martes, 15 de marzo de 2016

DE ADÁN A JOSUÉ

LA BIBLIA
DE ADÁN a JOSUÉ
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Hemos preparado una serie de estudios sobre los “hombres más importantes” de la Biblia, sus hechos, y lo que podemos aprender acerca de sus vidas.  La mejor manera de empezar una historia es desde el principio; así es como la Biblia comienza y es allí donde iniciaremos nuestro estudio.
 “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).
Dice el versículo que “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”, dando por un hecho la existencia de Dios. El escritor del Génesis supone que cualquier persona medianamente inteligente debe creer en Dios al ver la obra de sus manos, de tal manera que no es necesario probar su existencia.  
El salmo 19:1 da la razón al decir: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1).

Romanos 1:19-20 Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

No hay excusa nos dice el libro de Romanos, lo invisible se hizo visible, para que a través de las maravillas de Dios, creyéramos en él. Queda claro que no hay que probar la existencia de Dios, porque la creación necesitó de un creador, tanta perfección no se pudo formar de la nada.

Génesis 1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Génesis 1:3 Y dijo Dios: Sea la luz;  y fue la luz.

En el primer día dijo Dios que se hiciera la luz y se separara de las tinieblas. Nótese que el texto dice “dijo Dios”, poniendo de manifiesto el poder creador de la palabra de Dios. La orden divina se cumple y el efecto coincide con el pensamiento y la voluntad de Dios.
La Biblia nos revela el poder que tiene la palabra de Dios, poder con el cual Dios  hizo los cielos y la tierra de lo que no se veía. Esa es la primera enseñanza que podemos adquirir. Que hay poder en la palabra de Dios y que ese poder ha sido transferido al creyente (Marcos 11:23). 
Entonces, el primer día Dios ordenó que se hiciera la luz y creó el día y la noche. En el segundo día, Dios hizo una división, para separar las aguas, dejando unas arriba y otras debajo de la bóveda celeste que llamó cielo. Las aguas que están arriba de esa división son las nubes. En el tercer día, separó la tierra del agua, lo que hace suponer que toda la tierra estaba llena de agua; a la parte de la tierra cubierta de aguas, llamó “mares” y a la parte seca, llamó “tierra”. Durante los siguientes días él creó los cuerpos celestiales y la vegetación y el reino animal, de tal manera que cada especie de animal y planta diera fruto o semilla de su mismo género (vea Génesis 1:4-25). En el día sexto Dios creó al hombre.

ADÁN
Génesis 1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Note que dijo Dios “Hagamos”, en singular, revelándonos desde el principio, que Dios no estaba solo, sino que hay una trinidad divina: el Padre, el hijo y el Espíritu Santo. En Génesis 1:2 dice que el Espíritu de  Dios se movía sobre las aguas en Juan 1:3, la palabra de Dios, hablando de Jesús dice: Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, siempre han  existido y no han sido creados, han existido por siempre, en  compañerismo entre ellos.
Dios hizo al hombre del polvo de la tierra y luego le sopló en  su nariz el espíritu para darle vida (Génesis 2:7). El espíritu es el que da la vida (Juan 6:63).  En esta ocasión no dijo que la tierra produjera al hombre, como lo hizo con los animales, sino que de su propia mano, formó al hombre y  lo hizo a su imagen y semejanza.  Dios dijo en Génesis 1:26hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”, en forma plural y Génesis 1:27 dice “Y creo Dios al hombre a su imagen” en forma singular, no dice a “nuestra imagen”; esto es así, porque Adán fue hecho a la imagen de Jesús, por eso la escritura dice “a su imagen” y no “a sus imágenes”. Y tiene la semejanza interna de Dios porque Dios es espíritu (Juan 4:25) y el hombre también es un espíritu, que tiene un alma y que vive en un cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23). Los otros seres creados solamente tienen cuerpo y alma, no tienen espíritu.
Entonces, el primer hombre de esta historia es “Adán” (Génesis 2:19),  a quien Dios colocó, en el bello jardín del Edén. Y por cuanto no era bueno para Adán estar solo, Dios le mandó un sueño profundo y le quitó una costilla, de la cual hizo a una mujer. Adán la llamó Eva por cuanto ella sería la madre de todos los vivientes (Génesis 3:20).
Dios le dio a la primera pareja la responsabilidad de enseñorear sobre la creación (Génesis 1:28) y les dio una sola prohibición - ellos no podrían comer del árbol de la ciencia del bien y del mal para que no murieran (Génesis 2:17).
Un día, sin embargo, la serpiente antigua que se llama diablo o Satanás (Apocalipsis 12:9), le dijo a Eva que si comía del fruto de ese árbol no moriría, sino que sería igual a Dios. Eva le creyó al diablo, y alargó su mano, comió del fruto prohibido y luego le dio también a su marido.
Así fue el primer pecado del hombre, fue un pecado de incredulidad en la palabra de Dios, que los llevó a desobedecer. Ellos le creyeron al diablo y no a Dios.
Por cuanto ellos pecaron, Dios los echó del Edén;  a la mujer  la castigo con dolores de parto y al varón lo castigo forzándolo a trabajar para traer el sustento a su hogar.

Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Y el pecado trajo la muerte tal y como Dios lo había advertido. Y  así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. A su tiempo, Eva y Adán tuvieron dos hijos: Caín y Abel. Un día Caín tuvo celos de Abel y lo mató. Por su pecado Caín fue desterrado de su gente.
Adán y Eva tuvieron muchos otros hijos (Génesis 5:4) y naturalmente ellos se casaron entre ellos mismos para formar las familias. En esos días los hombres podían vivir muchos años. El hombre más viejo que menciona la Biblia es Matusalén el cual vivió 969 años (Génesis 5:27).
Cuenta el libro del Génesis que los ángeles bajaron a la tierra y tuvieron hijos con las mujeres (Génesis 6:2), procreando los gigantes de la antigüedad. Con la llegada de estos ángeles, la maldad del hombre aumentó a tal punto que Dios decidió enviar un castigo sobre la tierra para acabar con todas las criaturas que había creado, incluyendo al hombre.

NOE
Pero, había un hombre llamado Noé, que halló gracia ante los ojos de Dios (Génesis 6:8), y el Señor decidió salvarlo juntamente con su familia. Este es el segundo personaje de nuestra historia.  Dios le mandó a Noé construir un arca y le dio las especificaciones exactas. Cuando el arca fue terminada Dios le dijo que metiera en ella siete parejas de cada animal limpio y una pareja de cada animal impuro. Cuando todo estaba listo, Noé, su esposa, sus tres hijos Sem, Cam y Jafet y sus esposas, entraron al arca y esperaron ahí siete días. Empezó a llover y las lluvias continuaron por cuarenta días, cubriendo la tierra con un gran diluvio.
Antes de ello, Dios había arrebatado a Enoc, quien era el abuelo de Noé, (Génesis 5:24). Enoc es un símbolo de la iglesia que será arrebatada antes de la gran tribulación, mientras que Noé simboliza a la iglesia que deberá pasar por esa gran tribulación y salir a flote.
El agua estuvo sobre la tierra por 150 días (Génesis 7:24). Por fin, el arca vino a descansar en los montes de Ararat (Génesis 8:4).  Este monte es el más alto de Turquía, con 5165 metros de altura, está localizado en la parte oriental del país, muy cerca de la frontera con Irán y Armenia. Se trata de un volcán inactivo cuya cima se encuentra cubierta de nieve durante todo el año.
Finalmente salieron los ocho del arca, un año y diez días después de que empezó el diluvio. Entonces  Dios prometió que nunca más enviaría un  diluvio sobre la tierra, y como señal de su pacto colocó el arco iris en el cielo (Génesis 9:13).
Después del diluvio, los descendientes de Noé quisieron construir una ciudad con una torre que los llevara al cielo para hacerse un hombre y para evitar ser esparcidos por toda la tierra (Génesis 11:4). Esto no agradó a Dios, por lo que él confundió su lenguaje para que no se pudieran entender entre sí. “Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11:9).
Los hijos de Jafet fueron al norte. La mayoría de las personas de Europa y América son descendientes de Jafet. Los hijos de Cam se establecieron en Canaán y Egipto y otros países en esa región, mientras que los hijos de Sem vinieron a ser los padres de los semitas los cuales incluyen a los judíos.
De Sem descienden Abraham, Isaac y Jacob, llamados los patriarcas, por cuanto son considerados los padres del pueblo judío Abraham es décimo de Sem.

ABRAHAM
Génesis 2:1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  12:2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 12:3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Abraham es nuestro tercer personaje en esta historia. Este señor nació en Ur de los Caldeos, en la parte sur donde hoy queda el país de Iraq. Dios lo escogió para hacer de él su pueblo escogido y le ordenó dejar su tierra e ir a la que él le mostraría, Le prometió hacer de él una nación grande, bendecirlo y bendecir en él a todas las naciones de la tierra. Esto se cumpliría en Jesucristo, descendiente de Abraham, quien bendeciría al mundo al hacer posible la salvación de todo el género humano.
Dios le daría una tierra, la tierra prometida que  Abraham conoció como Canaán y a la cual nosotros llamamos Palestina. En obediencia al divino llamamiento, Abraham dejó Ur de los Caldeos y se estableció en la tierra de Canaán. Génesis 12-25 relata muchos interesantes eventos acerca del viaje de Abraham a esa tierra. Ahí, Lot, su sobrino, lo dejó para ir a  establecerse a la impura ciudad de Sodoma.
Abraham le suplicó a Dios tener misericordia de esa ciudad, para que no la destruyera a causa de la presencia de Lot, pero había tan pocos justos dentro de ella que Dios llevó a cabo su intención de quemarla juntamente con la ciudad de Gomorra. Lot fue liberado, pero su esposa desobedeció a Dios mirando hacia atrás, y por eso fue convertida en estatua de sal.
Como pasaron varios años y el hijo prometido no llegaba, Abraham se procuró un hijo con su esclava Agar; este hijo se llamó Ismael.  Luego le nació Isaac, su segundo hijo, de Sara su esposa  y nació cuando Abraham tenía 100 años y Sara 90. Este fue un hijo según la promesa, porque Sara era estéril y estaba muy mayor para tener hijos, lo mismo que Abraham.
Ismael vino a ser el padre del pueblo árabe, mientras Dios completó su promesa a través de Isaac y sus descendientes. Quizás no haya un ejemplo más grande de fe que aquél cuando Abraham ofreció en sacrificio a Isaac en obediencia al mandamiento de Dios. Cuando Dios vio la fe de este gran hombre de Dios, le detuvo la mano a Abraham y salvó la vida de Isaac. Esta absorbente historia puede leerse en (Génesis 22).
Abraham murió a los 175 años de edad y fue sepultado en la cueva de Macpela al lado de Sara su esposa.

ISAAC
El segundo de los patriarcas y tercero en importancia en nuestro estudio  fue Isaac quien vivió 180 años. Dios le repitió su promesa que antes le había hecho a Abraham, que en su simiente todas las naciones de la tierra serían bendecidas. Isaac se casó con Rebeca su prima, de la cual nacieron gemelos, Jacob y Esaú. Fue a través del más joven de éstos, Jacob, que la promesa de Dios fue cumplida.

JACOB
Nuestro cuarto personaje en importancia es Jacob, el tercer patriarca, a quien Dios le cambió el nombre por  Israel. La expresión "los hijos de Israel" se refiere a todos los descendientes de Jacob. De Esaú, Jacob compró su primogenitura por un plato de lentejas (Génesis 25). El también engañó a su padre para obtener su bendición, la cual pertenecía a su hermano Esaú (Génesis 27). Habiendo así incurrido en la ira de Esaú, huyó a Harán, donde se encontró con Raquel por la cual él trabajó siete años con el fin de hacerla su esposa. Pero su suegro lo engañó y le dio a Lea, la hermana mayor de Raquel. Por eso Jacob se casó con ambas, con Lea y Raquel. Pero tuvo que trabajar otros siete años por Raquel (Génesis 28 y 29). Jacob tuvo doce hijos varones y una hembra llamada Dina. Los hijos de Jacob llegaron a ser las tribus de Israel. Por fin Jacob a su tierra y se reconcilió con su hermano.

JOSÉ
Jacob engañó a su hermano para robarle la primogenitura y luego a su padre para que lo bendijera en lugar de su hermano. Y al final de sus años, el mismo termina siendo engañado por sus propios hijos. Ellos  venden a su hermano José como esclavo a unos mercaderes y le dicen a su padre que un animal lo devoró. Hicieron esto porque estaban celosos por el favoritismo de Jacob hacia José. Luego José fue vendido por los mercaderes a Potifar, capitán de guardia del Faraón de Egipto. Pero a causa de una falsa acusación de violación que le hizo la esposa de Potifar, José terminó en prisión. En la cárcel José le interpretó un sueño al copero del Rey. Años más tarde, el Faraón tuvo un sueño que ningún sabio del reino se lo pudo esclarecer. Entonces el copero del Rey se acordó de José y lo mandaron llamar. José pudo interpretar los sueños del Faraón, pronosticando ese sueño como siete años de abundancia y siete de escasez. Entonces el faraón lo convirtió en Gobernador de Egipto.
José manejó muy bien los asuntos del rey y pudo salvar a Egipto de los años de carestía. Mientras tanto, la escasez llegó a Palestina e hizo que Jacob enviara diez de sus once hijos a Egipto a comprar grano. Ahí ellos encontraron por primera vez en muchos años a su hermano a quien habían vendido a esclavitud. La historia del encuentro de estos hermanos es una de las más conmovedoras que puede leerse. Todos fueron perdonados y José, con la venia del Faraón, los instruyó para que trajeran a su padre y a toda la familia a vivir a Egipto (Génesis 42-46).

Éxodo 1:7 Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron,  y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra 1:8 Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: 1:9 He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. 1:10 Ahora, pues, seamos sabios  para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra.

Pasaron los años y murió José. Los hijos de Jacob se multiplicaron y llegaron a ser más fuertes que los egipcios y el nuevo Faraón que no conoció a José, en vez de continuar favoreciendo a los israelitas, más bien los convirtió en esclavos. Pero el temor del Faraón creció, entonces ordenó echar al río a todos los varones egipcios que nacieran:

Éxodo 1:22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca,  y a toda hija preservad la vida.

MOISÉS

Entonces Dios decidió levantar a un libertador en la persona de Moisés, nuestro sexto personaje en importancia. La historia de Moisés es maravillosa, se cuenta que fue colocado en una canasta sobre el río cuando estaba recién nacido, para que no lo mataran, fue descubierto por la hija del Faraón y criado como un príncipe. Pero dejó la casa real y aceptó el liderazgo de su pueblo para liberarlos de la esclavitud.
Moisés y su hermano, Aarón, quien llegó a ser su vocero, aparecieron ante Faraón para intentar persuadir al rey que les permitiera a los israelitas salir de Egipto. Faraón se negó a ello, y no fue sino hasta que Dios trajo diez plagas sobre la tierra, que él se ablandó, y les permitió salir. La última plaga fue la más terrible de todas, pues todo primogénito de Egipto murió, aún el hijo mayor del Faraón. Por causa de esta última plaga, el pueblo de Israel fue dejado en libertad.

Éxodo 12:37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. 12:38 También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado. 12:39 Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto, pues no había leudado, porque al echarlos fuera los egipcios, no habían tenido tiempo ni para prepararse comida. 12:40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años.

Después de las diez plagas, el Faraón convino en dejarlos salir. 600.000 hombres, más las familias dejaron Egipto. Cuando llegaron al Mar Rojo miraron hacia atrás, y para su sorpresa vieron que el Faraón había enviado su ejército para hacerlos volver a la esclavitud. Viendo su angustia, Dios instruyó a Moisés para que extendiera su mano sobre el mar. Así lo hizo Moisés, y el agua se dividió, e Israel pasó por tierra seca, con agua a ambos lados:

Éxodo 14:21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. 14:22 Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar,  en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 14:23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.

Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. 14:28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno.

De esta manera Dios salvó a los judíos y todos los hombres del ejército egipcio que entraron al mar, perecieron ahogados.
Pablo dice que los judíos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar (1 Corintios 10:2) y esto es de suma importancia. Egipto simboliza a la esclavitud del pecado en que estamos sometidos los hijos de Adán. Los egipcios le creyeron a Dios y siguieron a Moisés, pero allí no llegó su liberación, ésta se dio hasta después de que salieron de las aguas del mar. Y Del otro lado del mar,  una nube comenzó a guiarlos por el desierto, esa nube simboliza a Jesús en la persona del Espíritu Santo.
Eso es lo que tiene que suceder con todos los creyentes. Al creer en Dios no somos liberados del pecado, pero obtenemos el derecho a escapar del mismo, ese es solo el primer paso. Luego de creer, debemos dirigirnos a las aguas y ser sepultados por ellas para salir de las mismas y poder andar en nueva vida.  (Romanos 6:3-5). En esas aguas somos perdonados de todos nuestros pecados y recibimos el Espíritu Santo (Hechos 2:38).
Después de 400 años de esclavitud, los israelitas fueron libres al fin. Por varias semanas marcharon hacia el sureste en el desierto. Durante este período ellos murmuraron contra Moisés por cuánto querían agua y comida. En respuesta, Dios les dio codornices y una clase de pan llamado maná, para satisfacer su hambre (Éxodo 16). Para saciar su sed, Moisés golpeó una roca de la cual salió agua (Éxodo 17). De esta manera nos hallamos con un ejemplo del cuidado que Dios tiene para con sus hijos.
Finalmente, el pueblo llegó al Monte Sinaí, a la parte sur de la Península del Sinaí. Moisés subió al monte para recibir de parte de Dios, la ley, la cual guiaría a Israel hasta la muerte de Cristo. Dios le dio a Moisés dos tablas de piedra, en las cuales él escribió, con su propia mano, los diez mandamientos. Cuarenta días después que Moisés había subido a la montaña, descendió y descubrió que su hermano Aarón, por insistencia del pueblo, había hecho un becerro de oro para que el pueblo lo adorara. Este es un pueblo que regresó a la idolatría sólo a unas pocas semanas después que Dios lo había salvado de la esclavitud. Tan enojado se puso Moisés que   quebró  las tablas de piedra, y obligó al pueblo a beberse el agua en la que ellos habían fundido el becerro de oro. Tres mil israelitas fueron muertos ese día por su idolatría.
Una vez más, Moisés subió al Monte Sinaí para comunicarse con Jehová por otros cuarenta días. Se renovaron las tablas de piedra; y porciones adicionales de la ley de Dios fueron reveladas a Moisés. A su regreso Moisés comunicó al pueblo esta ley que nosotros conocemos como La Ley de Moisés.
La ley de Moisés fue dada para gobernar a Israel durante 1500 años, desde su proclamación hasta la muerte de Jesucristo. Este período es conocido como la Edad Mosaica. La edad antes de Moisés se conoce como la Edad Patriarcal. La que sigue después de la muerte de Cristo, en la cual estamos nosotros, es la Edad de la gracia.
La ley, la cual es relatada en porciones de Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, cubre virtualmente cada fase de la vida de los israelitas. Esta ley tenía regulaciones civiles, penales y judiciales. Gobernó las actividades religiosas de los sacerdotes y del pueblo, y estableció las regulaciones morales, por las cuales debían regirse.
El fundamento de la ley entera de Moisés fueron los diez mandamientos. Los primeros cuatro  tratan de  las obligaciones del hombre para con Dios y los otros seis preceptos, tratan de las obligaciones del hombre para con su prójimo (Vea Éxodo 20)
Como la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23) y el hombre no podía dejar de pecar, porque un espíritu de pecado había sido sembrado en él y lo hacía cometer pecados, entonces Dios ordenó a Moisés que construyera un tabernáculo, una pequeña tienda portátil, para ser empleada como lugar de adoración durante su vida en el desierto. Tenía dos partes: el lugar santo y el lugar santísimo.

Hebreos 9:6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; 9:7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.

En el lugar santo, solamente los sacerdotes podían entrar a ofrecer culto. Y al lugar santísimo, solamente el sumo sacerdote entraba una vez al año, el día de expiación para encontrarse con Dios y solicitarle el perdón de sus pecados y de todo el pueblo. No sin sangre, o sea que tenía que sacrificar un animal para que muriera en lugar de los pecadores. El primer sumo sacerdote fue Aarón, el hermano de Moisés.
Cuando llegaron a los límites de la tierra prometida, Moisés envió doce espías para que averiguaran si los habitantes de esa tierra, a los que habían de despojar, eran poderosos. Los doce espías reportaron que era una tierra que fluía leche y miel, pero que habían gigantes en esa tierra, y que era poco aconsejable tratar de conquistarla. Solamente Josué y Caleb dieron un pequeño reporte, urgiendo a la gente a creer que Dios les ayudaría a conquistar esta tierra. Allí hay gigantes, pero “nosotros tenemos a Dios, el mata gigantes” dijeron ellos:
 “Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!” (Números 14:2). 
 “Lo que han dicho, eso tendrán, todos morirán en el desierto, excepto Josué y Caleb que si creyeron en mí”, dijo Jehová (Números 14:28-31) y los dejó vagando por el desierto por cuarenta años, hasta que murió el último de ellos. La incredulidad les impidió ver la tierra prometida y el desierto se convirtió en un enorme cementerio.
Moisés tampoco ingresó a la tierra prometida, porque golpeó la roca en vez de hablarle como había mandado Dios, y al proceder así lo hizo para gloria personal, asumiendo crédito por el milagro del agua que brotó de la roca. Por esto no pudo entrar a la tierra prometida.
Dios permitió a Moisés subir  al Monte Nebo para contemplar la tierra prometida, pero luego le quitó la vida. Acabada su misión, murió a la edad de 120 años, y fue sepultado por el Señor.

JOSUÉ

Josué 1:1 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: 1:2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.1:3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

Muerto Moisés, Dios le ordenó a Josué tomar el mando e ir a  conquistar la tierra prometida. Irían con él todos los varones nacidos en el desierto durante aquellos cuarenta años y que estuvieran aptos para la guerra. Josué terminó lo que Moisés inicio pero que no pudo llevar a un final feliz: la conquista de la tierra prometida.

Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra (Josué 11:23).

La tierra prometida había sido conquistada y liberada de todos los enemigos. Después de muchas guerras para la conquista, vino la paz por muchos años, porque los enemigos de Israel tenían temor del Dios de los judíos.


Josué 24:29 Después de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. 24:30 Y le sepultaron en su heredad en Timnat-sera, que está en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas. 24:31 Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel.

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