La palabra de Dios dice que “estamos muertos” en Cristo, algo que todos deberíamos saber si pretendemos vivir una vida cristiana normal.
El punto es que todos nacemos siendo “hijos de Adán”, somos sus descendientes. Pero para poder ver el reino de Dios tenemos que nacer de nuevo dijo Jesús (Juan 3:3-5). O sea que el hijo de Adán tiene que morir para que nazca el hijo de Dios. Pero no tenemos que suicidarnos. “Somos sepultados juntamente con Cristo para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:3-5).
Lo que este pasaje dice es que al sumergirnos en las aguas del bautismo le damos muerte al hijo de Adán y cuando emergemos de ellas, nacemos convertidos en nuevas criaturas en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17). Antes del bautismo “las personas están en Adán”, son de su familia, y al estar en Adán están condenadas. Luego del bautismo están en Cristo, son de su familia, y ya “no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. (Romanos 8:1).
Vea usted que no hay ninguna condenación para el que está en Cristo, y se nos aclara que los que están en Cristo “no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Pero resulta que los religiosos han mal entendido esto y afirman que “anda conforme a la carne el que peca” y que “anda conforme al Espíritu el que no peca”. Pero esas es una mala lectura y comprensión de la Palabra de Dios porque "todos pecamos y el que dice que no peca es un mentiroso" (1 Juan 1:8). De tal manera que si pecar es andar conforme a la carne, todos, absolutamente todos andaríamos conforme a la carne.
Pero no es así. Lo cierto, es que los que “andan conforme a la carne”, son los que tratan de resolver el problema del pecado y de la tentación por ellos mismos, por su propio esfuerzo y sacrificio. Eso era lo que hacía el que estaba en Adán. El que está en Cristo deja que sea el Espíritu Santo que se encargue de ese problema, y eso es “andar conforme al Espíritu”. Eso no es algo que se me ocurrió pensar, es algo que vamos a comprobar con la palabra de Dios.
Leamos Romanos 8:9-11. Vemos que allí dice literalmente: “y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”.
En este pasaje se dicen varias cosas: Que los que viven según la carne, o sea resolviendo el problema de la tentación y el pecado por ellos mismos no pueden agradar a Dios. ¿Por qué? Porque es imposible para el hombre dejar de pecar por sí mismo. Por eso Dios nos dio su Espíritu. Si usted no tiene el Espíritu de Dios, entonces no está en Cristo y está jodido. Pero si tiene el Espíritu, “el cuerpo en verdad está muerto” dice la escritura. ¿Y qué hace un muerto? Nada, porque está muerto. Los que están en Cristo están vivos, pero están muertos. Por ejemplo, tal vez algún compañero de trabajo o familiar no hace lo que le corresponde hacer, y decimos “ese hombre está muerto en vida” y tenemos que hacer las cosas por él. Pues bien, precisamente, eso es lo que hace Dios por nosotros. Dios no quiere que hagas nada, Él quiere que te consideres muerto (Romanos 6:11) para hacer las cosas por ti. Esa es la GRACIA de Dios. Aunque estás vivo, Dios quiere que te consideres muerto para que el Espíritu Santo se encargue de vencer el pecado y la tentación por ti. Por eso el apóstol Pablo dice que "ya no vive él sino que vive Cristo en él" (Gálatas 2:20), porque para Dios Pablo está muerto, aunque esté vivo.
Es de suma importancia en la vida cristiana, que
sepamos que “estamos muertos en Cristo". Pero es más importante aun que nos
consideremos muertos. Esa es la gracia de Dios, lo que Dios hace por nosotros,
gracia que no acaba cuando llegamos a estar en Cristo, sino que esa gracia se
va a manifestar por el resto de nuestras vidas.
La
verdad fundamental es que “El que está muerto ha sido justificado del pecado”
(Romanos 6:7), y por eso no hay ninguna condenación para él.
Pero si trata de hacer las cosas por él mismo, entonces, revierte el
proceso, le da vida al muerto, cae de la gracia y deja de estar en Cristo (Gálatas
5:4).
No es
el pecado el que nos saca de Cristo, como enseñan algunos pastores, es tratar de
vencer el pecado y la tentación por nosotros mismos, quitando a Cristo de su
lugar. Por eso Pablo dice en Gálatas 2:21, “que no desecha la gracia de
Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo”.
En otras palabras, si tratamos de justificarnos a través de nuestro
comportamiento, por demás murió Cristo, y
estaríamos desechando la gracia de Dios.
Recuerda
que es por fe, y es por gracia, no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios
2:8-9) porque Dios quiere toda la gloria para Cristo. Y eso no es
solo para ser salvos, sino también para mantenernos salvos. No trates de
resucitar el muerto para que no se revierta el proceso de la salvación en ti.
