domingo, 6 de mayo de 2018

LA LEY DEL DOMINIO



LA LEY DEL DOMINIO
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Existe otra ley, quizás la más importante o una de las más importantes en el Reino invisible de Dios. En esa ley se rebela el propósito de Dios al crear al hombre:

Génesis 1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.  1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Dios creó al hombre y le dio tres responsabilidades: 1) fructificar, 2) multiplicarse, 3) llenar la tierra y sojuzgarla.

El hombre debe dar fruto, es decir, debe procrear para multiplicarse, con el propósito divino de llenar la tierra y en ella.

Satanás impedirá a toda costa que ese propósito se lleve a cabo, impidiendo que el hombre de fruto, pues si el hombre no da fruto, no puede multiplicarse y si no se multiplica no puede llenar la tierra y sojuzgarla.

Satanás usa el aborto y todas las formas científicas y no científicas posibles, para evitar que el hombre se reproduzca tanto física como espiritualmente.

El primer hombre le falló a Dios y le entregó el dominio sobre la tierra al enemigo de Dios.

Cuando Satanás tentó a Jesús dejó muy claro que los reinos de este mundo y la gloria de ellos le habían sido entregados (Lucas 4:4). Por eso el Señor Jesús dijo que Satanás era el príncipe de este mundo (Juan 12:31).

Satanás está aquí para robar, matar y destruir (Juan 10:10) y el hombre ha sido su instrumento. Éste se ha dejado llevar, inventado maneras de evitar la reproducción, y usando las guerras, el suicidio, los homicidios para exterminarse, evitando con ello el llenar la tierra para dominarla.

Pero, en la cruz, el Señor Jesús le arrebató al diablo el dominio sobre el planeta y se lo entregó a la iglesia.

La corte celestial dictó sentencia: “el dominio sobre la tierra ha sido entregado al hombre; Satanás pasó de ser un príncipe o gobernador de la tierra, para convertirse en un simple precarista que debe ser desalojado”.

Jesús hizo su parte, ahora le corresponde al hombre corporativo, o sea, a la iglesia, ejecutar esa sentencia, echando fuera a Satanás de los lugares de la tierra que ha tomado posesión ilegalmente.

Para ello debe dar fruto, debe producir hijos para Cristo, porque en cada lugar que haya un nuevo nacimiento, Satanás es echado fuera.

Dios nos dio la autoridad sobre lo domable y también sobre lo supuestamente indomable. Y esa autoridad la ejercemos cuando cumplimos con la ley del dominio, quitándole a  Satanás la autoridad sobre los seres humanos. 

Y es que, para que el Reino invisible de Dios se manifieste de  manera visible en la tierra, Dios requiere de nuestra colaboración:  

1 Corintios 3:9 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

El Señor nos ha nombrado sus colaboradores en la edificación del edificio de Dios, que es su iglesia. Y para que podamos cumplir debidamente con la labor encomendada, nos dio poder  y nos delegó su autoridad:

Efesios 1:19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 1:20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 1:21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 1:22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 1:23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Lucas 10:19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

Dios sometió todas las autoridades, poderes y señoríos bajo la autoridad de la iglesia. Satanás no tiene poder ni autoridad alguna sobre la iglesia; por el contrario, la iglesia tiene todo poder y autoridad sobre él y sus demonios.

La estrategia del diablo es usar “las religiones” para confundirnos, enseñando que esa autoridad era solamente para Jesús y para sus apóstoles.

También tratará de tentarnos para que pequemos, y con ello  hacernos creer que somos indignos de la gracia.

Él nos acusará de nuestros pecados de día y de noche (Apocalipsis 12:10) para convencernos que cada vez que pecamos, Dios nos quita esa autoridad, y de esa manera llevarnos a su terreno y ganarnos las batallas.

Pero no podemos caer en el engaño; dice Romanos 5:20 que cuando sobreabundó el pecado, sobreabundó la gracia. Lo que eso quiere decir es que ningún pecado nos quita la autoridad, porque no hay pecado que no sea cubierto por la gracia de Dios.

A satanás no lo vencemos a través de nuestro comportamiento.  A Satanás lo vencemos por medio de la sangre de Jesús, recordándole que Jesús nos limpió con su sangre y testimoniando de ello hasta el último día de nuestras vidas (Apocalipsis 12:11), es decir, llevando el conocimiento de la verdad a todas las personas que nos sea posible (1 Timoteo 2:3-4).

La otra estrategia de Satanás consiste en ponernos en un estado de timidez y vergüenza para que no ejerzamos el poder delegado ni los dones. Por ejemplo, hay personas que tienen el don de sanidad y no lo ejercen por vergüenza o timidez. Otros no predican porque Satanás les dice que no tienen el don de la oratoria o que no se pueden aprender los versículos que necesitan.

Lo cierto es que Satanás no quiere que ejerzamos la ley del dominio. Él usará sus estrategias para que nos consideremos indignos y no ejerzamos la ley del dominio. Y es muy cierto, ni usted ni yo somos dignos, pero también es cierto es que a  Satanás no le ganamos el pulso en nuestro nombre.

Mi padre era pulpero y yo recuerdo que algunas personas llegaban a pedir algún comestible y decían: “me mandó mi papá, dijo que él pasaba luego a pagar”. Mi padre no les negaba el comestible, porque ellos venían en el nombre de su padre.

Eso mismo sucede con nosotros. Cuando enfrentamos al diablo, nosotros no vamos en nuestro nombre, nosotros vamos en el nombre de Jesús.  El Señor nos prestó su nombre, es en su nombre que expulsamos al diablo y sus demonios. Es en su nombre que le ordenamos al diablo retirarse. Es en su nombre que le impedimos que nos haga daño.

Y el diablo no puede negarse a obedecer porque el nombre de Jesús es el nombre sobre todo nombre y autoridad en este siglo y en el siglo venidero.

Eso sí, para ejercer esa autoridad sobre Satanás y sus ángeles, se necesita conocimiento de la palabra de Dios. Porque “nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12).

Y nuestra armadura no es una armadura natural; nuestra armadura es la armadura de Dios, donde nuestra única arma ofensiva es la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6:13-17). 

Si no conoces la palabra de Dios, el diablo va a derrotarte, pero eso necesitas estudiarla y congregarte. El diablo hará dos cosas. Lo primero que hará es negar la palabra de Dios, haciendo a Dios mentiroso.

Esa siempre ha sido su estrategia; por ejemplo, él negará que necesitas bautizarte para ser salvo, aunque la palabra de Dios así lo diga. Recordemos que a Eva le dijo que era mentira que moriría si comía del fruto prohibido, le dijo que más bien sería igual a Dios.

Entonces, lo primero que el diablo tratará de hacer es  negar las verdades de Dios, usando para ellos argumentos humanos.

Lo otro que hará el diablo, es utilizar versículos aislados de la palabra de Dios para confundirte. Lo hizo con Jesús y lo hará contigo.

A Jesús le dijo: “Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;  porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y, En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra (Lucas 4:9-11).

”Escrito está le dijo el diablo a Jesús ¿En dónde está escrito? En el Salmo 91:11-12.

Jesús le contestó: “escrito está: no tentarás al Señor tu Dios” ¿Dónde está escrito? En Deuteronomio 6:13.

El diablo tentó a Jesús usando la palabra de Dios. Pero Jesús se defendió usando la misma palabra de Dios. El diablo hará lo mismo contigo y si no conoces la palabra de Dios, te derrotará muy fácilmente.

Lo cierto es que existe un mundo visible y paralelamente a éste, existen dos reinos espirituales e invisibles: 1) el Reino de Dios y 2) el Reino de este mundo o potestad de las tinieblas

Cada uno de estos reinos invisibles quiere tener el dominio sobre el mundo visible.

Todos nacemos siendo parte del reino invisible de las tinieblas. Eso significa que al morir iremos al infierno. Para cambiar de destino, debemos cambiar de reino invisible, mientras estemos en vida, a través de un nuevo nacimiento (Juan 3:3-5).

El reino de las tinieblas manda sus ministros vestidos de “ministros de justicia” (2 Corintios 11:15), es decir, vestidos de falsos ministros evangélicos a que hagan su trabajo para convencer a las personas que se mantengan en este reino, usando para ello las estrategias del diablo. 

Por su parte, Dios envía a sus embajadores (2 Corintios 5:20), a todos los miembros del reino invisible de Dios para que vayan a enseñar el conocimiento de la verdad,  para que muchos puedan ser traslados del reino de las tinieblas al reino del hijo de Dios (Colosenses 1:13).

De eso se trata la ley del dominio, de llevar la verdad a otros para que sean salvos y de esa manera la iglesia crezca, se expanda y tome el dominio espiritual del mundo visible.

No es una labor fácil, más bien parece una locura. Los miembros del reino de las tinieblas los tratarán de locos, de enfermos, de fanáticos religiosos, de panderetas y se harán de muchos enemigos entre los que se encuentran sus propios parientes.
Se encontraran mares con tormentas y tinieblas tan tenebrosas y difíciles, que hacen que cualquiera que no tenga una fe firme, y vea hacia atrás, no dé el fruto esperado.

Quien verdaderamente pueda ser parte del reino invisible de Dios, será adoptado por su Rey y llamado Hijo de Dios. Su nombre será inscrito en el Libro de la Vida para que tenga derecho a vivir eternamente.

Desde el momento en que sea miembro del reino invisible de Dios, aunque tenga dificultades y sufra injusticias, no hay nada que pueda arrebatarle esa  vida eterna  que le ha sido entregada.

En este reino, se respira paz, justicia, fe, amor y esperanza. Aquí los intereses materiales están por debajo de los intereses espirituales. Los sentimientos también están por debajo de los intereses espirituales.

No importa lo que muchos digan, a ti lo que debe importarte es lo que Dios diga. Como escribió el apóstol Pablo “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. (Gálatas 1:10).

Tienes una responsabilidad, debes dar fruto, debes tener hijos espirituales que llenen la tierra y la dominen.  Si cumples con la ley del dominio, Dios dirá que eres un siervo fiel y te dará su recompensa. Si no cumples con la ley del dominio, podrías ser echado en las tinieblas de afuera, o aunque salvo, serás avergonzado y  pasado por fuego (1 Corintios 3:15).


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