viernes, 3 de marzo de 2017

TU POSICIÓN EN CRISTO

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Antes de emprender un viaje debemos estar seguros de nuestra posición, es decir, si nuestra posición es segura, porque si no tenemos puestos los dispositivos de seguridad, ese viaje podría ser el último y el mínimo descuido podría acabar con nuestras vidas.
El problema se agrava, cuando emprendamos el viaje al más allá, todo depende de nuestra posición espiritual. La pregunta es ¿Cuál es tu posición? ¿Estás en Cristo o estás en Adán? Si estás en Cristo no hay ninguna condenación para ti, pero si estás en Adán toda condenación te está esperando al final de ese viaje.
La palabra de Dios enseña que no hay redención, justificación, santificación ni salvación sino es en Cristo Jesús”, no se trata de ser católico o evangélico o de pertenecer a alguna religión, tampoco de trata de pecar menos que otro, sino de tu posición.
Debemos entender que Dios no te ve a ti ni a de manera individual sino que nos ve a todos en Adán o en Cristo. Para Dios solamente hay dos hombres:

1 Corintios 15:45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. 15:46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 15:47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

El primer hombre es Adán y es terrenal. El segundo hombre es Cristo y es celestial. A los ojos de Dios, toda la humanidad es parte de uno de estos dos hombres, para Él no hay un tercer hombre.
Ilustremos con un ejemplo para entenderlo. Suponga que usted entra a un supermercado, allí puede ver una caja que dice galletas y otra que dice confites”. En la caja de galletas no hay confites y en la caja de confites no hay galletas. Ahora, si usted abriera una caja no haría diferencia entre un confite y otro, tampoco haría diferencia entre una galleta y otra, todas las ve iguales. Así es como Dios ve las cosas, para él todos los hombres terrenales son iguales y todos los celestiales también son iguales, Dios no ve las diferencias individuales, para él no hay nadie más espiritual, lo que Dios ve es la posición, lo que ve es si estás en la caja de Adán o estás en la caja de Cristo,
Dios establece dos lugares en el mundo: el lugar de Cristo y el lugar de Adán. Si estás en Adán estás condenado, pero si estás en Cristo, eres salvo.
Usted no necesita robar, asesinar, o cometer algún crimen muy serio para ir al infierno, lo que necesita es estar en Adán. Tampoco necesita ser muy bueno para ir al cielo, lo que necesita es estar en Cristo.
Todos los hombres terrenales somos descendientes de Adán, por lo tanto todos estamos en Adán, somos de la familia de Adán y si estamos en Adán estamos condenados.
Para salvarnos, necesitamos cambiar de familia, necesitamos ser de la familia de Cristo. Existe el concepto de que todos los hombres somos hijos de Dios, pero ese es un concepto totalmente equivocado, todos los hombres somos hijos de Adán  y criaturas de Dios.

Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

Si todos los hombres fuésemos hijos de Dios, la escritura no diría que todos los que reciben a Jesús adquieren el derecho de convertirse en hijos de Dios. Pero, la escritura no dice que al creer se convierten en hijos de Dios, lo que dice es que al creer adquieren el derecho de convertirse en hijos de Dios.

Efesios 1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

Si estás en Adán no has recibido ninguna bendición espiritual, porque todas las bendiciones espirituales nos han sido en Cristo y entre esas bendiciones espirituales se encuentra la salvación.

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…

¿Para quién no hay ninguna condenación? Para el que está en Cristo Jesús porque Cristo pagó en la cruz por todos los pecados de los que están en él.  En realidad Cristo pagó por los pecados de toda la humanidad, pero ese perdón se hace efectivo únicamente para los que están en Cristo.
Si te miras a ti mismo, verás tu realidad natural, encontrarás celos, ira, envidia, borracheras, lujuria, mal genio, vanidad, mentira orgullo y cosas semejantes a estas. Pero si te miras en Cristo, verás tu realidad espiritual, entonces encontrarás amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, porque todo lo que Cristo es, eso eres al estar en él. Es un asunto de posición.

1 Corintios 1:30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;

En Cristo has sido hecho sabio, justo, santo y redimido. No es algo que te mereces ni es algo que te has ganado, es lo que has obtenido al estar en Cristo; esa es la gracia de Dios.

Efesios 5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

El apóstol Pablo compara el matrimonio con la unión entre Cristo y la iglesia. Cuando te unes a Cristo eres una sola carne con Cristo porque pasas a ser parte de su cuerpo que es la iglesia. Por eso Colosenses 1:18 y dice que Jesús es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, la cual somos todos los que estamos en Cristo.
Cuando una mujer se casa, todo lo que es de su marido pasa a ser también de ella. De igual manera, cuando nos unimos a Cristo, todo lo que es de Cristo pasa a ser de nosotros, nos beneficiamos de todo lo que Cristo es.
Cuando estás unido a Cristo, el amor, la paz, el gozo, la paciencia, la fe, la benignidad, la bondad, la mansedumbre y la templanza irán fluyendo de ti. Ese es el fruto del Espíritu Santo, no es tu fruto.
Estar en Cristo es como estar conectado a una tubería por medio de la cual recibes agua potable. Estar en Adán es como estar conectado a una cañería de agua sucia.
Mientras estás en Adán, estás siempre sucio, lo que te hace diferente es estar en Cristo; solamente estando en Cristo estarás limpio, todo depende de tu posición.

1 Juan 5:11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

Dios nos da vida eterna en Cristo; esa vida no es algo que podemos obtener a través de nuestro comportamiento sino únicamente estando  en Cristo.

Romanos 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 7:23 pero veo otra ley en mis miembros, que  se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del  pecado  que  está  en  mis  miembros.7:24  ¡Miserable  de  mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

El anterior pasaje nos revela la experiencia de todo aquel que quiere vencer el pecado y la tentación por mismo. Termina sintiéndose miserable y bueno para nada.
Si pudiéramos comprender que ya no hay ninguna condenación en Cristo y que el vencer el pecado y la tentación es obra del Espíritu Santo, y no obra del hombre, entonces descansaríamos en Cristo, y dormiríamos como verdaderos bebés. Esa es la manera en la cual expresamos la salvación de Dios.
Las religiones enseñan que debemos hacer algo para ser salvos, pero Dios no requiere que hagamos nada para ser salvos, lo que requiere es que estemos en Cristo.

Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Somos salvos por gracia, por medio de la fe, es un regalo de Dios, no por merecimiento, no por obras de justicia, para que nadie se gloríe.
Por otro lado, en Adán, pecar no te demanda esfuerzo alguno, mientras que no pecar se hace imposible.
Dice Romanos 5:12 que el pecado entró en el mundo por un hombre y ese hombre es Adán. Todos los que estamos en Adán hemos heredado la naturaleza pecaminosa de Adán. De modo que pecar es algo natural para nosotros.
Cuando Adán comió del fruto prohibido, Satanás puso el veneno del pecado en ese fruto. Adán pecó, así que todos los que están en Adán pecan de manera natural. Lo hacen  sin esfuerzo alguno, sin premeditación y sin determinación.
Mientras estemos en Adán pecaremos naturalmente, porque hemos heredado la naturaleza pecaminosa de Adán y su poder de pecar. Como hemos nacido de Adán, no es necesario que aprendamos a pecar, porque ya hemos heredado el poder de pecar.
La palabra de Dios dice que el pecado es una ley (Romanos 7:23), en otras palabras pecamos por ley. Para entenderlo  mejor, pongamos de ejemplo la ley de la gravedad. De acuerdo con esa ley todo lo que sube tiene que bajar, es decir, todo lo que soltamos cae a tierra. Usted podría sostener una piedra de 10 kilos en su mano y vencer la ley de la gravedad por un rato. Pero te vas a cansar y terminarás dejando caer la piedra, la ley de la gravedad siempre te va a vencer. De igual  manera, podrías vencer la ley del pecado por un momento, pero al final terminarás pecando, la ley del pecado siempre te vencerá.
La única manera de vencer la ley de la gravedad es con otra ley que haga que todo suba. De igual manera, la única forma de hacer que dejemos de pecar tan fácilmente es con otra ley que haga que no pequemos.

Romanos 8:2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Por ello, Dios ha establecido una nueva ley que puede vencer la ley del pecado, esa ley es la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Note que se dice que la ley del pecado es también la ley de la muerte ¿Por qué? Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).
Note también que la ley del Espíritu de Vida trabaja únicamente en Cristo Jesús.  Si estás en Adán, la ley del pecado y de la muerte opera en ti, pero si estás en Cristo, la ley de Vida es la que opera en ti. Es un asunto de posición.
He aquí, pues, la manera de derrotar la ley del pecado y de la muerte: Se logra por la ley del Espíritu de vida porque la ley del Espíritu de vida en Cristo nos libera de la ley del pecado y de la muerte.
El Señor Jesucristo usa al Espíritu Santo para resistir el poder del pecado. No es debido a nuestro esfuerzo, sino a que en Cristo la ley del Espíritu de vida nos libera de la ley del pecado y de la muerte. De esta manera somos salvos, y también, somos vencedores.
Todo ha sido hecho en Cristo. La manera por medio de la cual Dios nos salva nos llega tan gratuitamente como el acto en el que Adán nos hizo pecadores.

Romanos 5:17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 5:18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

Así como por la transgresión de Adán, a todos nos llegó la muerte y la condenación; en Cristo nos llegó la justificación y la vida eterna.  
En Adán podemos pecar naturalmente y sin esfuerzo alguno. De la misma manera, en Cristo estamos capacitados para dejar de pecar sin esforzarnos en absoluto.

Colosenses 2:11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal , en la circuncisión de Cristo; 2:12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

Dice el apóstol Pablo que el bautismo es una circuncisión espiritual mediante la cual Dios nos libera de esa naturaleza pecaminosa. Sin bautismo no hay perdón de pecados (Hechos 2:38), no hay liberación de la naturaleza pecaminosa y no somos trasladados de Adán a Cristo.

Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Si alguno está en Cristo es una nueva criatura, deja de ser un hombre terrenal para convertirse en un hombre celestial. Y ese hombre celestial es un hombre sin pasado. Por eso Hebreos 10:17 dice que Dios nunca se acordará de los pecados del que está en Cristo, porque el que está en Cristo no tiene pasado y por lo tanto no tiene pecado.
El llegar a ser una nueva criatura no depende de cómo te comportes, ni de cómo te dispongas, ni de lo que hagas o no hagas, es por gracia. La cuestión final es tu posición ¿Estás en Cristo o estás en Adán?
Pecar o vencer, perecer o vivir una nueva vida, no depende de ti, sino de tu posición. La salvación, el perdón, la justificación, la vida eterna, todo viene de cristo y por medio de Cristo, nada viene por medio de nosotros.
En muchas iglesias dicen: Debes darle muerte a tu orgullo, debes darle muerte a tu ira, debes esforzarte para darle muerte a esto y a aquello”. Pero esa enseñanza riña con la palabra de Dios porque ya Cristo le dio muerte a todo, por eso Gálatas 2:20 dice que ya no vivimos nosotros sino que Cristo vive en nosotros.
Si tratamos de darle muerte a algo, entonces negamos la eficacia de  la sangre  de  Cristo, entonces por demás murió Cristo (Gálatas 2:23).
Tenemos una «muerte» que nos saca de Adán. Tenemos también un «nacimiento» que nos lleva a estar en Cristo. Entre esa muerte y ese nacimiento tenemos un puente colgante, ese puente es el bautismo.
Recuerda que todo, absolutamente  todo es en Cristo”, nada logramos fuera de él.
Aunque todas las aguas del mundo no pueden lavar, ni siquiera uno solo de nuestros pecados, las aguas del bautismo lavan todos, absolutamente todos nuestros pecados (Hechos 22:16) y que por medio de ellas, salimos de Adán y entramos en Cristo.  

Efesios 2:5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 2:6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Para los efectos del cielo, cuando Cristo murió, todos morimos con él, cuando él resucitó todos resucitamos con él. Cuando Cristo fue sentado en lugares celestiales, nosotros fuimos sentados juntamente con él. Pero eso se hace realidad en nosotros hasta el momento en que nos bautizamos.
Recuerda que Dios no te ve a ti ni a mí de manera individual, nos ve a todos en Cristo. Dios no ve tus pecados ni tu manera de ser, lo único que ve es tu posición.
Si estás en Cristo has sido puesto sobre todo  principado, autoridad, poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y todas las cosas son sometidas bajo tus pies (Efesios 1:21-22) porque tú eres parte de Cristo.
Cuando estás en Adán, estás bajo los pies del diablo, pero cuando estás en Cristo, el diablo y sus ángeles están bajo tus pies.
Si estás en Cristo el diablo no puede tocarte, pero si estás en Adán, estás en sus manos. Si estás en Cristo puedes darle órdenes al diablo en el nombre de Jesús y él deberá someterse. Si Estás en Adán, el sometido eres tú.

Efesios 1:19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 1:20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales.

Si estás en Cristo, el poder que levantó a Cristo de entre los muertos está en ti, puedes poner las manos para que los enfermos sanen, puedes echar fuera demonios y hacer muchos milagros, no por ti, sino por el poder que está en ti, ese poder es el Espíritu Santo. Pero, si estás en Adán no tienes ningún poder.
Estar sentado con Cristo en lugares celestiales revela tu elevada posición espiritual. La vida espiritual no empieza con hacer esto o aquello, sino más bien con el sentarse con Cristo.
Cuando por fe nos vemos sentados en los lugares celestiales con Cristo, recién entonces se inicia nuestro viaje hacia la madurez espiritual. Si no nos sentamos y nos aseguremos con los dispositivos espirituales, es como viajar a ciegas y nuestro viaje será un fracaso.
La gran mayoría de creyentes están más afanados en hacer esto o aquello en lugar se sentarse y tomar su posición espiritual. ¿Cómo avanzar si no nos movemos? El sentido común dice que debemos esforzarnos, pero eso puede significar dar vueltas a la redonda sin llegar a ninguna parte, tal y como les sucedió a los hijos de Israel. Ellos vagaron cuarenta años en el desierto porque no se percataron de su posición espiritual. Confiaban en ellos y no en Dios, y eso es lo que sucede con la gran mayoría de creyentes.
La victoria del creyente no se logra con el esfuerzo sino con su posición, cuando podamos ver “el consumado es”, solo entonces veremos la victoria.
Efesios dice que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, no nos ha bendecido con una bendición, sino con toda bendición. Sin embargo una gran mayoría de creyentes  en lugar de sentarse y disfrutar de esas bendiciones, viven orando o esforzándose para recibir lo que ya recibieron, porque no se han dado cuenta de su posición. Si tan solo se viesen sentados con Cristo, todo sería diferente. Espero que puedas ver estas verdades para que inicies con toda seguridad el viaje espiritual que Dios te ha encomendado como Embajador del Cielo (2 Corintios 5:20).

No habrá vicio que puedas vencer por ti mismo, toda victoria vendrá cuando veas tu posición en Cristo Jesús. Si te ves en un espejo natural, verás a un gatito indefenso, pero si te ves en el espejo espiritual verás un león y ese león es el León de Judá.  Amén. 

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