miércoles, 16 de marzo de 2016

CÓMO RESISTIR AL DIABLO?


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La Biblia dice en Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. La mayoría de creyentes creen que resistir al diablo es “evitar caer en el pecado o en las tentaciones”. Entonces argumentan que debemos evitar ir a los bares,  a los salones de baile o a los lugares en que se den las tentaciones. Si bien es cierto que deberíamos evitar los lugares en que podemos ser tentados, no con ello resistimos al diablo. “Resistir” no significa “evitar caer”, sino que  significa “oponerse o hacerle frente”. ¿Cómo lo hacemos? La misma escritura nos da la respuesta:Sometiéndonos a Dios, porque al someternos a Dios, resistimos al diablo.

LA MENTE

Casi todas las tentaciones de Satanás se presentan por medio de la mente. Satanás siembra un pensamiento en nuestra mente. Una vez que aceptemos ese pensamiento, ya habremos caído en su trampa.

2 Corintios 10:4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 10:5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,

La “altivez” es el “orgullo y la vanidad del hombre”.  Satanás usa toda altivez para hacer caer al creyente. ¿Cómo crees que se han originado todas las religiones del mundo? ¿De dónde han salido tantas doctrinas que contradicen la palabra de Dios? De la altivez humana. Por ejemplo, Satanás le habló a la mente de un “hombre de Dios” para decirle que el bautismo no era necesario para la salvación, que solamente necesitamos creer para ser salvos. Ese hombre se infló en su vanidad, creyó que era Dios quien le hablaba, su vanidad lo cegó y convirtió ese  pensamiento en una doctrina casi universal. ¿Qué tenía que hacer ese hombre? Someterse a Dios y a su palabra que dice que para ser salvos debemos “creer y bautizarnos” (Marcos 16:16, Hechos 2:38, Hechos 22:16), derribando ese argumento y llevando ese pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo.
Al someterse a Dios, resistía al diablo, pero no, su vanidad lo derrotó y desdichadamente continúa derrotando a millones de creyentes que creyeron en esa mentira del diablo.
No es agarrándonos con el diablo que lo vencemos, no es evitando leer falsas doctrinas que lo vencemos. La manera de hacerlo es sometiéndonos a Dios y a su palabra.
Pero no solamente eso sucede en cuanto a la doctrina. Satanás siembra pensamientos de discordia, pensamientos de celos y todo tipo de pensamientos malignos en nuestra mente, que no son una realidad, solo están en nuestra mente.
Hay personas a las que les sale una espinilla e inmediatamente Satanás siembra en su mente el pensamiento de que esa espinilla es un principio  de cáncer de piel. Esas personas aceptan ese pensamiento y de hecho terminan enfermas.
Otras no pueden ver el programa del Dr. Oz porque Satanás usa ese programa para confundir sus mentes y hacerles ver que por todo lo que las rodea las contamina y las enferma ¿Qué tienen que hacer estas personas? ¿Dejar de ver al Dr Oz? No, lo que tienen que hacer es derribar esos argumentos con la palabra de Dios y recordarle a Satanás que “Jesús fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; que el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Esa es la manera de someternos al Padre y de resistir al diablo en semejantes circunstancias.
Los argumentos a que se refiere 2 Corintios 10 se traducen como imaginaciones”, porque no son reales, son las mentiras de Satanás, las cuales se convierten en fortalezas mentales e impiden que la mente se someta a Cristo.
Cuando el diablo nos inyecta un pensamiento y lo aceptamos, permitimos que él opere en nosotros. Si rechazamos dicho pensamiento con la palabra de Dios, deshacemos su obra.
Alguien dijo que “no podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, peropodemos impedir que aniden en ella”. Esto es una realidad para los pensamientos que Satanás pone en nuestra mente. Los pensamientos llegan, pero no tenemos por qué anidarlos si estamos firmes en doctrina de Cristo.

LA CONCIENCIA

Apocalipsis 12:10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

Satanás no solamente nos acusa ante el Padre, sino que nos acusa en  nuestra conciencia. Tan pronto como una persona está en Cristo,  empieza a discernir el pecado porque el Espíritu Santo inquieta su conciencia.
Cuando estamos en Cristo podemos ver pornografía sin ningún pudor y sin ninguna culpa, pero una vez que estamos en Cristo, las cosas no suceden igual. Desde el mismo momento en que queremos ver pornografía hay algo dentro de nosotros que dice que no debemos hacerlo. Es como la luz amarilla de un semáforo que nos advierte de no cruzar la línea que nos separa del pecado. Satanás se aprovecha de la conciencia, falsifica la obra del Espíritu Santo, y nos acusa constantemente.   

Romanos 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 7:23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 7:24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Aquí vemos a una persona que está en Cristo y que está siendo acusada por el diablo en su conciencia. El hombre quiere hacer el bien pero falla y comete pecados, entonces el diablo lo acusa en conciencia haciéndolo sentirse miserable. ¿Qué le dice Dios a este hombre?

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Dios le dice, “no hay ninguna condenación para los que están en Cristo, así que deja de andar en la carne y anda conforme al Espíritu”, eso significa  quitar los ojos de él mismo y ponerlos en Cristo Jesús”:

Hebreos 2:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Debemos despojarnos de todo peso del pecado, porque eso es un asunto resuelto por Cristo en la cruz. Debemos dejar de vernos a nosotros mismos y comenzar a ver a Jesús en nosotros, el autor y consumador de la fe, que sufrió la cruz por nosotros.
Jesús ahora está sentado a la diestra del Padre, no acusándonos sino intercediendo por nosotros y justificándonos con su sangre preciosa (Romanos 8:34).
Cuando Satanás te acuse de pecado, solamente debes decirle “largo Satanás, no ves que estoy en Cristo y en Cristo no hay ninguna condenación”.
Muchos hijos de Dios podrían haber sido de gran utilidad en las manos de Dios, pero no lo son debido a que han sido debilitadas por Satanás en sus conciencias. Satanás les hace sentir que han pecado en  alguna área de sus vidas. Por ello, no se sienten dignos de servir a Dios. Como resultado, quedan  incapacitados espiritualmente por el resto de sus vidas.

¿COMO RECONOCER LA VOZ DE QUE NOS HABLA EN LA CONCIENCIA?

Muy fácil, el Espíritu Santo nunca nos acusa, no puede acusarnos porque Jesús pagó por nuestros pecados y prometió no acordarse nunca más de ellos (Hebreos 10:17).
Las acusaciones siempre vienen de Satanás. Lo que el Espíritu Santo hace es advertirnos acerca del peligro que nos acecha. El Espíritu Santo actúa antes de que pequemos y Satanás lo hace después.
Esa advertencia del Espíritu Santo nos lleva a ponernos en las manos del Señor, mientras que la acusación de Satanás nos hace perder la fe.
Desdichadamente, muchos pastores evangélicos viven aumentado la carga de la conciencia de quienes están bajo la acusación de Satanás. He asistido a cultos en donde el pastor ha dedicado dos horas para hablar que el pecado condena  y para señalar las muchas faltas de los creyentes, en lugar de explicar que ya no hay condenación por el pecado, para los que están en Cristo Jesús. 
Si bien es cierto, debemos exhortar a alguien de nuestra comunidad cristiana que esté “practicando el pecado”, más cierto es que la obra de santidad es una obra del Espíritu Santo, no es la obra de los pastores.
Si usted quiere ayudar a un hermano, dele una palabra de aliento. No saque a colación sus faltas, porque sólo logrará desanimarlo. No debemos apagar el pabilo que humea, sino que debemos volverlo a encender. Nunca pongamos la conciencia de los demás bajo condenación.

Hebreos 10:22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

La palabra de Dios dice que purifiquemos nuestros corazones de la conciencia que nos acusa, a través de la fe. El principio de toda persona que está en Cristo, es que jamás debe sentirse culpable, su conciencia debe estar libre de toda condenación. La meta de Satanás es desviarnos de ese principio, acusándonos constantemente.

Romanos 5:20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 5:21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.

Cuando abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que reine la justicia mediante Jesucristo. Esto implica que entre mayor acusación, mayor liberación de esa acusación.
Cuanto más Satanás trate de hacernos sentir culpables, más debemos recordarle que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7) y que no hay pecado por más grande que sea, que no lo cubra la gracia de Dios.

Apocalipsis 12:11  Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

¿Cómo vencer a Satanás? No es esforzándonos por no pecar o evitando ir aquí o allá, sino rechazando sus acusaciones, haciéndole ver que  hemos sido perdonados de todos los pecados pasados, presentes y futuros por la sangre del Cordero y que ya no hay condenación.
Podemos declarar: Satanás, reconozco que he pecado. Pero el Señor Jesús pagó mi pecado con su sangre”.
Jamás debiéramos de ser tan presumidos como para pensar que tenemos suficiente voluntad para evitar pecar. Los que confían en su voluntad para vencer al diablo son necios. Tenemos que darnos cuenta de que la sangre del Cordero ya ha cumplido con todas las demandas de Dios y ha prevalecido sobre todas las acusaciones de Satanás.
En segundo lugar, vencemos por la palabra de nuestro testimonio, no solamente creyendo, sino confesando con nuestra boca, que Jesús es el Señor (Romanos 10:9). Debemos hacer esto siempre, sin importar las circunstancias, sin temor y sin vergüenza, y el diablo huirá de nosotros.
Tercero, debemos despreciar nuestra vida hasta la muerte. Lo que esto significa es que debemos “vivir para Cristo” porque esa es la razón por la cual él murió por nosotros (2 Corintios 5:15).
Hay creyentes que están dedicados a vivir su propia vida y de esa manera se ponen en manos del enemigo. Cuando tus propósitos ocupen un segundo lugar, para que los propósitos de Cristo ocupen el primer lugar, en ese momento estás despreciando tu vida y Satanás está vencido.

Juan 8:32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

La verdad es que fuimos lavados por la sangre de Jesús y que ya no hay ninguna condenación sobre nosotros. Una vez que conocemos  esa verdad, somos liberados del ataque satánico.
El poder de Satanás reside en sus mentiras; una vez que éstas fracasan, su poder se desvanece.
No podemos evitar que Satanás nos tiente, ni que nos acuse, sin embargo, podemos impedir que anide esos pensamientos en nuestra mente. Si desechamos esos pensamientos que Satanás introduce en nuestra mente, estos cesarán de inmediato.

Filipenses 4:8 Todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, a esto estad atentos.

Dependiendo en lo que ocupemos nuestra mente, de eso depende que le sea fácil o no a Satanás inyectar sus pensamientos en nuestra mente. Hace poco me escribió una persona preguntándome si era malo o era pecado ver películas de terror. Le respondí que no era ningún pecado ver esas películas, pero por causa de ellas, Satanás podría sembrar pensamientos de temor en su mente.

Santiago 4:7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros

Volvemos al principio. Resistid al diablo y el diablo huirá de nosotros. Tenemos que creer que cuando resistimos al diablo, él huirá de nosotros. Si no lo creemos de corazón, la acusación continuará ¿Qué palabras hemos de creer? Que  hemos sido lavados de todos nuestros pecados por la sangre preciosa de Jesús”, y que no hay ninguna condenación para los que estamos en Cristo Jesús”. Si creemos eso, el diablo no tiene base alguna para quedarse y acusarnos.

EL CUERPO

El diablo no ataca solamente nuestra mente, sino que también ataca nuestro cuerpo a través de muchas enfermedades.

Marcos 9:25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 9:26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.

En este pasaje vemos el caso de un niño sordomudo. A los ojos del mundo, la sordera y la mudez de ese niño eran enfermedades normales. Pero el Señor Jesús reprendió al espíritu inmundo que las causaba, diciendo: “Espíritu mudo y sordo, Yo te mando, sal de él, y no entres más en él”.
Si bien es cierto, muchas enfermedades son dolencias naturales, hay muchas enfermedades que en realidad son ataques del diablo. Veamos el caso de Job. Todos sus males, incluidas sus llagas fueron ocasionadas por el diablo. Esas no podían ser sanadas por la medicina, pues no era una enfermedad natural, sino que eran ocasionadas por el diablo.
Si uno no resiste al demonio que causa este tipo de  enfermedades, no habrá manera alguna de sanar. En tal caso, necesitamos pedirle al Señor que reprenda la enfermedad, y ésta se irá.
Satanás no desea que descubramos que esa enfermedad es causada por él, ya que si lo descubrimos y lo reprendemos, la enfermedad se desvanecerá.
Cuando los cristianos se enferman, deben preguntarse: ¿Existe alguna causa natural para esta enfermedad? De hecho, antes de ir a un médico, primero deberíamos reprender a la enfermedad, no perdemos nada con ello.

Juan 10:10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Satanás no solo nos enferma, sino que nos roba, nos destruye y hasta nos mata. Las personas mueren en accidentes o por enfermedades repentinas y sus parientes acusan a Dios. Ellos dicen “era la voluntad de Dios”. ¿Cómo pueden decir eso? La voluntad de Dios es que tengamos vida y vida en abundancia, eso significa larga vida y calidad de vida.
Toda idea de suicidio, todo deseo de fallecer o de morir prematuramente es una tentación de Satanás. Muchas cosas en nuestro entorno son el resultado de la obra directa de Satanás quien provoca enfermedades y hasta accidentes.

2 Corintios 12:7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;  12:8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

En este pasaje podemos ver que es obvio que el aguijón de Pablo era obra de Satanás. Pablo dijo: Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás, para que me abofetee”. Dios lo permitió para que Pablo no se exaltare desmedidamente y para que su poder se pudiera perfeccionar en Pablo.

EL MEDIO AMBIENTE

Mateo 8:24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 8:25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!8:26 El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

Satanás también puede manipular el medio ambiente y el clima. En este pasaje vemos que provocó una tormenta. Si el Señor Jesús reprendió los vientos y el mar, era porque  Satanás estaba provocando la tormenta. Satanás no sólo ataca nuestro cuerpo, nuestra conciencia y nuestra mente, sino también nos ataca mediante nuestro medio ambiente y a través de nuestros semejantes. Hay personas que levantan una campaña de difamación contra nosotros sin causa alguna.  Nos molestamos con esas personas, pero no es con ellas el problema, ellas solamente están siendo usadas por el diablo. Lo que tenemos que hacer es reprender al demonio que las está manipulando.

1 Pedro 5:8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 5:9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

Tenemos que velar, estar preparados para los ataques del maligno. Tenemos que resistirlo, no a través de nuestro comportamiento ni a través de nuestro propio esfuerzo, sino a través de la fe en Cristo Jesús.
A Satanás lo resistimos cuando nos sometemos a Dios, y nos sometemos a Dios cuando le creemos, y  obedecemos su palabra.
Un ejemplo lo vemos en Génesis, cuando Dios advirtió a Adán y a Eva, que no comieran del árbol prohibido para que no murieran. Esa es la manera en que El Espíritu Santo usa nuestra conciencia, advirtiéndonos.
Pero luego vino el diablo disfrazado de serpiente y le habló  a Eva, diciéndole que era mentira que morirían, sino que serían iguales a Dios (Génesis 3:5). Eva creyó en las mentiras del diablo y cayó en la trampa e hizo caer a su marido. Si ellos se hubieran sometido a Dios y hubieran obedecido su palabra, esto no habría sucedido. Y no obedecieron la palabra de Dios porque no la creyeron.

LA ARMADURA

Efesios 6:10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 6:11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 6:13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

La palabra de Dios nos invita a fortalecernos en el Señor y en el poder de su fuerza, que es lo mismo que someterse a Dios a través de la fe. En otras palabras, significa confiar en Dios y en su palabra, o sea cobijarse en él.
No tenemos lucha contra sangre y carne sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas, huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. No podemos resistirlos a través de nuestra voluntad ni por nuestro propio esfuerzo sino a través de  Dios. Para ello Dios nos ha dado su armadura:

Efesios 6:13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

La primera pieza de esa armadura es la verdad (Efesios 6:14). La verdad es la palabra de Dios escrita, no es la palabra del hombre. La verdad es que estamos en Cristo y que no hay condenación alguna para nosotros. Mientras estés firme en esta verdad, Satanás no puede acusarte.
Lo segunda pieza de la armadura es la justicia (Efesios 6:14), no la justicia humana (a través de nuestro comportamiento), sino la justicia que es por fe (Romanos 1:17), aquella mediante la cual somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24).
La tercera pieza de la armadura es el evangelio de la paz (Efesios 6:15). Debemos caminar con los zapatos del evangelio dando testimonio de nuestra salvación a todo lugar al que vayamos. Si te avergüenzas del evangelio, si niegas tu posición en Cristo, el diablo te hará daño.
La otra pieza es el escudo de la fe (Efesios 6:16), debes protegerte con la fe en Cristo para que puedas apagar los dardos de duda e incredulidad que vienen de  Satanás.
Las piezas siguientes son el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu (Efesios 6:17). El yelmo sirve para proteger la cabeza. Satanás te atacará con diferentes doctrinas diciéndote que vas a perder la salvación, pero tú debes resistirlo y mantenerte firme en que tu salvación no depende de ti, sino de Cristo y que tú estás en él y por lo tanto eres salvo y esa salvación es eterna.
La espada es la única arma ofensiva y esa espada es la palabra de Dios con la cual puedes contra atacar las mentiras y las tentaciones del diablo. El diablo usa versículos aislados de la palabra de Dios como lo hizo cuando tentó a Jesús (Capítulo 4 de Lucas). Él le dijo a Jesús: “escrito está” y le recitaba un versículo, pero Jesús le contestó “También está escrito” y le mencionaba otros versículos. Si tú no lees la palabra de Dios, Satanás te atacará con falsas doctrinas que se sustentan en versículos aislados y no podrás resistirlo.
Por último, debes orar en todo tiempo (Efesios 6:18), por todos los santos (los que están en Cristo) para que puedan resistir los embates del diablo y al igual que el apóstol Pablo cumplan con su responsabilidad de embajadores del reino de Dios (Efesios 6:19).
Podemos concluir entonces que el diablo nos va a atacar, y que debemos resistirlo. No es evitando esto o aquello o absteniéndose de esto o de aquello, que lo podemos resistir, es enfrentándolo con la palabra de Dios.

Espero que comprendas esta verdad.

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