para que nadie se gloríe”. Las obras o méritos humanos dan gloria al hombre y como Dios quiere toda la gloria para Cristo, las obras son un impedimento para la salvación. Si el hombre se gloriara por haber hecho por lo menos un mérito de 1 % a través de las obras, le restaría ese porcentaje a la gloria de Jesús y Dios no lo va a permitir.
Como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor (1 Corintios 1:31). Jesús es el único que merece toda gloria, de allí que toda gloria humana nos impide obtener la visa o nos hace perderla.
Resumimos entonces que para obtener la visa al cielo, se necesita la gracia de Dios que obtenemos a través de la fe en Cristo, sin que haya obras de por medio, para que nadie se gloríe.

 CREER Y BAUTIZARNOS

Pero hay algo más, Jesús dijo que para ser salvos debíamos creer y bautizarnos (Marcos 16:16). Jesús dijo: “El que creyere”. ¿El que creyere qué? El que creyere que Jesús es el hijo de Dios que vino a morir por nosotros y que luego de morir fue resucitado por el Padre.

1 Juan 2:22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 2:23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre..

El que no cree que Jesús es el Cristo, tiene el espíritu del anticristo y no obtendrá la visa al cielo.
Jesús agregó: “y fuere bautizado”. Jesús dijo que además de creer, debemos ser bautizados. En la mayoría de las congregaciones evangélicas enseñan que con tal solo creer en Cristo ya obtenemos la visa al cielo y se fundamentan en el siguiente versículo:

Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Los hijos de Dios son todos aquellos que obtienen la visa al cielo. Pero lea con atención,  el versículo no dice que los que creen se convierten en hijos de Dios y obtienen la visa al cielo, lo que dice es que los que creen adquieren la potestad o el derecho de convertirse en sus hijos. No se convierten inmediatamente en hijos de Dios porque falta un requisito: bautizarse.
La palabra bautismo viene del griego original baptismun, que significa sepultura. Jesús exige que al igual que él fue sepultado, nosotros también lo seamos a través del bautismo. El apóstol Pablo lo explica de la siguiente manera:

Romanos 6:3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
6:4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Pablo dice, que en el bautismo, somos sepultados y resucitados con Cristo. Es lo que Jesús llamó un nuevo nacimiento, él dijo a Nicodemo que para obtener la visa al reino de Dios había que nacer de nuevo:

Juan 3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

Entienda que todos los seres humanos somos hijos de Adán. Para convertirnos en hijos de Dios, tenemos que darle muerte al nacido en Adán y nacer de nuevo como hijos de Dios. No significa que tenemos que suicidarnos, Dios lo resolvió todo a través del simbolismo del bautismo.
Jesús dijo que hay que nacer del agua, en clara referencia a las aguas del bautismo y que también había que nacer del Espíritu. Eso es, que al bautizarnos Dios pone al Espíritu Santo dentro de nuestro espíritu (Ezequiel 36:27), es decir, somos engendrados con el ADN divino.
El apóstol Pedro lo confirmó el día de Pentecostés, él lleno del Espíritu Santo predicó por primera vez el evangelio y acusó a los judíos de matar al Mesías. Estos creyeron y se compungieron de corazón. Entonces preguntaron qué hacer. Pedro les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo (Hechos 2:38).
Pedro les dijo, arrepiéntanse de haber matado al Mesías y bautícense para el perdón de sus pecados. Pedro dejó claro que el bautismo es “para perdón de pecados”.
El señor Jesús perdonó todos nuestros pecados en la cruz y derramó su sangre para ese perdón, pero para que ese perdón se haga efectivo, debemos bautizarnos.

Y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. (Hechos 2:39). 
Pedro agregó que el bautismo es también para recibir el Espíritu Santo, confirmando lo que ya dijimos. En numerosas iglesias, se enseña que al creer en Cristo se recibe el Espíritu Santo, pero eso es totalmente falso, el Espíritu Santo se recibe en el bautismo. Pedro dijo: “y recibiréis el don del Espíritu Santo al bautizarte
Para los que tienen dudas, veamos el caso de la conversión de Pablo. Ananías vino a Pablo y le dijo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando Su nombre” (Hechos 22:16).
Pablo ya había creído, pero al creer no le fueron lavados los pecados. Tuvo que vivir la experiencia del bautismo. Ananías le dijo: “levántate bautízate y lava tus pecados”.
Ananías confirma las palabras de Pedro y ordena a Pablo que se bautice para sea limpio de todo pecado. Como puedes ver, la Escritura es consistente en cuanto a sus principios.

Romanos 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Si una persona no tiene el Espíritu Santo, no es hijo de Dios y para tener el Espíritu necesita bautizarse. Al diablo le interesa que usted no se bautice, para que no obtenga la visa al Paraíso de Dios.  ¿A quién le cree usted? Yo le creo a Cristo.

Gálatas 3:26-27 Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Todos los que han creído y se han bautizado se han quitado la vestidura de Adán y se han revestido de Cristo Jesús.

Romanos 6:7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

Esta escritura dice que el que ha muerto ha sido justificado del pecado. ¿Cuándo morimos? En el bautismo. El que no ha muerto en el bautismo, no ha sido justificado de sus pecados y al morir, irá al infierno, porque la visa al Paraíso le será denegada.

1 Pedro 3:20-21 Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo.

El apóstol Pedro compara las aguas del diluvio con las aguas del bautismo. Y dice que el bautismo que corresponde a esto, ahora nos salva. Aquellos que no pasan la prueba del agua no son salvos.
En los días de Noé, todos fueron sumergidos en el agua, pero solamente ocho almas emergieron de ella, el resto perecieron. Solamente los que entran a las aguas y salen de ella se salvan de la ira de Dios.
Ser bautizado significa pasar por el juicio de la ira de Dios. El que se bautiza no sólo ha venido a pasar por el juicio de la ira de Dios, sino que ha salido exento de toda culpa de ese juicio.
Al emerger, se muestra que la persona ha salido absuelta de toda condenación. El bautismo significa pasar mediante agua y salir de ella. Usted debe hacer énfasis en el aspecto de “salir”, porque en los tiempos de Noé, todos entraron en el agua, pero solamente ocho almas salieron de ella.
Lo que esto significa es que muchas personas de bautizan para pertenecer a cierta congregación, otras porque es una ordenanza que cumplir, e ingresan a las aguas sin ser conscientes de que el bautismo es muerte y vida,  entonces salen de las aguas, tal y como entraron, sin que sus pecados sean lavados. Tenemos que creer en el evangelio pero también tenemos que creer en el bautismo y saber lo que éste significa.
Muchos lectores, que son católicos, dirán que fueron bautizados de niños. Debo decirles que ese bautizo no tiene validez porque para que una persona sea salva, lo primero que debe hacer es creer y luego bautizarse. Un niño no cree en nada, de tal manera que el bautismo es inefectivo. Primero debes creer, luego te bautizas, no es al revés.




ARGUMENTOS EN CONTRA DEL BAUTISMO

El diablo ha levantado muchos argumentos en contra del bautismo, porque no quiere que nadie obtenga la visa al Paraíso. Uno de ellos, es que el ladrón que Jesús perdonó en la cruz no se bautizó. Permítame decirle que existen dos pactos, uno antes y otro después de Cristo. Nosotros estamos bajo el nuevo pacto y debemos bautizarnos. El ladrón estaba bajo el viejo pacto y no necesitaba estar bautizado sino circuncidado. Era judío y estaba circuncidado porque de acuerdo con la Ley de Moisés, todos los judíos eran circuncidados a los 8 días de nacidos (Génesis 17:12).

Colosenses 2:11-12 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

La circuncisión es un despojo de la carne; los judíos se circuncidaban como señal, de que ya no obedecerían la carne pues se despojaban de ella para obedecer a Dios; eso era bajo el Viejo Pacto.
Nosotros que estamos bajo el nuevo Pacto, no nos circuncidamos, sino que nos bautizarnos. El bautismo, es una circuncisión espiritual dice Colosenses. Sin bautismo, no hay circuncisión espiritual, no hay despojo de la carne y no hay visa al reino de Dios.
Otros argumentan que el bautismo es una obra porque no entienden la palabra obra. Obrar es hacer méritos para salvarnos. ¿Qué méritos humanos hay en el bautismo? Ninguno. El bautismo no es una obra, es un requisito para obtener la visa que Dios exige, sin que haya en ella mérito humano alguno.
El bautismo es el reconocimiento de la muerte de Cristo y la autorización para que se nos sepulte con él. Todo el mérito en el bautismo es de Cristo y nada más.
Hay muchos argumentos en contra del bautismo, ese es el trabajo del diablo. Yo me podría referir a cada uno de esos argumentos y demostrar que carecen de fundamento, pero mejor les menciono lo que dijo el apóstol Pablo:

1 Timoteo 6:3 Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 6:4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 6:5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

Jesús enseñó que debemos creer y bautizarnos para ser salvos. Y Pablo  dice que si alguno enseña otra cosa y no se conforma las palabras de Jesús, nada sabe, no es que sabe un poquito, no sabe nada, está envanecido y tiene corrupto el entendimiento, el evangelio es para él tan solo una fuente de ganancia. 
Pablo nos ordena apartarnos de todo pastor, evangelista, apóstol o como se haga llamar, que enseñe que el bautismo no es necesario para la salvación, porque no se está conformando a las palabras de Jesús y sus malas enseñanzas están impidiendo que las personas obtengan la visa al Paraíso.  Si ya tienes la visa al Paraíso, cuídala, no permitas que te la anulen. Si no la  tienes, entonces “¿Qué esperas? levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” para que puedas obtenerla. Amén





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