¿Alguna vez has leído que al Señor Jesús, Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21)? ¿Sabes lo que eso significa?
Significa que Jesús se echó toda la culpa para que nosotros fuésemos justificados, de tal manera que Dios nos vea como si nunca hubiésemos pecado y nunca fuésemos a pecar. Por eso Romanos 8:1 dice que "no hay ninguna condenación para el que está en Cristo," y Hebreos 10:17 dice que "Dios no se acordará nunca jamás de nuestros pecados".
Esa justificación contiene dos imputaciones. La primera, consiste en que DIOS HIZO PECADO A JESÚS, es decir, le imputó todos nuestros pecados, Dios tomó la culpabilidad de nuestros pecados que eran causa de condenación y la puso sobre Cristo, y lo castigó en la cruz, como nuestro Sustituto divino.
El bautismo de Juan era para los pecadores, sin embargo Jesús le dijo a Juan que lo bautizará para que se hiciera justicia (Mateo 3:15). Al bautizarse Jesús se hizo pasar por pecador y de esa manera, en las aguas tomó sobre sí los pecados de toda la humanidad para hacer que la justicia de Dios se llevara a cabo en los creyentes. Con nosotros es lo contrario, nosotros al bautizarnos dejamos todos los pecados en el agua para que Jesús los recoja y nos justifique.
La segunda imputación consiste en que NOSOTROS FUÉSEMOS HECHOS JUSTICIA DE DIOS EN ÉL, es decir Dios toma la justicia de Su Hijo y la imputa a nosotros, a fin de aceptarnos como si fuéramos tan justos como Jesús. Por eso 1 Corintios 1:30 dice que por Dios estamos nosotros en Cristo Jesús, haciéndonos sabios, justos, santificados y redimidos.
Mediante esa segunda imputación, Dios nos bendijo con toda bendición espiritual, adoptándonos como sus hijos (Efesios 1:3-5), y sentándonos en lugares celestiales con Cristo (Efesios 2:6). Eso significa que no puede haber ninguna maldición para los que estamos en Cristo, y que todo principado espiritual está bajo nuestros pies y autoridad (Efesios 1:23).
Entonces, el primer aspecto de la justificación es que "Dios le imputa nuestros pecados a Cristo, y el segundo aspecto es que Dios nos imputa la justicia de Cristo a nosotros". En eso se resume el evangelio, y es lo que los religiosos y legalistas no han entendido, que todo es la obra de Cristo, y nada es de nosotros, es un don de Dios para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9). No tenemos que hacer nada, sino únicamente creer en la obra de Cristo y bautizarnos (Marcos 16:16), para imputarle los pecados a Cristo y que Dios nos justifique en Cristo. Que el Espíritu Santo te permita ver esta hermosa verdad.
