jueves, 17 de marzo de 2016

LA LEY DE VIDA

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Casi todos hemos oído hablar de la ley de Dios. Sin embargo son muy pocos los que han oído hablar de la ley del pecado  y de la  muerte, y son menos los que han oído hablar de la ley de vida en Cristo Jesús. Debido a ello, muchos siguen viviendo en esclavitud y bajo condenación.

Romanos 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 7:23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

En al anterior pasaje de la Biblia, el apóstol Pablo se pone en tercera persona y en tiempo presente para explicarnos lo que sucede con los creyentes que no están en Cristo Jesús.
Vemos claramente, que ellos quieren someterse a la ley de Dios pero se les hace imposible, porque hay una ley en sus miembros que se rebela contra la ley de sus mentes y que les impide someterse a la ley de Dios.
Observe detenidamente para que note que en ese pasaje se mencionan tres leyes: la ley de Dios, la ley en los miembros y la ley en la mente.
La ley de Dios es  la ley de Moisés, más todas los mandamientos que se encuentran en la Biblia.
La ley en sus miembros es la ley del pecado, la misma escritura lo dice. Y la ley en sus mentes es la ley de la conciencia. Es la que nos dice que debemos obedecer a Dios, pero esa ley no tiene el poder para vencer a la ley del pecado.
¿Qué es una ley? De acuerdo con el diccionario una ley es “una norma dictada por una autoridad superior para regular las relaciones humanas”.
Existen muchas leyes dictadas por los hombres, pero también existe una ley dictada por Dios, que es la ley de Dios.
Pero una ley es también “un suceso sobrenatural que se da manera constante”, sin que el hombre pueda hacer nada al respecto. Ejemplo de ello es la ley de la gravedad. Esta ley hace que “todas las cosas caigan al suelo” en el momento en que las soltamos y no podemos hacer nada para evitarlo. Usted puede sostener un objeto de 5 kilos por un rato y vencer así la ley de la gravedad. Pero pasados unos minutos su brazo se va a cansar y tendrás que dejar que el objeto caiga. La ley de la gravedad siempre terminará venciendo.

LA LEY DEL PECADO

Así como hay una ley de la gravedad, también hay otras leyes sobrenaturales, una de esas leyes  es la ley del pecado. Esta ley tiene la particularidad que opera directamente en el hombre, haciendo que el desobedezca a Dios y a su conciencia.
Esta ley hace que el hombre peque de manera constante y sin esfuerzo alguno e incluso contra su voluntad. El hombre peca por culpa de esa ley, es algo que no puede evitar, como tampoco puede evitar que las cosas caigan al suelo cuando las suelta por culpa de la ley de la gravedad.
No hay ningún hombre que haya podido vencer la ley del pecado, excepto Jesucristo. Pero Él lo pudo hacer porque tenía el Espíritu Santo morando dentro de sí.

Romanos 7:17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

En el momento que Adán comió del fruto prohibido, un espíritu de pecado entro en él.  Por eso la escritura dice: “no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mi”. No debemos confundir “pecado” con “pecados”. El pecado que mora en el hombre es lo que lo hace cometer pecados. El pecado es una ley que se encuentra dentro del hombre. Como es una ley, el hombre siempre peca.
Ahora, Dios dictó su ley, mediante la cual tipificó los pecados y estableció que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23. Debido a ello, a la ley del pecado, también se le llama la ley del pecado y de la muerte porque por culpa del pecado somos condenados a muerte.

Romanos 7:7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 7:8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

La ley de Dios no es pecado, pero si la ley de Dios no dijera por ejemplo que “codiciar” es pecado, entonces al codiciar no cometeríamos pecados, pero Dios estableció a través de su Ley que codiciar es pecado y al codiciar pecamos e infringimos la ley de Dios.  Si no hubiera ley, no habría castigo por el pecado.

Romanos 5:13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.

Antes de la ley había pecado, pero como no había ley, nadie era inculpado de pecado. Así sucede con las leyes de los hombres. Por ejemplo, la ley de narcotráfico es reciente. Hace unos años nadie era acusado de narcotráfico porque no existía esa ley.

ANALOGIA CON EL MATRIMONIO

Romanos 7:1 ¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? 7:2 Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. 7:3 Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón,  será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera. 7:4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

EL apóstol Pablo nos hace una analogía o comparación entre la ley y el matrimonio. Dice que de acuerdo con la ley, la mujer está sujeta al marido mientras el marido esté vivo. Si  estando el marido vive, se separa para unirse a otro es una adúltera. De acuerdo con la ley, la única forma de que la mujer quede libre del marido es que su marido muera.
Pues bien, para Dios, al igual que la mujer casada, nosotros estamos sujetos a la ley de Dios y debemos cumplirla hasta que la ley muera. Pero, como la ley de Dios es eterna, no tendríamos ninguna esperanza de liberarnos de ella, excepto que seamos nosotros los que muramos.
Para ilustrarlo, suponga que usted comete un delito, entonces la policía viene y lo arresta para que un juez le aplique todo el peso de la ley ¿Pero qué sucede si usted se suicida antes de que lo arresten? Queda libre de la ley porque ningún juez ha condenado jamás a un muerto. Así es como Dios resolvió el asunto, haciendo que fuésemos nosotros los que muriéramos para su ley:

MUERTOS EN CRISTO

Romanos 6:6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 6:7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

Para los efectos de Dios,  a través del bautismo somos sepultados con Cristo En el bautismo le damos muerte al viejo hombre nacido de Adán y la ley de Dios no puede condenarnos porque hemos muerto para la ley y el que ha muerto para la ley ha sido justificado del pecado.
Aquel hombre que se lamenta que no puede cumplir con la ley de Dios, porque hay una ley en sus miembros que lo hace pecar ha dejado de existir.
Pero en el bautismo no solamente se le da muerte al viejo hombre, sino que se le da vida a la nueva criatura en Cristo Jesús:

2 Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

La palabra de Dios enseña que  Cristo es la cabeza del cuerpo que es la iglesia (Colosenses 1:18). Cuando nos bautizamos somos añadidos a la iglesia (Hechos 2:41) que es el cuerpo de Cristo. Al estar en Cristo podemos sentirnos tranquilos, porque no hay ninguna condenación para el que está en Cristo Jesús.
Hasta aquí Dios ha resuelto el problema de nuestra condenación. La preocupación ahora no es la condenación, la preocupación es que no queremos seguir pecando. Lo cierto es que tampoco debemos preocuparse por eso, porque Dios también resolvió ese problema a través de la ley de vida.




LA LEY DE VIDA

Romanos Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 8:3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.

Lo primero que hizo Dios fue acabar con la fábrica de pecados. Cristo condenó al pecado, lo dejó sin efecto, con ello anuló la ley del pecado y de la muerte, porque era el pecado el que la producía.
Y puso una nueva ley sobrenatural en lo que están en Cristo. Esa nueva ley es la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Como su nombre lo dice, es exclusivamente para los que están en Cristo Jesús. Esa ley comienza a operar en nosotros en el momento mismo que emergemos de las aguas del bautismo.
Así como hay una ley para el que no está en Cristo que lo hace pecar de manera espontánea, hay una ley para el que está en Cristo que hace que deje de pecar también de manera espontánea y sin esfuerzo alguno.
Así como la ley del pecado nos hacía pecar y nos condenaba a muerte, la ley de vida nos da vida eterna y nos libra de pecar:

Ezequiel 36:25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 36:26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Cuando nos bautizamos, somos limpiados de todas nuestras inmundicias. Pero además Dios cambia nuestro corazón y nuestro espíritu y pone su espíritu dentro de nuestro espíritu, para que podamos servir a Dios.
No eres tú el que deja de pecar, no eres tú el que puede vencer el pecado y la tentación, es obra del Espíritu Santo que llega a morar en tu corazón. Así que si vas a gloriarte, gloríate en el Señor.
La ley de vida no está en nosotros para regularnos y decirnos cómo comportarnos,  su función principal es liberarnos de la ley del pecado y de la muerte  y conformarnos a la imagen de Cristo (Romanos 8:29) para que podamos expresar a Dios y todo lo que Él es en nuestra vida cotidiana.
Cuando no estábamos en  Cristo, no había manera de ser liberados de la ley del pecado, en cuanto más nos esforzábamos por no pecar, más activa se volvía la ley del pecado. Pero ahora que estamos en Cristo, la ley de vida nos libera de pecar. Cada día pecamos menos, es un proceso maravilloso que el Espíritu Santo lleva a cabo en nosotros.
Una función de la ley de vida es dar fin a las cosas negativas y la otra función es conformarnos a la imagen de Cristo, quien es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15).
La ley de vida espontáneamente trabaja en nosotros, impartiendo los elementos de Cristo. Esta operación nos transformará a su imagen y así el  deseo de Dios se cumple por la ley de vida.
Esta ley produce en nosotros todo lo que Dios desea. Dios no es solamente nuestro Dios, sino también nuestro Padre. El desea ser nuestro Dios según la ley de vida.
Por otra parte, nosotros no somos solamente criaturas de Dios, sino también Sus hijos. Por lo tanto, El desea que seamos Su pueblo, conforme a la ley de vida. El no sólo desea ser nuestro Dios según la ley externa de la letra, sino también nuestro Padre, conforme a la ley de vida en nuestro interior.
La observancia de la ley externa de la letra no puede satisfacer el deseo de Dios. Podemos agradarlo solamente si vivimos de acuerdo con la ley de vida en nuestro interior. El no sólo desea que seamos Sus criaturas, carentes de Su vida, sino que también seamos Sus hijos, aquellos que poseen Su vida. Así que, Dios quiere que seamos Su pueblo, conforme a la ley de vida, o sea, que vivamos conforme a la ley de vida en nuestro interior y no según la ley externa de la letra.

La relación que exista entre Dios y nosotros debe ser una relación en la ley de vida. La letra de la ley sólo trae la muerte, pero la ley de vida trae la vida, y solamente ésta puede satisfacer el deseo divino.

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