“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio, dice el Señor” (Apocalipsis 11:3).
Cuando se
toque la sétima y última trompeta (1
Corintios 15:52), sucederá algo maravilloso, el Señor Jesús vendrá a raptar a su novia la iglesia, para
evitarle que pase por la persecución implacable que hará el anticristo contra
ella y para que no sufra el castigo que vendrá con el derrame de las siete
copas de la ira. Cualquiera que predique el evangelio de Cristo será ejecutado
por el anticristo, por eso Dios envía dos testigos para que prediquen durante 1.260 días, es decir tres años y medio, el mismo tiempo en
que el anticristo estará gobernando el mundo. A éstos dos testigos, el anticristo no podrá
hacerles ningún daño durante ese periodo. Ambos testigos aparecen vestidos de
cilicio, o sea con ropas ásperas, de color negro, como una expresión de duelo,
de dolor y sufrimiento por todo lo que se avecina (Génesis 37:34, Lamentaciones 2:10, 1 Reyes 21:25-29).
“Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra” (Apocalipsis 11:4).
Se dice que los dos testigos son candeleros porque alumbrarán en medio de la oscuridad espiritual de la humanidad en ese momento (Salmo 119:105). Son dos olivos porque tienen el Espíritu Santo. Recordemos que el aceite de oliva representa la unción del Espíritu Santo (Éxodo 30:24).
“Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.” (Apocalipsis 11:5-6).
El anticristo no puede aniquilar a estos testigos, no pueden ser eliminados hasta que no hayan acabado su trabajo. Dios les protegerá de una manera especial, dándoles un poder sobrenatural, permitiendo que salga fuego de sus bocas para acabar con sus enemigos. El que quiera hacerles daño morirá. Ellos tienen poder para que no llueva y para convertir las aguas en sangre y para herir a la tierra con todo tipo de plaga como sucedió cuando Moisés sacó a los israelitas de Egipto.
¿QUIÉNES SON LOS TESTIGOS? Juan no da los nombres de los mismos, pero, podemos tener una idea de quienes pueden ser. Por ejemplo, Malaquías 4:5-6 dice: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.
Esta escritura parece revelar que uno de los dos testigos es ELÍAS quien había sido arrebatado (2 de Reyes 2:11) hace muchos siglos y que entonces regresará a la tierra. Recordemos que Elías oró para que no lloviera durante su ministerio.
Algunos dicen que el otro testigo es Enoc, porque Enoc tampoco murió sino que fue arrebatado (Génesis 5:24), sin embargo, el apóstol Pedro nos revela en 2 Pedro 1:16-18 lo siguiente: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.”
Pedro dice, que él no enseñó la venida de nuestro Señor siguiendo fábulas, sino porque estuvo presente cuando Jesús se transfiguró (Mateo 17:1-5) y da a entender que esa transfiguración es una imagen de la segunda venida de Jesús. En esa imagen aparecen MOISÉS Y ELÍAS con Jesús, lo que parece sugerir que ellos son los dos testigos. Además el cuerpo de Moisés no sufrió corrupción porque Dios se lo llevó cuando el diablo lo quería para él (Judas 9), porque posiblemente Dios lo resucitó inmediatamente y lo ascendió a los cielos. Y recordemos también que las plagas que se mencionan nos recuerdan al Moisés de Egipto. Lo más acertado es que los testigos sean Moisés y Elías, porque además, Elías simboliza la PROFECÍA y Moisés simboliza LA LEY: los dos fundamentos del Viejo Pacto, mientras que JESÚS simboliza el NUEVO PACTO. Y, eso fue lo que Pedro vio y entendió el día de la transfiguración.
“Una vez que hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra” (Apocalipsis 11:7-10).
Esa bestia es el ANTICRISTO. Y es sorprendente, porque eso se convierte en motivo de una gran celebración. Los hombres se negarán a enterrar a estos dos testigos, jactándose de su muerte y colocando sus cadáveres donde todo el mundo los pueda ver. Esto parece ser una anticipación de lo que nos ofrece la tecnología de la televisión vía satélite, porque toda nación, tribu, lengua y pueblo contemplará los cadáveres de estos dos testigos, los cuales serán muertos en Jerusalén, en donde crucificaron a Jesús, ciudad que es comparada con Sodoma por la “corrupción” y con Egipto por la persecución a que será sometida en esos días.
“Pero después de tres días y medio entrará en
ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantarán sobre sus pies, y
habrá gran temor sobre los que los vieron. Y oirán una gran voz del cielo, que
les dirá: Subid acá. Y subirán al cielo en una nube; y sus enemigos los verán.
En aquella hora habrá un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se
derrumbará, y por el terremoto morirán siete mil hombres; y los demás se
aterrorizarán, y darán gloria al Dios del cielo. El segundo ay pasará; he aquí,
el tercer ay vendrán pronto” (Apocalipsis
11:11-14).
Al igual que sucedió con Jesús, estos dos testigos, serán resucitados al tercer día e igual que Jesús ascenderán al cielo ante los ojos de la multitud asombrada. Se nos dice en dos ocasiones que las personas tiemblan de miedo, pues sienten el frío de su propia derrota ante lo que ven.
Se produce un terremoto masivo e inmediato, igual que sucedió, cuando fue crucificado Jesús. Una décima parte de la ciudad se colapsará y morirán 7.000 personas. De inmediato el séptimo ángel hace sonar su trompeta y eso nos sitúa en el fin de la serie de las trompetas.


