1.- LAS 70 SEMANAS DE DANIEL
La revelación divina acerca del futuro del planeta tierra se inició hace miles de años cuando los romanos invadieron Israel, destruyeron la ciudad santa de Jerusalén y el templo, además sus pobladores fueron tomados como esclavos. Eran años de mucho sufrimiento e incertidumbre. Ante tal panorama, el profeta Daniel, uno de los esclavos judíos, le pidió a Dios que por favor le revelara lo que sucedería con su pueblo, y Dios le dio la siguiente profecía:
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Daniel 9:24).
Vea usted que Dios le hizo saber a Daniel tres cosas:
1.
Que en “70 semanas” se resolvería
el futuro del pueblo de Israel y de la ciudad Santa de Jerusalén.
2.
Que al final de ese periodo
terminaría la prevaricación, se pondría fin al pecado, se expiaría la
iniquidad, se traería la justicia perdurable, se sellaría la visión, y también
la profecía.
3. Sería ungido el Santo de los Santos o sea nuestro Señor Jesucristo.
Es importante entender que aunque esta profecía es sobre el pueblo de Israel, incluye a toda la humanidad, porque toda la humanidad se ve afectada.
Lo cierto es que pasaron 70 semanas y no se puso fin al pecado, no se expió la iniquidad ni se trajo justicia perdurable, ni tampoco se ungió como rey al Señor Jesucristo aquí en la tierra. ¿Falló la profecía? Claro que no, lo que sucede es que hay 2 cosas a tomar en cuenta. En primer lugar, Dios no estaba hablando de semanas de días, sino de semanas de años. Lo sabemos por el cumplimiento que se ha ido dando de la profecía. Cada semana serían 7 años, de tal manera que 70 semanas serían 490 años. Y en segundo lugar, algo sumamente importante, y es que el reloj profético tuvo que detenerse en la semana 69 por razones que explicaremos más adelante. Por el momento veamos lo que la profecía continúa diciendo:
“Daniel 9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. 27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”.
La profecía dice: “sabe, pues, y entiende” ¿Qué es lo que hay que saber y entender? Que la profecía está dividida en “3 periodos:
1- Un primer periodo de 7 semanas que se describe en el versículo 25.
2-
Un segundo periodo de 62 semanas
que también se describe en el mismo versículo 25.
3- Un tercer periodo de 1 semana que se describe en el versículo 27. Además, el versículo 26 nos relata lo que sucederá entre el segundo y el tercer periodo “sin especificar un tiempo”.
EL PRIMER PERIODO
Lo cierto es que En el año 444 A.C. en el mes de Nisán judío, el
rey Artajerjes ordenó restaurar Jerusalén y el templo (Nehemías 2:1- 8).
La reconstrucción se inició unos días después de emitido el decreto y duró 49 años que equivalen a 7 semanas de años, cumpliéndose la primera parte de la profecía con gran exactitud.
EL SEGUNDO PERIODO
Inmediatamente después que se terminara la reconstrucción de Jerusalén y el templo, iniciaría el segundo periodo de 62 semanas (434 años) que culminarían con el “Mesías Príncipe”.
Tomemos en cuenta
que si a esos 49 años del primer periodo le
sumamos los 434 años del segundo periodo, tenemos un total de 483
años (69 semanas). Y hay que aclarar que en aquella época los
años eran años lunares de 360 días. Si multiplicamos esos 483 años por
360 días, el resultado es de 173.880 días. Esto nos lleva al día 30 de marzo del año 33 D.C. ¿Qué
sucedió ese día? Ese día, nuestro señor Jesucristo, entró a Jerusalén, montado
sobre un asno y los judíos lo aclamaron como el Mesías (Juan 12:12-16). Esto nos dice que “Hasta el Mesías príncipe”,
de la profecía, no apuntaba ni al nacimiento ni a la muerte de Jesús, sino al
día en que nuestro Señor Jesús fue aclamado por los judíos como su Mesías. Como podemos ver, el segundo periodo de la
profecía se cumplió de manera exacta e inequívoca. La historia respalda la
palabra divina sin cuestionamientos. ¿Quién puede negar que la Biblia es la
palabra de Dios y que las profecías se cumplen?
ENTRE EL SEGUNDO Y TERCER PERIODO
No se especifica un tiempo, solamente se detalla que se sucederían 2 eventos: 1) Se le quitaría la vida al Mesías, y 2) Jerusalén y el Templo serían nuevamente destruidos “por el pueblo de un príncipe que habrá de venir futuramente”, el cual ocasionaría devastaciones hasta el fin de una guerra, pero él mismo sería devastado.
Ambos sucesos se cumplieron como estaba profetizado. A Jesús le quitaron la vida, el 3 de abril del año 33 D.C, 4 días después de que fue aclamado como el Mesías. Mientras tanto, Jerusalén y el templo fueron destruidos nuevamente en el año 70 D.C., por los romanos, y sus habitantes fueron esparcidos por todo el mundo, de tal manera que la Nación de Israel desapareció del mapa.
EL TERCER PERIODO O SEMANA 70:
Al desaparecer la nación de Israel, el reloj profético se detuvo, y ese periodo de 7 años, o semana 70 quedó en suspenso. Dice la profecía en el verso 27: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”.
Lo que nos dice la
profecía es que durante esa semana de 7 años que falta por cumplirse, el estado
de Israel volvería a existir como
nación, y un príncipe romano que confirmaría un pacto de paz por esos 7 años, “entre Israel y muchos” de sus enemigos. Al firmarse
ese pacto, el reloj profético volvería a
caminar iniciando con ello la semana
70. La profecía nos agrega que a la
mitad de esos siete años, ese príncipe
que promoverá el pacto, lo romperá y hará cesar el sacrificio y las
ofrendas que Israel habría reiniciado. Y serán muchas las abominaciones que
ocasionará hasta que él mismo sea desolado.
CONTINÚE CON "LAS 70 SEMANAS DE DANIEL, parte 2"



